A sólo dos días del balotaje presidencial en Brasil, el actual mandatario Luiz Inácio Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores (PT), y el senador opositor Flávio Bolsonaro, del Partido Liberal (PL), se enfrentan con dos modelos diferentes para el futuro energético del país.
La expansión de las renovables, las inversiones en transmisión eléctrica, el almacenamiento con baterías y el papel de las empresas estatales aparecen entre los principales puntos de contraste.
Lula, referente de la izquierda brasileña que busca un cuarto mandato presidencial no consecutivo, propone continuar las subastas de transmisión, ampliar las inversiones en almacenamiento y fortalecer a Petrobras como instrumento de política energética e industrial.
En cambio, Bolsonaro, representante de la derecha e hijo del expresidente Jair Bolsonaro, apuesta por modernizar las redes eléctricas, implementar baterías a gran escala y atraer capital privado mediante concesiones, estabilidad regulatoria y menores cargas fiscales.
En términos cuantitativos, el oficialismo destaca 31.289 MW incorporados al sistema eléctrico, con un 80% de fuentes renovables, y 21.847 kilómetros de líneas de transmisión contratadas, que permitirán ampliar un 18% la red nacional.
Por su parte, el programa opositor plantea expandir la infraestructura energética, aunque sin establecer nuevas metas específicas de capacidad instalada, kilómetros de tendidos eléctricos o almacenamiento en baterías.
La disputa se definirá el próximo domingo 25 de octubre, después de una primera vuelta en la que Flávio Bolsonaro obtuvo el 47,03% de los votos válidos, frente al 45,16% de Lula da Silva. La diferencia fue de 1,87 puntos porcentuales y 2.227.651 votos, según los resultados del Tribunal Superior Electoral (TSE).
Con una abstención del 21,08%, equivalente a más de 33 millones de electores, ambos candidatos llegan a la última etapa de la campaña con propuestas que también definirán las condiciones de inversión y contratación de infraestructura en uno de los principales mercados energéticos de América Latina.
Ambos programas coinciden en promover la generación solar y eólica, a la par de los sistemas BESS, pero la principal diferencia entre ambos programas radica en los instrumentos previstos para financiar, contratar y ejecutar los proyectos a partir de 2027.
¿Por qué? Mientras el PT vincula la transición energética con la planificación pública, las licitaciones y el desarrollo de la industria nacional, el PL prioriza la iniciativa privada, la apertura de mercado y la reducción de impuestos y subsidios.
Asimismo, el oficialismo plantea abrir una nueva frontera de inversiones en baterías, con el propósito de gestionar la variabilidad de las fuentes renovables y fortalecer la seguridad del suministro. Este desarrollo se vincula con una estrategia industrial que también comprende hidrógeno de bajas emisiones, petroquímica verde y componentes tecnológicos.
Por su parte, Flávio Bolsonaro busca expandir las fuentes renovables mediante inversiones privadas y mejoras en la infraestructura de evacuación de energía. El programa reconoce la disponibilidad de electricidad limpia como un “factor para atraer industrias y nuevos proyectos tecnológicos”.
No obstante, en lugar de establecer un programa de subastas eléctricas con fechas y volúmenes definidos, la candidatura del PL plantea utilizar concesiones y asociaciones público-privadas para movilizar capital hacia proyectos de infraestructura.
Este enfoque se complementa con estabilidad contractual, menor intervención estatal y reformas regulatorias destinadas a facilitar la participación de nuevos operadores.
En ese sentido, Bolsonaro plantea transformar a Brasil en un polo global de centros de datos sostenibles, vinculando la expansión eléctrica con la radicación de infraestructura digital, como también del procesamiento nacional de minerales críticos, como litio, niobio, grafito, níquel, cobre y tierras raras, utilizados en baterías, vehículos eléctricos y aerogeneradores.
El programa establece como horizonte 2030 para “posicionar a Brasil entre los principales destinos internacionales de inversión en transición energética”.
Petrobras, tarifas y biocombustibles: los otros puntos de disputa
La participación de las empresas estatales constituye otra de las grandes diferencias entre ambos candidatos presidenciales-
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Por caso, Lula prevé “fortalecer a Petrobras y ampliar su presencia en exploración, refinación, gas natural y distribución de combustibles”, incluyendo un aumento de exploración terrestre y marítima, revitalización de campos maduros y recuperación de participación en el control de reservas nacionales.
Incluso, entre las medidas aparece el regreso de Petrobras a la distribución de combustibles, junto con mayores inversiones en refinación y el fortalecimiento de Transpetro en la logística de gas natural licuado.
Asimismo, propone mantener cláusulas de contenido local en las contrataciones para estimular la industria naval, petroquímica y la fabricación nacional de fertilizantes.
Por el contrario, Bolsonaro plantea una menor participación empresarial directa del Estado, reforzando la Ley de Empresas Estatales de 2016 y los mecanismos profesionales de selección de directivos.
Su propuesta contempla reactivar el Programa Nacional de Desestatización para evaluar la venta de activos públicos, junto con medidas destinadas a garantizar la competencia y la estabilidad regulatoria.
En petróleo y gas, el candidato propone ampliar la capacidad de refinación, desarrollar infraestructura de transporte del gas del presal y autorizar la exploración de recursos no convencionales mediante fracturación hidráulica, sujeta a las normas ambientales.
Las tarifas también exhiben diferencias. Bolsonaro propone reducir gradualmente la Cuenta de Desarrollo Energético (CDE), racionalizar subsidios cruzados y disminuir impuestos sobre electricidad y combustibles, manteniendo la tarifa social para consumidores vulnerables.
El programa busca simplificar la factura eléctrica mediante cambios en los cargos y subsidios que integran su composición, aunque no cuantifica los ahorros esperados para los consumidores.
Lula, en cambio, plantea debatir mecanismos de reducción de costos para consumidores residenciales e industriales, preservando el equilibrio económico y financiero del sector.
Además, mantiene los programas Luz do Povo y Luz para Todos. El primero contempla la gratuidad del consumo de hasta 80 kWh mensuales para familias beneficiarias del Cadastro Único, con un alcance declarado superior a 60 millones de personas.
En biocombustibles, ambos candidatos coinciden en la expansión del etanol, biodiésel, biogás y combustibles sostenibles de aviación, aunque presentan diferentes instrumentos para impulsar su comercialización.
Bolsonaro propone fortalecer RenovaBio y ampliar su articulación con mercados internacionales de carbono, además de ofrecer líneas especiales de financiación para empresas de biogás y promover la Ley del Combustible del Futuro.
La iniciativa contempla incentivos para diésel renovable y combustibles sostenibles de aviación, cuyas obligaciones regulatorias comenzarán a implementarse a partir de 2027.
Lula, por su parte, plantea profundizar RenovaBio, incentivar biocombustibles de segunda y tercera generación y desarrollar nuevas biorrefinerías. El programa también incorpora el biometano y la electrificación del transporte público.
Dentro de la agenda brasileña figuran las mezclas de 32% de etanol en gasolina y 15% de biodiésel en diésel, además del desarrollo de ocho plantas de etanol de segunda generación y dos biorrefinerías de combustible sostenible de aviación, según la documentación complementaria analizada.
El oficialismo también vincula esta industria con objetivos climáticos, incluida la reducción de entre un 59% y un 67% de las emisiones netas de gases de efecto invernadero para 2035, respecto de 2005, conforme a los compromisos nacionales presentados ante Naciones Unidas.
De esta manera, las condiciones de inversión, las subastas de transmisión, el almacenamiento energético, la estructura tarifaria y el papel de Petrobras aparecen como algunos de los principales puntos que distinguen las propuestas para el período 2027-2030.
A días del balotaje, ambos candidatos coinciden en la necesidad de ampliar la infraestructura y aprovechar los recursos renovables del país, pero presentan mecanismos diferentes para desarrollar los proyectos y definir la participación pública y privada en el sector energético brasileño.









