Electrificación, mercados de carbono, hidrógeno verde, nuevas alianzas energéticas e inversiones millonarias. Durante una semana de conferencias, reuniones y debates en Bruselas, esos temas fueron la moneda corriente en conversaciones con funcionarios, reguladores, empresas y expertos europeos. Detrás de cada intercambio emergía una misma idea: la Unión Europea está redefiniendo su estrategia energética para una nueva etapa marcada por la seguridad de suministro, la competitividad industrial y la búsqueda de socios estratégicos más allá de sus fronteras.
Esas fueron algunas de las señales que atravesaron una semana de reuniones en Bruselas, donde Energía Estratégica participó del programa EU Climate Dialogues 2 (EUCDs2) junto a periodistas especializados de América Latina y el Caribe.
La iniciativa, impulsada por la Unión Europea junto a GIZ y desarrollada en cooperación con OLACDE, coincidió con la celebración de la European Sustainable Energy Week (EUSEW), el principal encuentro energético anual del bloque. Entre reuniones en la Comisión Europea, debates en el Parlamento Europeo, paneles técnicos, encuentros con organismos multilaterales y una visita a Amberes, fue posible observar cómo Europa comienza a redefinir algunas de las bases sobre las que construirá su transición energética durante la próxima década.
A lo largo de los distintos encuentros quedó claro que las crisis derivadas de la invasión rusa a Ucrania y de la inestabilidad en Medio Oriente modificaron profundamente las prioridades energéticas del bloque. La reducción de emisiones sigue siendo un objetivo central, pero ahora comparte protagonismo con otros conceptos que aparecieron de forma recurrente durante toda la semana: seguridad energética, resiliencia industrial, competitividad y autonomía estratégica.

La nueva prioridad: producir más tecnología en Europa
Ese cambio de enfoque estuvo presente en buena parte de los debates de la European Sustainable Energy Week (EUSEW), que este año reunió a responsables políticos, reguladores, empresas, centros de investigación, bancos de desarrollo y organizaciones internacionales para analizar el futuro del sistema energético europeo.
Uno de los intercambios que mejor reflejó esa nueva visión se produjo durante un panel dedicado a REPowerEU, el plan con el que la Unión Europea busca reducir su dependencia de los combustibles fósiles importados y reforzar su autonomía energética.
Allí, Martin Vladimirov, director de los programas de Energía y Clima y Geoeconomía del Center for the Study of Democracy, advirtió que Europa ya comenzó a perder terreno en una industria donde históricamente había sido líder: “En eólica teníamos una ventaja como europeos, y digo teníamos porque ya la estamos perdiendo. Necesitamos incentivar la fabricación de estas cadenas de suministro aquí en Europa”.
El especialista cuestionó además la creciente dependencia de tecnologías importadas desde Asia y sostuvo que muchos proyectos de almacenamiento financiados con fondos europeos terminan impulsando excedentes industriales chinos. En ese contexto, defendió la necesidad de fortalecer la producción local y profundizar la cooperación con regiones consideradas estratégicas.
Según explicó, Europa necesita elevar su nivel industrial y trabajar con socios de su entorno, entre ellos el norte de África y América Latina.
La reflexión resumió buena parte del espíritu que dominó las conversaciones de la jornada. La UE busca reforzar su capacidad industrial y energética, pero entiende que la transición no podrá construirse de manera aislada.
A lo largo de la semana, la agenda organizada por EUCDs2 permitió acceder a las principales áreas involucradas en la transformación energética europea.
Las actividades incluyeron reuniones con representantes de DG ENER, DG CLIMA, DG GROW y DG MOVE, responsables de las políticas de energía, acción climática, industria y transporte de la Comisión Europea.
También hubo encuentros en el Parlamento Europeo, sesiones sobre integración energética regional, hidrógeno verde y mercados de carbono, además de espacios dedicados a la estrategia de inversiones Global Gateway y al programa de cooperación Euroclima.
A pesar de la diversidad de temas, prácticamente todas las conversaciones giraron alrededor de una misma pregunta: cómo acelerar la transición energética sin comprometer la competitividad económica del bloque.
Las respuestas comenzaron a tomar forma a través de varios anuncios que marcarán la agenda energética europea en los próximos meses.
La electrificación será el gran eje de la próxima década
Entre las definiciones que más interés despertaron durante las reuniones con funcionarios europeos apareció la futura hoja de ruta de electrificación que la Comisión Europea presentará durante julio.
Funcionarios europeos adelantaron que la iniciativa buscará acelerar el uso de electricidad en distintos sectores de la economía y aumentar la participación de las energías renovables en el consumo final.
La propuesta busca acompañar la expansión de la movilidad eléctrica, los centros de datos, las bombas de calor y nuevas industrias vinculadas a la transición energética.
Detrás de esa estrategia hay una convicción cada vez más extendida en Bruselas: electrificar significa reducir la dependencia de combustibles fósiles importados, aprovechar mejor la generación renovable y fortalecer la seguridad energética.
La discusión también pone el foco sobre la infraestructura. La red europea es una de las más interconectadas del mundo, pero requiere inversiones significativas para responder a una demanda creciente y a un sistema cada vez más electrificado.
Otro de los anuncios que surgieron durante la semana estuvo vinculado al futuro del sistema europeo de comercio de emisiones.
Representantes de la Comisión confirmaron que a mediados de julio comenzará una nueva etapa de discusión sobre el Sistema de Comercio de Derechos de Emisión de la UE (ETS), uno de los instrumentos centrales de la política climática comunitaria.
La revisión forma parte del camino hacia el objetivo de reducción del 90% de las emisiones para 2040 y permitirá comenzar a delinear el marco regulatorio posterior a 2030.
La discusión resulta especialmente relevante para América Latina, donde varios países avanzan en mecanismos similares. Brasil trabaja en el desarrollo de su sistema nacional de comercio de emisiones, mientras que Chile, Colombia y México continúan fortaleciendo distintas herramientas de precio al carbono.
Todo indica que estos instrumentos seguirán ganando protagonismo en los próximos años.
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T-MED: una nueva alianza energética regional
La EUSEW también fue el escenario elegido para presentar T-MED (Trans-Mediterranean Renewable Energy and Clean Tech Cooperation).
La iniciativa busca fortalecer la cooperación energética entre Europa y los países del norte de África mediante inversiones en energías renovables, infraestructura y tecnologías limpias.
El programa contempla más de EUR 5.000 millones en garantías y apunta a movilizar hasta EUR 25.000 millones en inversiones, además de incorporar alrededor de 15 GW de nueva capacidad renovable hacia 2035.
Más allá de las cifras, el anuncio reflejó una tendencia cada vez más visible en la política energética europea: la construcción de alianzas regionales capaces de reforzar la seguridad energética y acelerar el desarrollo industrial.
Ese mismo enfoque aparece en la relación con América Latina.
Global Gateway y el creciente interés por la región
La estrategia Global Gateway ocupó un lugar central en varias de las reuniones mantenidas durante la semana.
Representantes de la iniciativa explicaron que ya existen 24 proyectos energéticos estratégicos identificados en América Latina y el Caribe, vinculados a interconexión eléctrica, transmisión, almacenamiento, energías renovables e hidrógeno verde.
La meta es movilizar hasta EUR 45.000 millones en la región hacia 2027.
El interés europeo por América Latina tampoco se limita a la energía. Durante varios encuentros surgió la expectativa en torno al futuro del acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur, considerado por distintos actores como una herramienta clave para fortalecer el comercio, diversificar cadenas de suministro y profundizar los vínculos económicos entre ambas regiones en un contexto marcado por las tensiones geopolíticas y la competencia global por tecnologías estratégicas.
Detrás de esos números existe una apuesta más amplia: fortalecer la integración energética regional y desarrollar proyectos capaces de atraer inversión privada a gran escala.
Interconexiones como Colombia-Panamá, Bolivia-Brasil o Chile-Perú fueron mencionadas como ejemplos de una agenda orientada a construir sistemas energéticos más resilientes y mejor conectados.
El hidrógeno verde mantiene un lugar privilegiado
Más allá de las diferencias entre las agendas de industria, transporte, financiamiento o integración regional, hubo un tema que apareció de forma recurrente durante toda la semana: el hidrógeno verde.
A diferencia de años anteriores, donde la conversación se concentraba en el potencial de la tecnología, hoy el foco está puesto en cómo convertir los proyectos en mercados concretos.
La producción de fertilizantes, el acero verde, los combustibles sostenibles para la aviación y el transporte marítimo aparecieron como algunos de los sectores donde el hidrógeno tendrá un papel determinante.

Y en ese escenario, América Latina ocupa una posición destacada.
Argentina, Chile y Brasil fueron mencionados repetidamente en distintas conversaciones relacionadas con el desarrollo de la economía del hidrógeno. La calidad de sus recursos renovables, la disponibilidad de territorio y su potencial exportador siguen posicionando a la región como una de las principales candidatas para integrarse a las futuras cadenas globales de suministro.
Al mismo tiempo, los especialistas reconocen que aún quedan desafíos importantes vinculados a la regulación, la demanda y la reducción de costos.
La agenda concluyó en Amberes, uno de los principales nodos logísticos de Europa, donde se realizó una visita a las instalaciones de CMB.Tech permitió observar cómo varias de las tecnologías discutidas durante la semana comienzan a trasladarse al plano industrial.
La empresa desarrolla aplicaciones de hidrógeno para transporte y logística portuaria, un ejemplo concreto de cómo Europa busca avanzar en la descarbonización de sectores difíciles de electrificar.
La recorrida funcionó también como una síntesis de todo lo discutido en Bruselas: la transición energética ya no se mide únicamente en objetivos climáticos o capacidad renovable instalada. Cada vez más, la discusión pasa por infraestructura, cadenas industriales, innovación tecnológica y capacidad de ejecución.
Un debate que continuará en República Dominicana
Mientras Bruselas cerraba una nueva edición de la EUSEW, muchas de las conversaciones que dominaron la agenda europea comienzan a proyectarse hacia América Latina.
La electrificación, los mercados de carbono, el hidrógeno verde, las interconexiones regionales y las nuevas cadenas de valor energéticas estarán presentes también en la próxima Semana de la Energía de OLACDE, que reunirá en República Dominicana a gobiernos, empresas, organismos multilaterales y especialistas de toda la región.
La diferencia es que América Latina ya no aparece solamente como observadora de esos debates.
Desde la agenda desarrollada en Bélgica, Energía Estratégica pudo constatar que Europa mira cada vez con más atención a la región como socio estratégico para la próxima etapa de la transición energética. No solo por sus recursos naturales, sino también por su capacidad para integrarse a nuevas cadenas industriales vinculadas a las energías renovables, el hidrógeno verde, los combustibles limpios y los minerales críticos.
Al finalizar la semana, una idea aparecía con claridad en buena parte de las conversaciones mantenidas en Bruselas: mientras Europa redefine su estrategia energética tras dos crisis geopolíticas que cambiaron las reglas del juego, América Latina comienza a ocupar un lugar cada vez más relevante dentro de esa visión.
La región ya no es vista únicamente como proveedora de recursos naturales o energía renovable. Cada vez más, aparece como un socio estratégico para el desarrollo de nuevas cadenas industriales vinculadas al hidrógeno verde, los combustibles limpios, la electrificación y los minerales críticos que demandará la transición energética global.

