En diálogo con Energía Estratégica, Julio Díaz Cohen, Senior Director y Chief Risk Officer (CRO) para Negocios Internacionales en AES, advirtió que el Super Niño 2026-2027 podría convertirse en uno de los eventos climáticos más intensos de la historia reciente y llamó a los países de América Latina a prepararse desde ahora para reducir su impacto sobre los sistemas energéticos.
"Las condiciones de El Niño ya están presentes desde junio. Y los pronósticos actuales sugieren que podría ubicarse entre los eventos más intensos de toda la historia, si no el más fuerte", afirmó.
La advertencia coincide con los últimos pronósticos de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), que indican una alta probabilidad de que el fenómeno alcance una intensidad muy fuerte durante la segunda mitad de 2026 y se extienda hasta los primeros meses de 2027, con características similares a los años 1997-1998 y 2015-2016.
La principal vulnerabilidad de América Latina y el Caribe radica en la fuerte participación de la hidroelectricidad en la matriz eléctrica. Según recordó el secretario ejecutivo de la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (OLADE), Andrés Rebolledo, durante el webinar "El Niño 2026-2027: monitoreo, pronóstico e impactos esperados en el sector energético de LAC", esta fuente representa entre el 43% y el 45% de la generación eléctrica regional.

Por esa razón, un déficit prolongado de precipitaciones podría traducirse en una menor disponibilidad de generación hidroeléctrica, menor margen de reserva, mayores costos operativos y una creciente necesidad de recurrir al respaldo térmico.
Sin embargo, Díaz Cohen aclaró que la intensidad global del fenómeno no significa que todos los países vayan a enfrentar los mismos impactos. “El Niño es un fenómeno climático global, pero sus efectos dependen de las condiciones de cada región: la hidrología, los patrones de lluvia, la matriz energética, las reservas disponibles y la capacidad de respuesta de los sistemas eléctricos”, señaló.
Las proyecciones de los organismos meteorológicos muestran precisamente ese comportamiento dispar. De acuerdo con el análisis presentado durante el webinar de OLACDE, Centroamérica enfrentaría sequías severas y una finalización anticipada de la temporada lluviosa, comprometiendo la generación hidroeléctrica, aunque con mejores condiciones para la energía eólica gracias al fortalecimiento de los vientos alisios. En el Caribe, el principal desafío sería las olas de calor, que elevarían la demanda de electricidad para climatización y reducirían la eficiencia de centrales térmicas y sistemas fotovoltaicos. Mientras tanto, Colombia, Ecuador y Venezuela podrían registrar déficits críticos de precipitaciones con riesgo de mínimos históricos en los embalses, en tanto que el Cono Sur afrontaría el escenario opuesto: abundantes lluvias, mayor disponibilidad hídrica y el desafío de gestionar crecidas e inundaciones.
Para el especialista, Panamá es un ejemplo de cómo un mismo país puede experimentar impactos diferentes según la región.

Explicó que las zonas con mayor influencia del océano Pacífico, como la provincia de Chiriquí, podrían registrar caídas significativas de los aportes hídricos, mientras que en el Caribe la reducción de lluvias podría ser menor, aunque también relevante.
A ese escenario se sumaría una temporada de huracanes menos activa, otro de los efectos asociados al fenómeno.
Los efectos del Super Niño no se limitarían a la disponibilidad de agua. Las temperaturas superiores a los valores normales también elevarían el consumo eléctrico por el mayor uso de sistemas de climatización, al tiempo que modificarían el desempeño de distintas tecnologías de generación.
Durante el webinar de OLACDE, Pier Maquilón, representante del Centro Internacional para la Investigación del Fenómeno de El Niño (CIIFEN), advirtió que las olas de calor incrementarán la demanda energética y que el déficit de lluvias previsto para países como Colombia, Ecuador y Venezuela podría afectar la producción hidroeléctrica.
Los especialistas también advirtieron que el impacto no se limitará al aumento del consumo. En Brasil ya se registraron incrementos de la demanda eléctrica de hasta un 15% asociados a episodios de altas temperaturas, mientras que el calor extremo reduce la eficiencia de las centrales térmicas entre 0,45% y 0,8% por cada grado adicional, además de afectar el rendimiento de los paneles solares cuando operan por encima de su temperatura de diseño.
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“Con temperaturas más altas, los paneles solares pueden operar con menor eficiencia. Pero, en algunas zonas, una menor nubosidad podría aumentar la radiación solar y compensar parcialmente ese efecto. En el caso del viento, el impacto dependerá de los patrones climáticos locales”, explicó Díaz Cohen.
Aunque la intensidad del fenómeno concentra buena parte de la atención, Díaz Cohen insistió en que el verdadero desafío pasa por la preparación de los sistemas eléctricos. A su juicio, todavía existe margen para tomar decisiones que permitan reducir los riesgos operativos y evitar situaciones de emergencia.
"Todo esto tiene que ver con anticipación y mitigación", resumió.
Durante el webinar de OLACDE, esa visión fue compartida por Lisneli Valdés, directora de Energía de la Secretaría Nacional de Energía de Panamá, quien remarcó que incorporar escenarios de resiliencia en la planificación estratégica y operativa ya no es una opción, sino una necesidad frente a la creciente frecuencia de eventos climáticos extremos.
La integración regional vuelve a escena
El posible impacto del Super Niño también reabrió el debate sobre la integración eléctrica de América Latina. Para Díaz Cohen, fortalecer los intercambios de energía entre países permitirá responder con mayor flexibilidad cuando algunas regiones enfrenten déficits de generación y otras cuenten con excedentes.
En ese sentido, se refirió a la decisión adoptada recientemente por Panamá de restringir temporalmente las exportaciones de electricidad hacia Centroamérica, con el objetivo de priorizar la seguridad del abastecimiento interno.
Díaz Cohen reconoció que este tipo de medidas puede ser necesario en contextos de estrechez operativa o mayor incertidumbre climática. Sin embargo, señaló que una planificación temprana, basada en escenarios hidrológicos, disponibilidad de respaldo y coordinación regional, puede reducir la necesidad de recurrir a restricciones temporales y fortalecer la resiliencia de los sistemas eléctricos.
“Cuando las medidas se anticipan con suficiente tiempo, los sistemas cuentan con más alternativas para preservar la seguridad de suministro sin limitar innecesariamente los intercambios regionales de energía”, afirmó.
La posición coincide con una de las principales conclusiones del webinar de OLACDE. Para Guido Maiulini, jefe de Asesoría Estratégica del organismo, la integración energética regional constituye la principal herramienta de adaptación frente al cambio climático, ya que mejora la seguridad de abastecimiento, permite aprovechar la complementariedad entre sistemas eléctricos y contribuye a reducir costos y emisiones.
Una ventana de acción que comienza a cerrarse
Aunque los modelos climáticos siempre tienen un margen de incertidumbre, Díaz Cohen consideró que las señales actuales son lo suficientemente consistentes como para actuar con anticipación y no esperar a que los impactos se materialicen.
"Hay un consenso de que va a ser un Niño muy fuerte o Súper Niño, de acuerdo con todos los modelos y la evaluación de los expertos", concluyó.
Con una matriz eléctrica que depende en gran medida de la hidroelectricidad, una demanda que crecerá por efecto de las olas de calor y escenarios climáticos cada vez más extremos, América Latina enfrenta una de las mayores pruebas para su seguridad energética de los últimos años.
Más allá de las medidas operativas, el webinar dejó una recomendación transversal: basar la toma de decisiones en información oficial de los servicios meteorológicos nacionales y de la Organización Meteorológica Mundial, actualizar los pronósticos de forma permanente, evaluar ajustes o medidas preventivas que den mayor flexibilidad a los sistemas y acelerar las inversiones en infraestructura resiliente. En ese sentido, los especialistas señalaron que algunos países, como Panamá, cuentan con mejores condiciones relativas para enfrentar este desafío gracias a la disponibilidad de respaldo térmico, y otros mercados, como Costa Rica, ya comenzaron a contratar respaldo térmico y acelerar proyectos solares para el segundo semestre de 2026, una estrategia que podría replicarse en otros mercados para reducir el riesgo de racionamientos.
El mensaje que dejaron tanto los especialistas de OLACDE como la entrevista con Julio Díaz Cohen converge en una misma idea: la capacidad de anticipar decisiones será determinante para minimizar los impactos sobre el suministro eléctrico de la región.

