Hace cinco años, durante la pandemia, los precios de las baterías rondaban los USD 400/kWh y los contenedores ofrecían capacidades cercanas a 2 MWh. Actualmente, Sungrow dispone de equipos de hasta 7,2 MWh en dimensiones similares, una evolución que acompañó el descenso de los costos de almacenamiento y la incorporación de nuevas fuentes de ingresos para los proyectos.
La comparación surgió durante una entrevista de Luis Fernando Biagini, Head of Sales Cono Sur de Sungrow, con Energía Estratégica, en el streaming "Nos vemos en FES", en la antesala de Future Energy Summit Chile, previsto para el 28 y 29 de octubre en Santiago.
El ejecutivo explicó que, tras la crisis del COVID-19, las referencias comerciales descendieron progresivamente hasta los USD 300, USD 200 y USD 100/kWh. Durante ese período, las fluctuaciones del litio obligaron a fabricantes y compradores a incorporar mecanismos contractuales para distribuir los riesgos asociados al precio de las materias primas.
“Hoy en día yo creo que el mercado está mucho más maduro. Las compañías ya saben cuál es el riesgo, ya saben aplicar el riesgo y ya saben cómo hacer quizás un forecast para los próximos años”, sostuvo mientras que también evitó comprometer una previsión concreta sobre los precios de 2027.
En paralelo, Sungrow alcanzó 7,2 GWh operativos bajo acuerdos de servicio de largo plazo (LTSA), que pueden extenderse hasta veinte años. Este volumen, correspondiente a instalaciones cubiertas por contratos de servicios, constituyó un indicador diferente de la cartera comercial acumulada de la compañía.
La distribución geográfica de los contratos mostró distintas etapas de desarrollo.
Después de Chile, Colombia se posicionó entre los principales mercados de Sungrow, seguida por Centroamérica y República Dominicana.
¿Y México? Biagini señaló que el país comenzó a abrir oportunidades comerciales vinculadas a nuevas convocatorias energéticas, aunque todavía no formó parte del volumen contratado que presentó la compañía.
Chile como referencia y los próximos pasos de Argentina y Perú
El mercado chileno ocupó buena parte de la conversación por el desarrollo de instalaciones renovables que comenzaron a incorporar baterías para modificar sus horarios de entrega de energía. En particular, los parques solares sin contratos PPA encontraron en el almacenamiento una alternativa frente a los precios reducidos durante las horas de mayor generación fotovoltaica.
En estos proyectos, las inversiones en retrofit o repowering permitieron aprovechar infraestructura existente y evaluar nuevos ingresos mediante arbitraje, aunque su viabilidad dependió del CAPEX adicional y del diferencial horario de precios.
“Yo siempre digo que Chile es el laboratorio de América Latina”, afirmó el ejecutivo, al referirse a la experiencia que otros países comenzaron a observar para adaptar sus propias soluciones de almacenamiento.
Aquí, la comparación llevó la conversación hacia Argentina, donde el Gobierno adjudicó dos licitaciones de almacenamiento destinadas a reforzar la confiabilidad del sistema eléctrico.
La primera, AlmaGBA, asignó 667 MW en 2025 para instalar baterías en nodos críticos del Área Metropolitana de Buenos Aires. La segunda, Alma-SADI, amplió el despliegue al interior del país y adjudicó 700,5 MW en julio de 2026, distribuidos en 20 proyectos de siete regiones.
Esta última convocatoria recibió más de 8.300 MW en ofertas, frente a los 700 MW inicialmente licitados, mientras los proyectos adjudicados contemplaron una inversión estimada de USD 700 millones.
En ese escenario, el Head of Sales Cono Sur de Sungrow identificó oportunidades para los productores independientes de energía, aunque señaló que las instalaciones argentinas todavía presentaban dimensiones inferiores a las habituales en Chile.
“Es un mercado en el que no hay marcha atrás”, aseguró, al valorar las oportunidades para productores independientes de energía y el potencial de los contratos de capacidad.
En Perú, Sungrow ya cuenta con 1,2 GW de capacidad fotovoltaica instalada y operativa, mientras comienzan a aparecer nuevas configuraciones híbridas. Biagini reveló que la compañía estaba cotizando proyectos solares que incorporan sistemas de almacenamiento equivalentes a entre el 30% y el 40% de la potencia fotovoltaica.
El porcentaje, aclaró, surgió de operaciones comerciales concretas y no de estimaciones generales del sector.
Seguir leyendo
Las diferencias regionales también quedaron reflejadas en la escala de las instalaciones. Mientras los proyectos de 600 MWh ya formaron parte de la actividad habitual de Sungrow en mercados más desarrollados, planteó que alcanzar esas dimensiones representaría un avance importante para Argentina y Perú.
Negociaciones de hasta cuatro años y contratos cerrados en un mes
La expansión del almacenamiento también incorporó nuevas variables a los modelos financieros. El arbitraje, basado en desplazar energía desde períodos de precios bajos hacia horarios de mayor valor, constituyó durante años la principal referencia económica para evaluar inversiones.
El entrevistado recordó que anteriormente se consideraban diferenciales cercanos a USD 80 como una referencia atractiva para estas operaciones. Durante la conversación estimó que esos márgenes se situaban alrededor de USD 65-70, aunque no precisó un mercado ni la unidad temporal de comparación.
A ese negocio comenzaron a sumarse los servicios auxiliares, la remuneración por potencia, el peak shaving y las capacidades de grid forming y black start. La posibilidad de combinar estas fuentes de ingresos cobró relevancia para proyectos que buscaban recuperar su inversión durante horizontes operativos próximos a veinte años.
“Creo que todavía no están 100% garantizadas, pero que van sumando punto a punto”, señaló respecto de las remuneraciones adicionales que los desarrolladores comenzaron a incorporar en sus evaluaciones.
El peak shaving, por ejemplo, permitió a consumidores industriales reducir su demanda máxima de electricidad y los cargos asociados a potencia. En Chile, Biagini identificó a las compañías mineras como potenciales usuarias de estas soluciones, debido a sus elevados requerimientos energéticos y estructuras tarifarias.
Sin embargo, la disponibilidad de estos mecanismos dependió de las condiciones regulatorias de cada país, lo que mantuvo diferencias entre mercados incluso cuando los equipos podían ofrecer prestaciones similares.
La conversación pasó entonces de los modelos de ingresos a una instancia menos visible del negocio: el proceso que atravesaron los proyectos antes de convertirse en contratos de suministro.
Sungrow participó desde las primeras etapas de desarrollo, aportando diseños preliminares, configuraciones de equipos e ingeniería básica. Después, los proyectos podían pasar a productores independientes, firmas de ingeniería y contratistas EPC, cada uno con nuevas evaluaciones técnicas y comerciales.
El aumento de fabricantes disponibles llevó a los compradores a solicitar múltiples ofertas antes de elaborar una shortlist. Según el vocero de Sungrow, el proceso de selección podría extenderse entre seis y ocho meses, con participación de comités de inversión, asesores técnicos y entidades financieras.
“He participado en proyectos desde hace unos cuatro años que todavía no se concretaron”, reconoció el ejecutivo.
En contraste, recordó una operación que logró completarse en menos de un mes, desde el primer contacto hasta la firma contractual. En ese caso, la coordinación entre abogados, especialistas técnicos y responsables comerciales permitió resolver las condiciones del suministro en un plazo excepcional.
La diferencia entre ambas experiencias abrió una conversación sobre la presión que enfrentan quienes negocian contratos de esta magnitud. Biagini, ingeniero electrónico de formación, había comenzado su trayectoria profesional desarrollando soluciones técnicas antes de avanzar hacia responsabilidades comerciales, donde descubrió que los resultados dependían de variables que no siempre podía controlar.
Negocio BESS, canchas de tenis y pizza napolitana
Fuera del trabajo, Biagini encontró en el tenis una actividad que comenzó a practicar alrededor de los cuarenta años, pese a que su profesor inicialmente le había desaconsejado iniciarse en ese deporte por su edad. Lejos de desistir, decidió tomar clases y convirtió las canchas en un espacio para desconectarse de las exigencias laborales.
¿Cómo se maneja la presión de una operación que puede llevar meses y cuyo cierre nunca está asegurado?, le preguntó Gastón Fenés, CEO de Energía Estratégica y conductor del ciclo de streaming.
“Hay momentos que tú crees que está súper bien, el momento siguiente pasa algo y ya no está bien”, respondió, quien también recurrió a la meditación para gestionar la ansiedad.
Y reflexionó: “Hay cosas que tú no puedes manejar. No están bajo tu control”.
La conversación también dejó espacio para otra de sus aficiones. Hijo de padre italiano y madre brasileña, contó que los fines de semana suele encargarse de la cocina y que desarrolló una particular dedicación por la pizza napolitana. Incluso compró un horno capaz de alcanzar los 500 grados y comenzó a experimentar con masas de 48 horas de preparación y un 75% de hidratación.
“Soy ingeniero y me encanta porque es pura técnica, pura matemática, física”, comentó entre risas.
Entre anécdotas personales y detalles de su agenda profesional, el ejecutivo también anticipó las novedades que Sungrow preparó para su próximo Summit en Santiago de Chile el próximo 22 de octubre, donde presentará un nuevo inversor identificado como 510 e incorporará un panel dedicado específicamente a la financiación bancaria.

