España atraviesa uno de los momentos de mayor actividad para el BESS. Según el último relevamiento de Energía Estratégica sobre los expedientes publicados en el Boletín Oficial del Estado durante julio, las baterías estuvieron presentes en 23 de las 55 actuaciones energéticas identificadas.
El dato no pasa desapercibido: representan cerca del 42% del total. Al ampliar el foco, diecisiete corresponden a proyectos que combinan fotovoltaica y almacenamiento, mientras que otros cuatro son desarrollos BESS independientes.
La fotografía, sin embargo, contrasta con el volumen que ya se encuentra efectivamente en operación.
En diálogo con Energía Estratégica, Álvaro Simón, fundador de ASB Renewables Consulting, advierte que la distancia entre el volumen anunciado y la capacidad efectivamente operativa sigue siendo uno de los principales rasgos del mercado español.
“Tenemos menos de 300 MW en operación en la primera mitad del año, que es una cifra bastante reducida si tomamos como referencia otros mercados europeos. Pero en el pipeline previsto para entrar en operación tenemos entre 3 y 4 GW de proyectos que, a priori, deberían hacerlo entre el cuarto trimestre de este año y el próximo”.
La magnitud de esa cartera muestra el interés existente, pero no implica que todos esos activos vayan a cumplir los calendarios inicialmente previstos.
El calendario BESS empieza a separar el pipeline de los proyectos ejecutables
Una de las primeras diferencias aparece en los tiempos reales de desarrollo.
Aunque España ha avanzado en diferentes medidas destinadas a facilitar la implantación del almacenamiento, la tramitación sigue imponiendo calendarios considerablemente más largos de los que algunos compradores asumieron al entrar en determinados proyectos.
“Hay un desajuste entre la expectativa del comprador o del inversor y la realidad del desarrollo. En muchos casos se esperaba que esos proyectos entrasen en operación el próximo año y las perspectivas, incluso siendo optimistas, muestran que muchos terminarán entrando a partir de 2028”.
El problema adquiere especial importancia en un mercado donde una parte relevante de las operaciones se ha construido sobre previsiones de llegada rápida a ready-to-build o entrada en explotación.
La consecuencia es que disponer de acceso, iniciar una tramitación o incluso avanzar administrativamente ya no basta para determinar automáticamente el atractivo de un activo.
La capacidad para anticipar con precisión cuándo podrá construirse y comenzar a generar ingresos empieza a convertirse en una variable central dentro de las valoraciones.
Y allí aparece el concepto que Simón coloca por encima del resto cuando describe las conversaciones actuales entre desarrolladores, compradores y capital.
“Lo primero es certidumbre. Certidumbre, primero, en el desarrollo".
El calendario no es la única barrera.
La financiación del almacenamiento también necesita demostrar que los distintos flujos de ingresos pueden sostenerse durante el horizonte utilizado por bancos e inversores para evaluar el proyecto.
El arbitraje continúa formando parte de esa ecuación, pero la expectativa del sector pasa cada vez más por combinarlo con servicios de ajuste, mercados de balance y futuros mecanismos de remuneración de capacidad.
Precisamente por eso, el debate empieza a desplazarse desde cuánto puede capturar una batería en determinados momentos del mercado hacía cuánto de ese ingreso puede convertirse en una previsión suficientemente sólida para financiar el activo.
“Muchos de los financiadores siguen sin bancar plenamente los modelos que propone el BESS”.
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Simón apunta particularmente a estructuras híbridas en las que la batería no entra en operación al mismo tiempo que la instalación fotovoltaica, sino uno o varios años después.
“Los financiadores tradicionales están huyendo de modelos que tienen una exposición que no son capaces de movilizar y que perciben como una inversión de riesgo. Hay que intentar estructurarlos probablemente con contratos de menor duración, mayor flexibilidad y modelos híbridos reales”.
La discusión sobre bancabilidad se vuelve así tan relevante como la propia disponibilidad de proyectos.
España puede acumular decenas de gigavatios en distintas fases de desarrollo, pero la velocidad a la que ese volumen llegue a Decisión Final de Inversión (FID por sus siglas en inglés) dependerá de que inversores y entidades financieras puedan trasladar los nuevos esquemas de ingresos a modelos que admitan financiación.
El mercado de capacidad genera expectativas, pero todavía falta aterrizarlo
Dentro de esa búsqueda de ingresos adicionales, el futuro mercado de capacidad se ha convertido en una de las principales expectativas del sector.
Su desarrollo podría aportar una nueva capa de remuneración para tecnologías capaces de ofrecer firmeza y flexibilidad, entre ellas el almacenamiento.
“La noticia fue acogida con gran optimismo porque es una expectativa que se llevaba reclamando desde hace tiempo”.
El interés no responde únicamente a la remuneración directa que pueda derivarse del mecanismo.
Para los proyectos BESS, su verdadero peso estará en cómo pueda combinarse con los ingresos procedentes del mercado mayorista y los servicios de ajuste para construir una estructura más previsible.
Por ahora, sin embargo, todavía no existe suficiente detalle como para trasladar automáticamente esa expectativa a los modelos financieros.
“Todavía hay que aterrizarlo en gran medida. No sería una buena noticia quedarnos estancados en la gran cifra y en el titular y no terminar desarrollando la base y la expectativa de retorno para quien quiera acogerse al mecanismo”.
España todavía tiene que construir su propio track record
A las dudas sobre plazos e ingresos se suma una tercera barrera menos visible: la experiencia operativa acumulada.
Los grandes inversores internacionales evalúan el mercado español frente a jurisdicciones donde ya existen carteras más amplias de almacenamiento funcionando y generando información real sobre disponibilidad, degradación, ingresos y comportamiento técnico.
“Los grandes jugadores siguen viendo que hay menos de 300 MW en operación. Es un mercado donde quien entra quiere hacerlo con garantías y prefiere ver que existe una experiencia previa de proyectos ya en marcha”.
Esta situación puede comenzar a cambiar rápidamente si una parte de los activos previstos para finales de 2026 y 2027 logra conectarse.
Cada nueva planta no solo ampliará la capacidad disponible, sino que aportará referencias reales sobre costes, rendimiento e ingresos que podrán utilizarse para valorar las siguientes generaciones de proyectos.
Hasta entonces, el mercado seguirá moviéndose entre dos velocidades.
Por un lado, un pipeline que crece aceleradamente y una regulación que empieza a reconocer el papel de la flexibilidad. Por otro, decisiones de inversión que exigen demostrar mucho más que la existencia de un permiso o una oportunidad de arbitraje.
El desafío del BESS español empieza así a trasladarse desde la cantidad de proyectos disponibles hacia su capacidad para convertirse en activos financiables.
El volumen ya está sobre la mesa. La próxima prueba será comprobar cuántos consiguen atravesar el filtro de la bancabilidad y alcanzar el FID.

