El almacenamiento energético empieza a acelerar en España. Con cerca de 290 MW de baterías instaladas, el país podría más que duplicar su capacidad y cerrar 2026 en torno a los 650 MW, siempre que los proyectos en construcción entren en operación antes de diciembre. El impulso también se refleja en la tramitación: solo en agosto avanzaron 327,6 MW de sistemas BESS, principalmente mediante hibridaciones con plantas fotovoltaicas existentes.
Sin embargo, el crecimiento del pipeline aún no se traduce automáticamente en proyectos construidos. Los retrasos administrativos, la incertidumbre sobre los ingresos y la escasa experiencia operativa mantienen una brecha entre los anuncios y las decisiones finales de inversión.
Para Iosu González Albín, responsable de Ingeniería Fotovoltaica y BESS de Kalin Electricity Solution, las primeras dificultades aparecen antes de comenzar las obras.
“La falta de homogeneidad regional es un gran cuello de botella; cada comunidad autónoma aplica criterios distintos y exige nuevos trámites ambientales”, explica.
A esta dispersión se suma la falta de criterios claros sobre protección contra incendios, una indefinición que retrasa licencias y concede un papel creciente a las aseguradoras en la evaluación técnica.
“Estas entidades hoy se están mostrando hiperexigentes. Auditan y fiscalizan las memorias técnicas e imponen requisitos que, en algunos casos, ni la propia normativa exige”, sostiene González Albín.
Las nuevas condiciones pueden encarecer las pólizas, obligar a modificar la ingeniería y comprometer la bancabilidad. Ya no basta con obtener permisos y seleccionar los equipos: los proyectos deben acreditar que sus riesgos técnicos, operativos y de seguridad están controlados.
Superado el filtro asegurador, aparece el financiero. La reducida base instalada en España todavía ofrece pocos datos reales sobre degradación, disponibilidad, costes, incidentes e ingresos, variables esenciales para proyectar el comportamiento de una batería durante toda su vida útil.
En este contexto, Álvaro Simón, fundador de ASB Renewables Consulting, identifica un desajuste entre las expectativas de compradores e inversores y los tiempos reales de desarrollo. Contar con acceso, iniciar la tramitación o alcanzar el ready to build ya no garantiza el atractivo de un activo.
“Lo primero es certidumbre. Certidumbre, primero, en el desarrollo”, resume Simón.
Los financiadores necesitan saber cuándo comenzará a operar cada proyecto y qué ingresos podrá sostener. Según el consultor, los bancos tradicionales todavía evitan estructuras con una exposición al mercado que no consiguen modelizar con suficiente confianza.
Cada nueva instalación aportará referencias para evaluar los siguientes proyectos y reducir esa percepción de riesgo. Hasta entonces, el mercado avanzará a dos velocidades: un pipeline que crece con rapidez y unas decisiones de inversión que exigen mucho más que permisos sobre la mesa.
La hibridación toma ventaja
Mientras se resuelven estas incógnitas, las baterías asociadas a plantas renovables avanzan con mayor facilidad que los proyectos independientes.
Los expedientes aprobados durante agosto muestran un patrón definido: sistemas conectados a instalaciones fotovoltaicas existentes, diseños replicables e infraestructuras de evacuación compartidas.
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En Altarejos, Cuenca, cuatro módulos prácticamente idénticos sumaron 86,76 MW de almacenamiento. En Sevilla, otros cuatro proyectos concentraron 147,17 MW alrededor de plantas solares ubicadas entre Los Molares, Alcalá de Guadaíra y Utrera.
Este modelo permite reutilizar parte de la infraestructura y reducir los tiempos y riesgos del desarrollo. Los proyectos independientes, en cambio, pueden encontrar barreras adicionales.
BESS Solórzano, de 49,74 MW y 199,52 MWh, obtuvo las autorizaciones energéticas, pero no la declaración de utilidad pública solicitada. El promotor deberá asegurar mediante acuerdos privados el control del suelo y las servidumbres necesarias.
La hibridación tampoco resuelve todos los problemas. Cuando una batería no dispone de capacidad de demanda para cargar desde la red, su operación queda limitada a la energía producida por la planta asociada. Esto reduce su flexibilidad y las alternativas para capturar ingresos.
González Albín identifica una oportunidad más inmediata en las instalaciones fotovoltaicas industriales existentes. Son activos cuya producción ya se conoce y que, en algunos casos, se encuentran amortizados.
Añadir almacenamiento permite aprovechar excedentes, reducir picos de consumo y desplazar la demanda hacia periodos tarifarios más convenientes.
Este cambio también está transformando el diseño de las plantas solares. Los bajos precios durante las horas centrales reducen el atractivo de maximizar la generación al mediodía. La ingeniería debe adaptarse con mayor precisión a la curva de consumo del cliente.
“Ya no buscamos siempre la máxima producción pico con una orientación hacia el sur, sino adaptar el diseño al consumo real o incorporar almacenamiento”, señala.
Los promotores también empiezan a evaluar sistemas de mayor duración. Aunque las baterías de dos horas todavía pueden capturar oportunidades de corto plazo, las configuraciones de tres y cuatro horas ganan terreno para trasladar mayores volúmenes de energía solar hacia los periodos de mayor demanda.
La calidad también entra en la ecuación
La nueva etapa exige mayor atención a la calidad de los equipos y a la durabilidad de los activos. Durante las inspecciones de instalaciones existentes, el equipo de Kalin encuentra defectos de ejecución y componentes elegidos sin valorar suficientemente su comportamiento a largo plazo.
González Albín advierte sobre el “uso de módulos cada vez más grandes con cristales delgados y estructuras que pueden resultar insuficientes para soportar sus dimensiones y cargas mecánicas”. También cuestiona la “instalación de paneles bifaciales en cubiertas donde su aportación adicional puede ser limitada”.
La ingeniería debe evitar que la reducción del coste inicial comprometa la seguridad, el rendimiento o la vida útil. Esa revisión será cada vez más relevante a medida que aseguradoras, bancos e inversores eleven sus exigencias.
Kalin Electricity Solution trabaja en el diseño, suministro, instalación y puesta en marcha de sistemas fotovoltaicos y de almacenamiento para empresas. Su propuesta parte del análisis de la curva de carga, los picos de consumo y la variación estacional de la demanda para dimensionar cada solución.
El siguiente paso será integrar estos activos mediante sistemas inteligentes de gestión energética. González Albín observa potencial en la inteligencia artificial aplicada a los EMS, capaces de anticipar la producción renovable, el consumo y los precios para optimizar la carga y descarga de las baterías.

