Las inversiones en energía eólica, solar, biomasa e hidroeléctrica que desarrolló el país a través de un esquema de incentivos institucionalizados por los distintos Gobiernos que se sucedieron en Uruguay están dando sus frutos.

La foto de ayer es un fiel reflejo: a las 7 de la mañana, los datos de la Administración del Mercado Eléctrico (ADME) reflejaban que el 100% de la operación estaba siendo abastecida con fuentes limpias de generación.

El 68% lo aportó la tecnología eólica, el gran caballito de batalla del sistema, gracias a los vientos que recibe el país costero.

El 28% fue inyectado por la generación hidráulica y un 4% la biomasa, brindando seguridad y potencia firme a las operaciones. Cabe destacar que no se necesitó insumir energía eléctrica de las centrales térmicas instaladas, menos aún importar de otros países.

La fotovoltaica, dada la temprana hora de la mañana, no fue protagonista en el total de generación.

Exactamente a las 7.12 horas, la demanda del país era de 1312 MW, bastante por debajo las posibilidades de generación. Esto permitió exportar 499 MW a precios competitivos a Argentina, lo que significó un 38% del producido.

Uruguay ocupa el tercer lugar a nivel mundial en relación con el nivel de inversiones de energías renovables y su porcentaje sobre el producto interno bruto (PIB).