¿Cómo podría influir el T-MEC en contratos de abastecimiento con energías renovables que tienen empresas americanas en el país? 

La protección de la inversión es uno de los puntos más importantes, dada la incertidumbre que hay en México.

¿Podría ser una herramienta de defensa para estos proyectos?

Sin lugar a dudas. Varios de los proyectos de las subastas eléctricas consideraban por ejemplo unos valores estimados de Certificados de Energías Limpias que, con los cambios regulatorios que se están haciendo por parte de la Comisión Reguladora de Energía (CRE), están sufriendo una destrucción de su valor. Por lo que hay una afectación económica a estos proyectos.

Aquí se podrá recurrir a una defensa de valor. Si mal no recuerdo, en el capítulo 11 se indica que a través de un Amparo directo las empresas norteamericanas podrían resolver eventuales trabas a sus proyectos en un tribunal que no sea mexicano, ya que algunos concuerdan que la Justicia también está en entredicho. Esto da una nueva avenida que pueden llegar a transitar algunas empresas.

De igual modo, ¿podrían ampararse empresas de países que tienen otros acuerdos con México?

Sí. Y cabe resaltar que México es uno de los países con más tratados internacionales de comercio en el mundo, como ser con la Unión Europea, con Norteamérica y estábamos en tratativas con el Mercosur, llegando a acuerdos con cerca de 41 países en total.

Haciendo un repaso de los intereses por defender, ¿qué principales temas del sector energético atraviesa el T-MEC?

Cuando se empieza a negociar el tratado de libre comercio por iniciativa del presidente de Trump, lo que hace el Gobierno del entonces presidente Enrique Peña Nieto fue blindar el sector energético a raíz de una apertura que ya se había hecho con la Reforma del 2013 y 2014.

Tras la elección de 2018, que gana Andrés Manuel López Obrador, se trata de quitar lo previo debido al nacionalismo que defiende la nueva administración a través de un capítulo específico de energía donde, palabras más palabras menos, México mantendrá la soberanía para definir la mejor ruta para su mercado energético. Pero este cambio hizo que se pase de lo explícito a lo implícito y de lo específico a lo genérico.

En este tipo de acuerdo uno pone sus condiciones pero también tiene que ceder otras…

Exactamente.

¿Qué intereses defiende México hoy y qué «perdió»?

La lógica es que si estamos importando no somos un país soberano. En este sentido, uno de los temores infundados es que México –por su dependencia– quedaría expuesto si Estados Unidos decidiera cerrar el flujo de gas natural. Eso se buscó evitar en hidrocarburos, por ejemplo.

¿Y en el sector eléctrico?

Se privilegió la integración. A la luz del tratado de libre comercio, México no podría poner cláusulas de contenido nacional.

Esto iría en contra de lo que busca el actual Gobierno…

Sí, es una de las contradicciones. Lo que pasaría ahí, de llegarse a dar el caso, es  que deberá ser tratado en un panel de controversias. Pero México podría apelar que defiende su soberanía para poder establecer los mecanismos de desarrollo de su sector energético. Y volvemos al inicio.

En la estrategia de exportación/importación de Estados Unidos y de México, ¿qué choques de intereses identifica?

Es un tema bastante contencioso. Todo nace de la visión de nacionalismo económico de López Obrador que guarda similitudes con el de Trump en términos de que consideran que el que importa es el más débil.

México con todos los recursos disponibles tendría que ser autosuficiente en todo tipo de energía. Pero el problema no es tanto ese «grand statement» sino cómo llevarlo a cabo.

¿Lo que más incertidumbre trae hoy al mercado mexicano es el “cómo”?

Sí. Si bien Estados Unidos tiene su estrategia, políticas de exportación e importación según sea el caso, prácticamente deja que sea el mercado y las empresas privadas quienes actúen.

Mientras que en México, la vuelta de tuerca del nuevo Gobierno hace que se detenga el modelo de la reforma energética que acababa con los monopolios y atraía inversiones y tecnología, para sacar a la competencia y favorecer a las empresas del Estado.

México sigue siendo una economía de 1.4 trillones, la onceava o 15ava posición en el mundo según la medición que uses, y aunque sigamos creciendo esta no puede depender exclusivamente el sector público o del sector privado. Es totalmente incompatible un modelo de expansión de demanda, con uno cerrado de oferta.