Pasadas las 19 horas de ayer, el bar La Favrika, ubicado en el microcentro de la localidad santafecina de Rosario, estaba repleto de gente. La concurrencia se debió a la charla que fuera a dictar el alemán Richard Franken, Arquitecto e Ingeniero en Planificación que llegó a la Argentina para cooperar, como experto en el área, en lo que será la primera prueba piloto de etiquetado energético en inmuebles.

Días atrás, el martes y miércoles de la semana pasada, Franken fue invitado a participar de la primera reunión del año del grupo de trabajo que está detrás de dicha prueba piloto, conformado por técnicos del Ministerio de Energía y Minería de la Nación, la Secretaría de Estado de la Energía de Santa Fe, el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y el Instituto Argentino de Normalización y Certificación (IRAM).

“Richard nos iluminó en un montón de aspectos, como por ejemplo la importancia de dar consejos sobre qué hacer para mejorar (las condiciones de eficiencia energética), más allá de diagnosticar la calidad de los inmuebles”, confió en diálogo con energiaestrategica.com Roque Stagnitta, referente de la Dirección de Eficiencia Energética Secretaría de Estado de la Energía de la Provincia de Santa Fe.

En cuanto a la prueba piloto, el ingeniero santafecino reveló que se está avanzando acorde a los plazos previstos y que antes del primer semestre se pondrá en marcha el plan de etiquetado sobre 500 viviendas de Rosario. Hasta el momento hay 160 inmuebles inscriptos, por lo que la convocatoria gratuita continúa abierta; aquellos interesados en postularse -exclusivo para Rosario- deberán completar el siguiente formulario -hacer clic-.

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En concreto, ¿cuál es la importancia de que en Argentina se instrumente un etiquetado energético en viviendas que permita identificar el consumo de energía de inmuebles a comprar o alquilar? Las ventajas son múltiples, entre ellas se destacan la interiorización de la población sobre el consumo energético, y en base a ello intentar mejorarlo, y empezar a pensar en la integración de energías renovables a la vida cotidiana.

En su disertación, Franken destacó ambos aspectos. En principio habló sobre la importancia de contar con una legislación que ajuste objetivos de ahorro energético en inmuebles, tal como rige en Alemania la Ley EnEV.

Desde 1977 que el país teutón se rige con normativas que apuntan al cuidado de la energía en hogares. Explicó Franken que esto surgió como respuesta a la crisis del petróleo, desatada en 1973. “Alemania es un país que depende mucho (de los combustibles derivados) del petróleo”, indicó.

Actualmente, gracias a este tipo de políticas, la plaza de la Unión Europea tiene identificado el consumo de los inmuebles que forman parte del mercado inmobiliario y gracias a ello apuntan a realizar mejoras que tiendan a menores consumos.

Explicó que las viviendas más antiguas (construidas antes de 1980) cuentan con un consumo promedio de 300 Kwh por m2, en cambio las consideradas ‘nuevas’ generan un gasto energético que promedia los 70 Kwh por m2.

Esto llevó a que Alemania instrumentase dos etiquetados diferentes, una para las viviendas ‘antiguas’ y otra para aquellas ‘nuevas’. Las primeras se identifican con una ‘etiqueta de consumo’, que varía dependiendo del comportamiento del consumidor, y las segundas con una ‘etiqueta necesaria de consumo’, dependiendo ya de las construcciones edilicias.

Vale destacar que en ambos casos se pueden (y sugieren) realizar mejoras, ya sea cambios en aberturas, en ventanas y hasta artefactos de consumo energético con el fin de mejorar la categoría del inmueble, donde la calificación máxima es la A+. En el caso de Rosario, la categoría más alta será la A.

Por otro lado, y en el mismo sentido, Franken subrayó la conformación de dos fenómenos: el de ‘Viviendas Pasivas’, que no generan gasto energético, y el de ‘Viviendas Plus’, que producen más de lo que consumen, comercializándolo con el mercado. Ambas situaciones son posibles gracias a la autogeneración mediante fuentes de energía renovable, tanto para el consumo térmico (calor) como eléctrico.

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Si se quiere trazar un paralelo con nuestro país, acá no podría darse una integración tal con renovables dado que no existe una Ley a nivel nacional que permita a usuarios la inyección de energías renovables a la red. Aunque sí hay experiencias en provincias con marcos regulatorios (el caso de Santa Fe, Salta y Mendoza). No obstante, está la intención en el Congreso nacional de tratar una legislación que impulse este recurso en todo el país. Es decir que Argentina está en etapas preliminares, tanto en etiquetado como en la inyección de energías limpias a red de baja tensión.

Por su parte, Stagnitta destacó la colaboración del Ministerio de Energía y Minería de la Nación en esta experiencia esta experiencia local, que se comprometió a colaborar a través de su Subsecretaría de Eficiencia Energética.

Además el ingeniero resaltó la importancia de que todas las provincias del país se comprometan en iniciativas de este tipo dado que ellas tienen potestad de aplicar políticas sobre su territorio y no el Gobierno nacional.

En ese sentido, adelantó que desde Santa Fe están trabajando en un proyecto de Ley para promover el etiquetado energético en toda la provincia y analizó que para que la medida alcance niveles altos de aceptación será necesaria la participación del mercado y precios tarifarios que reflejen costos reales.

De izq. a der.

De izq. a der. Richard Franken y Roque Stagnitta durante el comienzo de la disertación

Problemas de etiquetado

Pese que Alemania es uno de los países que más avanzados en materia de etiquetados energéticos de inmuebles, tienen sus dificultades para avanzar.

Un 80 por ciento de los inmuebles de Alemania son considerados ‘viejos’. El consumo promedio de estas viviendas rondan los 250 Kwh por m3 con una clasificación F en las viviendas.

Explicó Franken que para comenzar a revertir esta situación, el Gobierno alemán se fija realizar un ‘saneamiento’ (mejoras en la eficiencia energética) de viviendas anual del 1 por ciento, apalancado con créditos del banco estatal KBW que destina montos de hasta un 15 por ciento del proyecto total.

Según precisó el especialista nacido en Heidelberg, es muy oneroso encarar un cambio de este tipo. Más allá del alto precio de la energía que existe en Alemania, la inversión se llega a amortizar pasados los 20 o 25 años.

Cabe destacar que de tener éxito la medida de saneamiento, en sólo 80 años se habrá mejorado la totalidad de los inmuebles alemanes en circuito comercial.