El sábado por la tarde, horas después que el seleccionado de fútbol debutaba en el Mundial de Rusia, y tras reunirse con “Lilita Carrió”, el presidente Mauricio Macri anunció que Juan José Aranguren y Francisco Cabrera dejaban de ser ministros de Energía y Producción respectivamente.

Desde entonces, no hubo comentarios por parte del equipo de Aranguren. Prefieren seguir en “un prudente silencio”, a la espera de mayores definiciones. Lo cierto es que el ex Shell todavía no tiene un “nuevo lugar” en el Gobierno, a diferencia de “Pancho” Cabrera, quién continuará en la gestión al frente del banco BICE.

¿Por qué Iguacel? En principio, cabe destacar que es bien visto por la mesa chica de Cambiemos que concentra el poder. “Está alineado” con el triunvirato de la Jefatura de Gabinete, aseguran quiénes lo conocen. Y, a diferencia de Aranguren, le interesa y mucho la carrera política, por lo que tiende a conciliar y a respetar las decisiones que llegan desde Casa Rosada.

Su formación académica y profesional está basada en el desarrollo  de hidrocarburos. Puntualmente, estudió ingeniería en petróleo en el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) y a sus 22 años, en 1997, comenzó a trabajar en YPF. Renunció apenas dos años más tarde, descontento con la privatización. Luego, trabajó en Pecom Energía y Pluspetrol, en la cual alcanzó la vicepresidencia.

Por estos días, el nuevo titular de Energía deberá decidir qué hacer con las segundas líneas que formaron parte del equipo de Aranguren. En lo que respecta a energías renovables, Sebastián Kind, el Subsecretario del área, se descuenta su continuidad, apoyado por el propio presidente Mauricio Macri y por las inversiones cosechadas en dos años y medio de gestión.

Quiénes conversaron con Kind durante el fin de semana aseguran que manifiesta expectativas positivas de continuar con el proceso iniciado en diciembre de 2015. Es igual la intención de Sergio Drucaroff, par del Ministerio que ahora conducirá el economista y consultor Dante Sica.

Iguacel no dio señalas claras en este sentido. Recién se está acomodando en sus nuevas oficinas, conociendo la «botonera» y detalles en Paseo Colón.

Los empresarios consultados este fin de semana expresaron a coro la necesidad de mantener los nombres en ambas carteras. “Es importante por la continuidad de los planes y licitaciones que ya están en marcha”, expresó un hombre de negocios del rubro.

En este año y medio restante, Iguacel tendrá que seducir a las provincias para que adhieran a la ley de Generación Distribuida, además de negociar el precio de los combustibles con petroleras, resolver tarifas dolarizadas, continuar con la reducción de subsidios ahora monitoreada por el Fondo Monetario Internacional, estimular desarrollos en Vaca Muerta y continuar con el plan de desarrollo de energías limpias, prácticamente una bandera del Gobierno actual. Una agenda más que complicada en un contexto económico adverso.

En lo personal, Aranguren era respetado por sus colegas de la industria, a pesar de su estilo “parco” y de pocas palabras. Conseguir esa confianza es el primer desafío que tiene el nuevo Ministro de Energía y Minería en el corto plazo.

Tiene un punto a favor: ahora las decisiones políticas tarifarias se excusarán en el Ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, y en última instancia en el FMI.