Durante los días 22 y 23 de abril se desarrolló la denominada “Leaders Climate Summit”, convocada por el presidente de los Estados Unidos, Joe Biden. La misma reunió a 40 presidentes y referentes globales en torno al objetivo de impulsar un mayor esfuerzo en materia de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.

En el marco del Acuerdo de París, los compromisos de los países son asumidos voluntariamente y son revisados de manera periódica, de manera de ir aproximándonos a un esfuerzo colectivo que sea compatible con la meta climática de no exceder los 2°C de suba de la temperatura global.

Durante el 2020, al cumplirse los primeros 5 años del Acuerdo de París, los países debían revisar sus metas o NDC (National Determined Contribution), con el objetivo de aumentar sus objetivos. Si bien muchos lo hicieron, la pandemia demoró ese proceso y se espera que durante este año se cumplirá esta primera ronda de renegociación de objetivos.

Es muy importante para el mundo de la renovables estas reuniones porque definen el nivel de compromiso y las políticas de impulso para insertar las renovables en la actividad energética. Estas políticas van de la mano del objetivo de bajar emisiones mediante el reemplazo de los combustibles fósiles por fuentes de cero emisiones.

Estos objetivos climáticos determinan la velocidad que tendrán los mercados de las energías renovables en cado uno de los países.

En este proceso es que Argentina presentó ante las autoridades de la Convención de Cambio Climático su nueva NDC el 31 de diciembre de 2020. Esta nueva NDC significa que el país asume el objetivo de estabilizar sus emisiones a lo largo de esta década, con una leva disminución hacia el año 2030. Luego, se plantea un rápido decrecimiento hasta llegar a la neutralidad de emisiones en el año 2050.

Esta nueva NDC que presentó el país significa una notable mejoría respecto de su antecesora del año 2016, aunque, debe decirse, carece de programas y objetivos sectoriales que den una pauta clara de cómo se cumplirá ese compromiso. Para dar una somera idea de su significado, esa meta implica que toda expansión económica que se produzca de aquí en más deberá ser neutra en emisiones. Pensemos en el sector energético, toda incorporación de nueva capacidad de generación deberá ser sin incrementar las emisiones.

Las políticas para lograrlo no están claras aun y más bien, son contradictorias. Pero eso deber ser materia para un análisis más específico.

¿Qué sucede en el G20?

Sin duda que en el llamado G20, países más desarrollados, se encentra el grupo de países con mayores emisiones del planeta y también concentra el mayor poder político y de influencia para determinar la potencia de una política climática global. Entonces los análisis de tendencia suelen focalizarse en este grupo reducido pero muy significativo de países.

El Climate Action Tracker, una organización de seguimiento de las negociaciones climáticas, realizó el siguiente cuadro que sintetiza las acciones que tomaron los miembros del G20 desde septiembre del 2020 hasta la semana pasada en relación a la actualización de sus metas nacionales.

La nueva meta de Estados Unidos sobresale, ya que presentó su nieva NDC la semana pasada indicando que reducirá sus emisiones en un 50% para 2030 respecto de las emisiones del 2005. Este es quizás la gran noticia de estos días. También se puede ver que se reconoce el aumento de la ambición climática en la nueva NDC argentina.
Cuando se cuantifica lo que los miembros del G20 han estado presentando como actualización de sus compromisos se puede estimar que esas reducciones representan entre 2,6-3,7 GtCO2e, un GtCO2e representa 1.000 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente.

Este cálculo del Climate Action Tracker es una estimación provisional en base a lo presentado por los países del G20 en los últimos meses. Esa cantidad de emisiones es una pequeña parte, cerca de un 10% de la cantidad de emisiones que deberíamos reducir para 2030. Este es el gran problema.
Lo presentado representa poco más del 10% de la cantidad de emisiones que se deberían reducir si queremos estar con chances de cumplir con la meta de 1,5°C, el objetivo a que se debería apuntar según el Acuerdo de París. O sea, se necesita 9 veces más de reducción de emisiones. Es decir, no estamos ni cerca. A esa diferencia se le llama la «Emissions Gap».

¿Cuánto nos falta de reducciones al 2030?

Para cumplir la meta de 1,5°C las emisiones globales deben seguir una curva decreciente de manera tal de que e volumen total de las emisiones no superen una concentración en la atmosfera que ocasione una suba por encima del objetivo. De allí que podamos estimar los valores ideales de emisiones para 2030.

Necesitamos reducir entre 23-27 GtCO2e las emisiones anuales para 2030 respecto del nivel que tendríamos si se cumpliesen las metas hasta ahora presentadas. Tomemos un valor intermedio de 25 GtCO2e para simplificar. Quiere decir que a ese valor debemos restarle la cantidad de emisiones que se reducirían en base a los nuevos compromisos presentados, entre 2,6-3,7 GtCO2e, tomemos un valor de 3 GtCO2e para simplificar. Si hacemos la resta, seguimos debiendo una reducción de 22 GtCO2e, nos faltan compromisos que cubran esa brecha o ese “gap”.

La pregunta que debemos hacernos es ¿Nos falta mucho? ¿Qué significa 22 GtCO2e? Bien, 22 GtCO2e es muchísimo. Para dar una idea, las emisiones anuales (en GtCO2e) de Europa es de 3,6, las de China, 11,6, y las de Estados Unidos están en 5,8. Si sumamos todo eso nos da 21 GtCO2e. Es decir, todavía debemos recortar emisiones en una dimensión similar a lo que hoy emiten China, USA y Europa juntos.

Si quisiéramos cumplir con una trayectoria más holgada, la de 2°C, la reducción adicional para 2030 debería ser de aproximadamente 11 GtCO2e, bastante menos pero aún sigue siendo mucho. Esas 11 GtCO2e representan casi la totalidad de las emisiones de China. En cualquier caso, para estar en línea con el objetivo de 1,5°C o los 2°C, tenemos por delante una tarea enorme y la reducción de emisiones globales deberán ser inéditas. Estamos más que complicados para responder en tiempo y forma a la crisis climática.

Habrá que estar atentos durante todo este año ya que seguramente aparecerán nuevos compromisos. De todos modos, las rondas de revisión se repetirán periódicamente durante esta década. Lo que debemos estar seguros es que los combustibles fósiles tienen sus días contados y las renovables poseen un futuro extraordinario.

Más allá de las demoras coyunturales que se viven hoy en Argentina, el sector tendrá que responder, por lo menos, por la totalidad de la nueva demanda que se vaya generando de aquí en más.