Una fábrica de Guadalajara, México, había incorporado paneles solares, pero todavía enfrentaba un problema que condicionaba su actividad: los microcortes eléctricos obligaban a detener las máquinas de soldadura y otros equipos, interrumpiendo procesos que no siempre podían retomarse de inmediato.
La solución requirió aproximadamente cuatro meses de preingeniería y culminó, en agosto de 2026, con la instalación de un sistema BESS de 150 kW de potencia y 261 kWh de capacidad, diseñado para proporcionar respaldo ante las interrupciones del suministro.
Sin embargo, detrás de aquella decisión había una cuestión que excedía las necesidades de una sola fábrica: cómo determinar si una inversión en almacenamiento energético resulta rentable para una industria o un comercio, y qué factores deben considerarse antes de incorporar baterías.
En ese sentido, para Sergio Rodríguez, director de Tecnología para LATAM de Solis para Latinoamérica, durante el programa Se tenía que decir y se dijo, de Energía Estratégica, el valor de estas soluciones no depende únicamente de cuánta electricidad puedan almacenar, sino también de las características operativas del cliente, los cargos tarifarios y las consecuencias económicas de una interrupción.
“Invertir en almacenamiento no es un gasto, sino una inversión a largo plazo que, como empresa, me hace más competitivo y mucho más confiable en mi producción diaria”, afirmó.
El cálculo que determina la rentabilidad de un BESS
De acuerdo con el ejecutivo, los proyectos fotovoltaicos convencionales pueden alcanzar períodos de recuperación de la inversión de entre dos y tres años, mientras que aquellas instalaciones que incorporan almacenamiento pueden presentar plazos de cinco a seis años.
No obstante, aclaró que estos valores cambian según las características de cada operación, especialmente cuando se incorporan los costos derivados de las interrupciones eléctricas.
En determinados procesos industriales, un corte de apenas una hora puede comprometer prácticamente una jornada de producción, debido a los tiempos necesarios para reiniciar las instalaciones.
“Prácticamente pierdes un día por un apagón de quizás una hora”, ejemplificó.
Pero el respaldo energético no es la única variable que puede justificar la inversión.
El especialista identificó dos aplicaciones adicionales: el desplazamiento del consumo hacia horarios más convenientes (load shifting) y la reducción de los picos de demanda (peak shaving), especialmente relevantes para empresas sujetas a tarifas diferenciadas por horario o cargos asociados a la potencia contratada.
En estos casos, las baterías permiten almacenar electricidad cuando está disponible a menor costo y utilizarla posteriormente, o reducir la demanda máxima registrada por una instalación.
La evolución de los costos también está modificando las condiciones económicas de estos proyectos. Según un relevamiento de la consultora brasileña Greener, el costo de implementación de sistemas BESS de entre 500 y 1000 kWh cayó 53% entre 2020 y 2025, al pasar de 3,97 a 1,88 reales por Wh. Para 2026, la firma estima un valor de 1,73 reales por Wh.
La expansión comercial acompaña esa tendencia. En Brasil, los fabricantes y proveedores registraron pedidos por 730 MWh de almacenamiento en 2025, un volumen equivalente a lo comercializado durante los cinco años anteriores. Solo entre enero y marzo de 2026 se sumaron otros 504 MWh, hasta alcanzar aproximadamente 1,9 GWh de sistemas vendidos o contratados.
Aunque estas cifras abarcan diferentes aplicaciones y no representan exclusivamente instalaciones comerciales e industriales, muestran la aceleración de un mercado en el que los costos de la tecnología comienzan a facilitar nuevos modelos de negocio.
Qué sectores están impulsando las consultas en Latinoamérica
La demanda también presenta diferencias importantes entre países y actividades económicas.
En México, Solis identifica consultas provenientes de industrias metalúrgicas, fabricantes de aluminio, supermercados y pequeñas y medianas empresas.
En Chile y Perú, uno de los principales sectores interesados es la minería, mientras que en Argentina Rodríguez destacó el potencial de la agroindustria.
En República Dominicana aparecen oportunidades vinculadas con pequeños negocios que requieren soluciones de respaldo de menor escala. Bolivia, por su parte, registra un mayor interés por la energía fotovoltaica combinada con almacenamiento en un contexto de dificultades de abastecimiento energético.
Según el directivo, Chile es actualmente el mercado de mayor volumen de ventas de Solis en almacenamiento C&I, aunque México también presenta oportunidades importantes por la diversidad de aplicaciones industriales.
Este crecimiento encuentra una base potencial en la expansión de la generación distribuida. En México, las estadísticas de la Comisión Nacional de Energía (CNE) registraron 5.164,98 MW de capacidad fotovoltaica distribuida al cierre de 2025, asociados a 600.368 solicitudes atendidas.
Jalisco, estado donde se desarrolló el proyecto de Guadalajara, encabezaba el despliegue nacional de generación distribuida con 747,67 MW y 99.949 solicitudes, considerando el conjunto de tecnologías registradas bajo ese esquema.
La ingeniería, una condición para que el negocio funcione
Rodríguez remarcó que la rentabilidad también está condicionada por el dimensionamiento y la selección de los equipos.
Una empresa que necesita respaldo durante microcortes no requiere necesariamente la misma solución que otra interesada en desplazar varias horas de consumo eléctrico.
Por esa razón, Solis apuesta por sistemas híbridos y arquitecturas modulares que permiten ajustar la capacidad a las características de cada establecimiento, desde pequeñas instalaciones comerciales hasta proyectos de mayor tamaño.
La compañía también identifica oportunidades para soluciones que pueden alcanzar aproximadamente 15 MW de potencia mediante configuraciones modulares, acercándose al límite entre el segmento C&I y aplicaciones de mayor escala.
Sin embargo, el ejecutivo sostuvo que la selección de la tecnología debe comenzar con un análisis de las necesidades del cliente y no exclusivamente con la oferta de un producto.
En esa etapa intervienen los fabricantes, distribuidores, empresas EPC e integradores, cuya participación permite definir las características eléctricas, la instalación y la puesta en marcha.
La experiencia de Guadalajara constituye un ejemplo de ese proceso: una empresa que ya contaba con generación solar y que debió evaluar durante varios meses qué tipo de almacenamiento necesitaba.
Para Rodríguez, el desafío del sector C&I será precisamente traducir las necesidades energéticas de cada industria en proyectos técnicamente viables y financieramente justificables, en un mercado donde las aplicaciones y los modelos de negocio todavía están evolucionando.

