La postergación de la licitación eléctrica de 1500 MW hasta 2027 abrió una ventana que, para el sector renovable hondureño, podría transformarse en una oportunidad para fortalecer el proceso antes de salir al mercado. La lectura positiva del aplazamiento pasa por la posibilidad de corregir aspectos regulatorios, contractuales y técnicos que hoy todavía generan cautela entre potenciales desarrolladores y financiadores.
Desde la Asociación Hondureña de Energía Renovable (AHER) consideraron que avanzar con una convocatoria de esta escala sin resolver ciertas debilidades estructurales podría limitar el resultado del proceso o encarecer futuras inversiones.
“Si el tiempo se usa correctamente para afinar las bases técnicas, mejorar el marco regulatorio, redefinir esquemas contractuales y reconstruir confianza financiera, el proceso podría salir fortalecido y atraer inversiones de mayor calidad a menor costo”, manifestó Eduardo Bennaton, presidente de AHER.
El análisis responde a una lógica concreta: en infraestructura energética, la calidad del recurso ya no define por sí sola el atractivo de un mercado. La estabilidad regulatoria, el cumplimiento contractual y la percepción sobre la capacidad financiera del sistema pesan directamente sobre el costo del financiamiento y sobre la disposición del capital para asumir proyectos de largo plazo.
“Ningún inversionista internacional toma una decisión basándose únicamente en que un país tenga buen recurso solar, hídrico o biomasa. Necesita confiar en las instituciones y tener certeza de que la energía que entregue será pagada”, afirmó Bennaton.
Ese debate adquiere todavía más relevancia porque Honduras atraviesa una etapa de expansión energética más amplia. El país busca avanzar en una transformación de su matriz con una cartera que supera los 3000 MW renovables proyectados, lo que vuelve todavía más importante construir condiciones que permitan materializar ese desarrollo con financiamiento competitivo.
Cabe recalcar que Honduras parte de una posición competitiva poco común en la región: además de los recursos mencionados, el país cuenta con una ubicación estratégica dentro del Mercado Eléctrico Regional, en un momento donde la transición energética acelera oportunidades vinculadas a almacenamiento, redes más flexibles y nueva infraestructura de generación.
Sin embargo, desde AHER advirtieron que ese margen de oportunidad no es indefinido. Si el aplazamiento deriva en indefinición regulatoria o falta de señales concretas, el impacto también podría ser significativo para Honduras.
“Si la pausa se convierte en incertidumbre prolongada, el costo también es real: los mercados internacionales no solo buscan recursos naturales, buscan previsibilidad, transparencia y consistencia institucional”, advirtió Bennaton.
En un contexto donde América Latina acelera reformas para captar nuevos desarrollos energéticos, extender la incertidumbre puede traducirse en pérdida de competitividad frente a otros destinos. El capital internacional evalúa simultáneamente múltiples mercados y prioriza aquellos donde existe mayor claridad sobre reglas, cronogramas y capacidad de ejecución.
Ese riesgo adquiere todavía más peso porque Honduras no compite únicamente por atraer nueva generación, sino por posicionarse dentro de una transformación regional marcada por BESS, redes más flexibles y nuevos modelos comerciales. Una pausa sin hoja de ruta clara podría encarecer financiamiento, reducir interés de potenciales oferentes y retrasar decisiones de inversión que hoy encuentran alternativas en otros mercados.
El desafío aparece si esa pausa se convierte en falta de definiciones. Mientras Honduras revisa su hoja de ruta, otros mercados de la región ya avanzaron con decisiones concretas para incorporar nueva capacidad. Guatemala adjudicó recientemente la PEG-5, mientras Panamá hizo lo propio con los procesos LPI ETESA 01-25 y LPI ETESA 01-26, tras participaciones altamente competitivas del mercado.
Para AHER, el debate de fondo excede el cronograma de una subasta puntual y se conecta con el papel que la energía jugará dentro del desarrollo económico del país.
“La energía ya no es solo ingeniería: es competitividad, industrialización y desarrollo”, concluyó Bennaton.
Lo que Honduras defina en los próximos meses no solo marcará el futuro de esta convocatoria, sino también su capacidad para convertir su potencial renovable en proyectos concretos dentro de un mercado regional cada vez más competitivo.

