El Salvador quiere abrirse camino en el mercado del hidrógeno verde, pero todavía no logra convertir ese interés en proyectos concretos. Aunque el país trabaja en una hoja de ruta regulatoria y evalúa incentivos para atraer inversión, hoy no hay iniciativas en desarrollo y el principal obstáculo sigue siendo económico.
“Estuve en un proyecto de hidrógeno verde que fue descartado porque en ese momento era económicamente inviable”, explicó Carlos Enrique Calderón Menéndez, consultor salvadoreño de Energías Renovables y Eficiencia Energética. La definición expone con crudeza el principal cuello de botella del sector: sin rentabilidad, el mercado simplemente no arranca.
A esa barrera se suma la falta de reglas específicas para ordenar el negocio. “Lo primero es que se publique el reglamento o la ley de incentivos para el hidrógeno verde”, sostuvo Calderón Menéndez. Sin regulación, incentivos claros y una demanda capaz de justificar inversiones, el hidrógeno verde sigue siendo una apuesta de mediano plazo más que una oportunidad inmediata en El Salvador.
Aunque el desarrollo del sector todavía no despega, el país ya incorporó esta tecnología dentro de su planificación energética. “Se está trabajando en lo que es la política y la hoja de ruta del biogás, del biometano y del hidrógeno verde”, explicó Calderón Menéndez. Sin embargo, entre planificación y ejecución todavía existe una brecha considerable. Hoy por hoy, no hay ningún proyecto planeado o anunciado públicamente sobre hidrógeno verde en el país.
Más allá del interés institucional, el gran problema sigue siendo financiero. La experiencia que relató Calderón Menéndez refleja una dificultad que todavía persiste: producir hidrógeno verde sigue siendo caro y difícil de justificar desde el negocio.
“Los números no cuadran en la rentabilidad”, afirmó sobre el proyecto que no avanzó. El consultor también explicó que la competitividad dependerá de mejoras estructurales tanto en costos energéticos como en eficiencia tecnológica.
“Tendría que bajar el costo de producción de la energía eléctrica de fuentes renovables (como la solar fotovoltaica, eólica, hidroeléctrica y geotérmica de alta entalpía) y se tendría que optimizar la producción de hidrógeno mediante tecnologías de mayor rendimiento o menor costo”, indicó.
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El desafío no es menor. Aunque distintos mercados avanzan con pilotos y esquemas de incentivos, en El Salvador todavía no existe una ecuación que permita transformar expectativa en inversión concreta.
Sin regulación no hay mercado.
La otra gran condición pendiente es el marco normativo.
Actualmente, El Salvador cuenta con legislación orientada a energías renovables, pero el hidrógeno verde todavía no está contemplado con reglas propias para producción, comercialización o incentivos.
Por eso, Calderón Menéndez insistió en que el desarrollo del mercado dependerá de avanzar rápidamente en esa arquitectura regulatoria. “La ley que dé la regularización, la normalización de cómo se va a vender, comercializar este producto y sus incentivos. Eso sería lo primordial”, señaló.
Según explicó, el país evalúa mecanismos para atraer inversión privada y generar condiciones similares a las que ya se utilizaron para otras industrias tecnológicas emergentes. Pero incluso con incentivos, el mercado necesita una condición adicional: demanda. La falta de proyectos también responde a la inexistencia de un mercado consolidado capaz de absorber producción.
Para revertir esa situación, consideró indispensable construir una escala comercial. “Generar un mercado nacional y centroamericano del uso de este vector energético”, planteó. La lógica es clara: sin compradores, difícilmente habrá desarrolladores dispuestos a asumir el riesgo.
El Salvador quiere participar del nuevo mercado energético que promete el hidrógeno verde. Pero si la pregunta es qué falta para despegar, la respuesta todavía parece bastante concreta: regulación, demanda y una rentabilidad que finalmente convenza al mercado.

