El Grupo Banco Mundial activó un paquete de USD 1060 millones para acelerar la descarbonización de las industrias intensivas en energía de Brasil, con foco en sectores estratégicos como acero, cemento, químicos, aluminio y vidrio.
La operación combina un préstamo de USD 1000 millones del Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF) con otros USD 60 millones del Fondo de Tecnologías Limpias, que serán canalizados a través del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social de Brasil (BNDES).
La iniciativa busca además utilizar esos recursos para movilizar otros USD 1800 millones en financiamiento para el desarrollo y el comercio, llevando el volumen potencial asociado al programa hasta alrededor de USD 2860 millones.
El objetivo es reducir el riesgo de las primeras inversiones en tecnologías industriales bajas en carbono y generar condiciones para que una mayor participación de capital privado llegue a medida que esos mercados maduren.
Brasil busca aprovechar así una de sus principales ventajas competitivas: una matriz eléctrica con elevada participación de fuentes renovables para reducir la huella de carbono de productos industriales y fortalecer su posición en mercados internacionales.
El programa acompañará además el objetivo brasileño de reducir en 30% la intensidad de gases de efecto invernadero del PIB industrial hacia 2033.
“La matriz energética limpia de Brasil es una de sus mayores ventajas competitivas”, sostuvo Cécile Fruman, directora del Banco Mundial para Brasil.
“Este proyecto busca transformar esa ventaja en un motor de transformación industrial que reduzca las emisiones, atraiga inversiones y cree empleos de calidad en las industrias del futuro”, agregó.
El esquema se estructura alrededor de tres grandes áreas de inversión.
La primera está vinculada con materias primas industriales bajas en carbono. Los recursos podrán dirigirse a proyectos en las cadenas de acero, cemento, vidrio, productos químicos y aluminio, con el objetivo de reducir emisiones sin perder competitividad.
En estos sectores, donde buena parte de las emisiones procede tanto del consumo de energía como de los propios procesos industriales, la transición requiere inversiones que van más allá de contratar electricidad renovable.
La segunda pata estará concentrada en combustibles bajos en carbono, con alternativas como combustible sostenible de aviación (SAF), e-metanol, biometano y otros vectores destinados principalmente a actividades difíciles de electrificar.
Parte del objetivo será ampliar la disponibilidad de combustibles capaces de reducir emisiones en sectores como aviación y transporte marítimo.
Hidrógeno y amoníaco entran en la infraestructura compartida
La tercera área contempla activos de uso común que puedan ser utilizados por varios proyectos industriales al mismo tiempo.
Entre ellos aparecen sistemas de almacenamiento de hidrógeno verde y amoníaco, además de gasoductos e infraestructura compartida para transportar y distribuir esos insumos.
La lógica es reducir una de las barreras que enfrentan las nuevas tecnologías: cada proyecto no tendría que desarrollar por separado toda la infraestructura necesaria para acceder a combustibles o materias primas bajas en carbono.
Este tipo de activos podría permitir la aparición de polos industriales donde diferentes consumidores compartan infraestructura y reduzcan el costo individual de avanzar hacia procesos de menores emisiones.
El papel del BNDES será central. El banco de desarrollo brasileño cuenta con una cartera de financiamiento cercana a R$ 585 mil millones y funcionará como vehículo para llevar los recursos hacia proyectos y cadenas productivas.
La apuesta del Banco Mundial pasa por utilizar esa capacidad para reducir el riesgo inicial y demostrar que determinados proyectos industriales verdes pueden alcanzar viabilidad comercial.
A partir de allí, el objetivo será atraer bancos, inversores y otras fuentes privadas para ampliar la escala de las inversiones sin depender exclusivamente de recursos públicos o multilaterales.
El programa busca, en definitiva, trasladar la transición energética brasileña a un nuevo frente: pasar de una matriz eléctrica renovable a una industria capaz de utilizar esa energía y nuevos combustibles limpios como ventaja competitiva.
Con USD 1060 millones de financiación inicial y otros USD 1800 millones que se espera movilizar, Brasil contará con una nueva herramienta para acelerar proyectos en algunos de sus sectores de mayor consumo energético y más difíciles de descarbonizar.
