Argentina podría evitar inversiones por USD 3000 millones en nueva capacidad térmica si acelera el desarrollo de la generación distribuida, ahorros que se podrían traducir en inversiones para las renovables.
Esa es una de las principales conclusiones del informe “Escalando la generación distribuida a través de fuentes de energía renovables en Latinoamérica”, presentado por la Cámara Argentina de Energías Renovables (CADER) y elaborado por Grupo Mercados Energéticos (GME).
El dato cobra mayor relevancia cuando se contrasta con la situación actual: el país apenas acumula 149,3 MW instalados y repartidos entre 4423 usuarios-generadores, tras casi diez años desde la publicación de la Ley N° 27.424.
“Además, habría un ahorro de combustibles de 3,5 millones de m3 x día y reducción de emisiones en CO2, estimado en 2,5 millones de toneladas. Ese beneficio del ahorro de emisiones, dependiendo del escenario, se traduce en un potencial premio hacia el precio de las energías renovables”, indicó. Julia Irene Carruthers, energy market intelligence de Grupo Mercados Energéticos (GME).
El informe plantea tres escenarios de evolución de la generación distribuida hacia 2030, variando desde 760 MW a 5000 MW de capacidad operativa.
En el primer escenario tiene una proyección de 760 MW, bajo la continuidad de la tendencia actual de incremento moderado año tras año, por lo que no representa grandes cambios y mantiene la normativa vigente y el sinceramiento tarifario tal como ya viene ocurriendo.
El escenario N°2 es más “agresivo”, de modo que la GD podría alcanzar alrededor de 3,4 GW para el final de la década, con fuerte expansión impulsada por la estabilidad macroeconómica, caída de costos, financiamiento y proyectos comunitarios.
Mientras que el tercer escenario apunta 5 GW al año 2030, con máxima penetración, pero que “requiere cambios regulatorios profundos” como el pasaje hacia la metodología net-metering en lugar de net-billing.
La discusión no es menor. El esquema actual limita la velocidad de crecimiento de un segmento que en otros mercados avanza con incentivos más agresivos y mayor previsibilidad financiera.
Además del ahorro en infraestructura convencional, el informe identifica valor económico agregado directo. El beneficio asociado a emisiones evitadas podría representar entre USD 7 y USD 13 por MWh, mientras que el ahorro de combustibles fósiles aportaría entre USD 2,56 y USD 3,37 por MWh.
A eso se suma el impacto sobre empleo local, de modo que según el estudio, ese componente económico agrega entre USD 30,33 y USD 30,87 por MWh.
La señal es clara: la generación distribuida no aparece únicamente como herramienta de descarbonización, sino como una alternativa económicamente competitiva para reducir costos sistémicos.
Otro dato técnico relevante es su contribución operativa. De acuerdo con el informe, 31 de las 35 horas de máxima demanda registradas en el Mercado Eléctrico Mayorista coincidieron con períodos de irradiación solar.
“La generación distribuida no sólo ofrece beneficios ambientales como ahorro de combustibles, sino también tiene la ventaja de ayudar en la seguridad del sistema y no comprometer recursos propios”, remarca Carruthers.
CADER endurece el mensaje hacia el Gobierno
Durante la presentación del estudio, CADER se pronunció con un planteo más político y directo: “No hay motivo para que las autoridades no sean más ambiciosas en que la generación distribuida vaya más rápido”, sostuvo Marcelo Álvarez, presidente de la entidad.
El ejecutivo cuestionó que el Gobierno evalúe mecanismos de remuneración para reducción de demanda mientras no acelera una alternativa que, según el sector, abarata estructuralmente el sistema.
Por lo que el mensaje de CADER apunta a cambiar el eje del debate energético y que no sólo sea una cuestión ambiental, sino también de negocio a partir de la mejora económica para el país.
En la misma línea, Martín Dapelo, miembro de la Comisión Directiva y coordinador del Comité de Financiamiento de CADER, insistió en que el discurso hacia el poder político debe cambiar.
“Estamos en un contexto mundial donde las renovables son el mejor negocio para generar energía. Cuando tenemos que hablar a nivel de autoridades nacionales no hablemos de ambientalismo o de reducción de emisiones, sino que hablemos de los números”, concluyó.

