La crisis que está desatando el COVID-19 generó la devaluación de muchas economías del mundo, además de su contracción. En el caso de Colombia, el tipo de cambio aumentó en más de un 20%.

Sin dudas este fenómeno genera efectos sobre los contratos de energías renovables celebrados el año pasado en la subasta a largo plazo, donde se adjudicaron 9 proyectos eólicos y solares por más de 1.300 MW. El motivo principal es porque las ofertas –muy competitivas– fueron en pesos.

Pero también el aislamiento social está generando un impacto más amplio, en este caso se suman la totalidad de emprendimientos adjudicados sobre la licitación de Cargo por Confiabilidad, por más de 4.000 MW donde se incluyen proyectos de energías renovables no convencionales.

Para analizar estos temas, Energía Estratégica dialogó con el Exdirector Ejecutivo de Ser Colombia y actual Director Óptima Consultores, Alejandro Lucio.

¿Cómo afecta la devaluación al acceso al financiamiento de los proyectos?

Todo el financiamiento de proyectos seguramente no sean pesos…

¿Eso es porque hay costos dolarizados, como por ejemplo de equipos?

Sí, pero también por la disponibilidad de la banca local para financiar proyectos de energía renovable a gran escala.

Hay que considerar que este es un mercado nuevo y en este momento no hay una disponibilidad tan grande de recursos como para abarcar todos los proyectos que están en desarrollo.

Entonces, es muy seguro que parte de la financiación sea en dólares, proveniente probablemente de la banca multilateral, y es allí donde impacta la devaluación.

Los PPAs venían referidos a una tasa de cambio que en un escenario muy exagerado era del orden de los 3.500 pesos. A esta devaluación, en un período tan corto, no se la esperaba nadie.

Entonces, si uno previera que estos valores en la tasa de cambio van a persistir en, el impacto en la TIR (retorno del proyecto) será muy grande. Pero si llegara a ser un choque temporal y luego el dólar baja en el mediano plazo, eso aliviaría el impacto. Pero sin duda esta devaluación es un problema, porque no estaba en los cálculos de nadie.

¿El impacto en la TIR sería de aproximadamente de un 20%, en relación al salto devaluatorio?

No necesariamente, sino que puede ser mayor. Porque la TIR de un proyecto es el resultado de una proyección de flujos de lo que dura el contrato, que en este caso es a 15 años. Entonces hay que asumir un impacto más grande en el largo plazo, dependiendo de cuáles sean los escenarios de la tasa de cambio de aquí en adelante.

Alejandro Lucio, Director Óptima Consultores

¿Hay expectativas de que el dólar baje en las próximas semanas o meses?

En este momento nadie puede prever eso. Pero si uno supone que en los próximos meses la situación de aislamiento social cambia y se activa la economía, eso implicará una reducción en la tasa de cambio. Pero hay mucha incertidumbre.

Además, hay que considerar que la fuerte caída del precio del barril de petróleo Brent, que es la referencia para Colombia, genera un golpe duro para los ingresos del país. Si el barrril baja más, tendremos más devaluación. Y es algo que no se puede prever.

¿Pero si sube se fortalece el peso?

Exacto. Uno tiende a pensar que en la medida que el mundo empiece a salir del aislamiento va haber un fortalecimiento de la demanda, los commodities podrán recuperar algo de lo que han perdido en precios y, en esa medida, la tasa de cambio va a bajar. Ese es un escenario a esperar pero que no se sabe cuánto va a demorar.

Los adjudicatarios de proyectos de energías renovables, junto a cámaras empresarias, solicitaron prórrogas en sus obligaciones de contrato. ¿Qué opina sobre esto?

Este es un tema complejo no sólo para los proyectos de energías renovables sino para todos los proyectos. Por ejemplo, los emprendimientos adjudicados en la subasta de Cargo por Confiabilidad que fueron asignados el año pasado.

Es natural que se estén pidiendo prórrogas por todo esto que está sucediendo. Creo que el Gobierno esperará ver cómo irán evolucionando los acontecimientos y, en base a eso, tomará una decisión. Porque es muy difícil que haya una determinación a corto plazo de cuánto es lo que se va aplazar si todavía no hay claridad sobre cuánto va a durar la cuarentena.

Pero el tema es más complejo. Aplazar los proyectos tiene implicaciones en la confiabilidad para el sistema. Quiero decir, las subastas de renovables y la de Cargo por Confiabilidad son de expansión del sistema y se realizan sobre la base de que se necesitará nueva generación para un periodo de tiempo específico, por el hecho del crecimiento de la demanda poblacional.

En estos momentos está cayendo la demanda. Pero no sabemos si en el 2023 o 2024, que es cuando deberán entrar en operación estos proyectos, vamos a tener una demanda deprimida.

Si los proyectos no entran y la demanda para esa época es la prevista podemos tener problemas de confiabilidad; es decir, que no haya suficiente energía para atender a la demanda. Y ese es un problema a tener en cuenta a la hora de otorgar prórrogas que seguro el Gobierno está analizando.