El objetivo final de Panamá es alcanzar cero emisiones netas a mediados de siglo. Acompañarán el cambio nuevos proyectos de energías renovables, como eólica y solar, y el desplazamiento de la totalidad de las generadoras a carbón.

Un año clave para determinar si las metas se irán cumpliendo es el 2024. En tres años, desde la Secretaría de Energía estiman tener operativos al menos 746 MW renovables. Mientras que desde el Ministerio de Ambiente calculan el cierre o reconversión definitivo de unos 400 MW altamente contaminantes.

En este escenario, entraron en jaque la Planta Termoeléctrica Bahía las Minas (120 MW) y la Central Termoeléctrica Cobre Panamá (300 MW).

Recientemente, por decreto se autorizó a la República de Panamá, a través del Ministerio de Economía y Finanzas, acceder a ser propietaria de acciones de la empresa Bahía las Minas Corp. permitiéndole determinar el cese y cancelación de la operación de la empresa, licencias y contratos de concesión.

El gran pendiente ahora sería la Central termoeléctrica Cobre Panamá, pero -según precisaron fuentes del gobierno a este medio- las negociaciones para definir su futuro estarían avanzando.

“La última generadora de carbón que había en Panamá es Bahía las Minas que ya cerró, la que queda es la autogeneradora de Minera Panamá (Cobre Panamá) -que produce para autoconsumo solamente- y está en negociación su transformación en el marco de la negociación para la renovación de la concesión”, precisó a este medio Ligia Castro de Doens, directora de Cambio Climático del Ministerio de Ambiente (MiAmbiente) de Panamá.

Para el sector público y privado aquellas negociaciones son cruciales. Hay quienes advierten que la «demanda» (kW/mes) de la central pendiente de cerrar o reconvertir está afectando no sólo por las emisiones que genera sino por sus costos de energía que repercuten al país, ya que al considerarse dentro de la “Demanda total” impacta los respaldos del sistema.

Hablando de costos, también se alerta por valores cuantiosos en la adquisición de Bahía las Minas asumiendo una cifra mayor a la de la venta inicial con un adicional para cancelar los compromisos asumidos (ver detalle).

Adicionalmente a las problemáticas identificadas sobre las centrales antes mencionadas, un proyecto de Coal Power también genera incertidumbre en el sector. Aún no hay posiciones oficiales al respecto, pero ha trascendido la posibilidad de que se reflote su emblemático proyecto a carbón contrapuesto a los nuevos objetivos de mitigación.

Para una recuperación verde de su economía Panamá debería ir en sentido contrario al carbón. Aquello deberá ser expresado dentro de los lineamientos de la Agenda de Transición Energética 2020-2030 que incluyen acceso universal a la energía, eficiencia, movilidad eléctrica, generación distribuida e innovación del sistema interconectado nacional.

De aquellos, el único lineamiento que ya tiene desarrollada y aprobada su implementación es el de movilidad eléctrica. No obstante, las previsiones del gobierno es que los cuatro que faltan -que se están desarrollando simultáneamente- estén listos antes de que culmine este año.

Es relevante hacer mención a aquello,  ya que aún no se indica cómo se impulsarán los nuevos proyectos de energías renovables, qué modelo energético se perseguirá lograr y qué nuevas tecnologías de generación acompañarán a la descarbonización.

Hasta tanto haya novedades, el compromiso actual de la República de Panamá en tal sentido es lograr que el 30% de la capacidad instalada de la matriz eléctrica sea de energías renovables no convencionales como eólica y solar.