La energía no es ajena a la crisis global causada por la Pandemia del COVID-19 como lo revela, por ejemplo, la volatilidad de los precios mundiales del petróleo.

En este contexto tan difícil, vale la pena preguntarse respecto al presente y al futuro del sector eléctrico argentino y a la potencialidad de este momento para convertir a la crisis en una oportunidad.

La volatilidad de los precios de los commodities energéticos y la presencia actual y, eventualmente futura, de crisis sanitarias y climáticas disruptivas, aconsejan seguir apostando por la diversificación de la matriz eléctrica como la mejor forma de garantizar la seguridad y continuidad del suministro en el largo plazo.

En esta diversificación, considero importante preservar la potencia térmica disponible y evaluar su expansión y/o renovación futura, de cara al aprovechamiento eficiente de los recursos no convencionales de gas natural que tiene el país, así como considerar el rol de la energía nuclear e hidroeléctrica de gran porte, tecnologías ambas en las que nuestro país tiene una tradición muy valiosa que debe ser aprovechada.

Por otra parte, las renovables, tanto de gran porte, como distribuida, son parte esencial de esta estrategia de diversificación; además de contribuir a una matriz sustentable y autosuficiente, y a la integración de valiosas cadenas industriales y de provisión local, creadoras de empleo y de valor agregado argentino.

En el contexto actual, sin descuidar otras formas, creo que es conveniente fomentar la modalidad distribuida de fuente renovable como un nuevo paradigma, tal como correctamente lo hace la legislación argentina en la materia ya que:

1) Tiene una regulación legal vigente completa y detallada, que goza de consenso político y jurisdiccional.

2) Fortalece la autosuficiencia y resiliencia de los usuarios en un contexto de restricción de movimientos de personas y bienes por cuestiones sanitarias y/o climáticas.

3) No requiere de inversiones significativas de capital, ni su concentración en pocos actores, descentralizando y dispersando tal decisión en un conjunto diverso y variado de agentes, con barreas de ingreso relativamente bajas, además de no requerir de infraestructura nueva en el corto plazo.

4) Fija un nuevo objetivo a largo plazo que, a su vez, contribuye a la penetración de las renovables en el sistema eléctrico y colabora con el objetivo nacional en la materia, diversificando la matriz eléctrica.

5) Permite generar energía eléctrica cerca de los centros de consumo, reduciendo pérdidas durante su distribución.

6) En conjunto con otras tecnologías como el almacenamiento, la medición inteligente, la gestión de la demanda y la movilidad eléctrica, puede contribuir a crear una red más robusta y ayudar a diferir ciertas inversiones de capital en los segmentos de redes de baja tensión.
Yendo un poco más allá de la generación distribuida, es importante destacar algunas necesidades relevantes del sector eléctrico en el corto plazo que son las siguientes:

a) Preservación y recomposición de la cadena de pagos y de la sustentabilidad económico-financiera de corto y de largo plazo de los distintos actores del sector.

b) Finalización de la emergencia de la Ley 27.741 en el lapso legalmente previsto y funcionamiento del sector conforme a la Ley 24.065.

En cuanto a las energías renovables en general, se puede sugerir la consideración de los puntos siguientes para una agenda de corto plazo:

A. Posibilidad de la prórroga de plazos para la habilitación comercial e hitos intermedios en contratos con estructuración y/o construcción en marcha afectados por la crisis sanitaria y medidas adoptadas en consecuencia, tanto en el exterior como en el país.

B. Evaluación de una definición de pautas de salida y/o renegociación voluntaria para contratos que no tenían actividad con anterioridad al 12 de marzo de 2020 (fecha de declaración de crisis sanitaria) evaluando las particularidades de cada caso, pero con aplicación de criterios homogéneos y no discriminatorios.

Respecto a aspectos de mediano y largo plazo, se plantean algunos elementos posibles para una visión integral del sector, considerando objetivos de diversificación, seguridad, economía y sustentabilidad:

I. Definición de modalidades para la expansión de infraestructura de transmisión y con tal determinación, planificación de la forma a ser empleada para la instalación de potencia adicional de renovables necesaria para el cumplimiento del objetivo legal del 20% del consumo para 2025.

II. Evaluación técnica y económica de una ampliación del objetivo de consumo antes mencionado con posterioridad a 2025.

III. Continuidad de la diversificación de la matriz eléctrica y evaluación del rol de tecnologías térmicas eficientes, energía nuclear y centrales hidroeléctricas en tal objetivo.

IV. Evaluación de la incorporación y despliegue de tecnologías innovadoras que permitan robustecer el sistema y complementar el desarrollo de la energía distribuida, incluyendo almacenamiento, medición inteligente, gestión de demanda y movilidad eléctrica.

V. Evaluación de oportunidades para profundizar la integración energética y eléctrica regional y los intercambios de oportunidad y de largo plazo de gas natural destinado a generación, y energía eléctrica en sí misma, con países vecinos.

La energía, como industria de largo plazo por excelencia, es a la vez un sector estratégico en la coyuntura actual. En tal sentido, se propone pensar en la energía con una mirada que atienda tal coyuntura, sin descuidar la visión estructural que es indispensable para un desarrollo sostenible hacia el futuro.

En el presente se han sugerido de modo muy sintético algunos ejes temáticos que buscan contribuir a una agenda sectorial enfocada en la actualidad y en el futuro, con miras a identificar problemas y pensar soluciones de modo consensuado entre todos aquellos con interés en una cuestión central para nuestro país en un contexto por demás desafiante, buscando convertir a la crisis en una nueva oportunidad.