¿Qué actividades están realizando desde el INTA ahora que muchas plantas ya se encuentran operativas? 

Venimos trabajando en el análisis integral de aquellas plantas en funcionamiento. Empleamos un approach de las tecnologías desde el análisis de ciclo de vida, donde tratamos de evaluar los balances energéticos, las emisiones de gases de efectos invernadero, las huellas hídricas de las plantas en funcionamiento, para así tener una evaluación de todo el conjunto, del impacto y plantear mejoras.    

¿Qué desafíos se presentaron? 

Fundamentalmente cuando hablamos de plantas de arriba de 1MW –que, si bien desde el punto de vista eléctrico son plantas chicas, en biomasa son de gran tamaño–, implican un volumen de traslado y de logística muy importante, tanto en el material de carga de los digestiones como también de los efluentes que salen del digestor. Y allí pueden aparecer problemas.

¿Se pueden prever?

Es necesario un análisis más pormenorizado de este tipo de plantas y verlas en conjunto dentro de un sistema productivo, entender cómo se enlaza, cómo se obtienen diferentes ingresos a partir de la utilización del upgrading del efluente y no estar colgado de una tarifa eléctrica muy beneficiosa como pueden ser USD$ 160 a USD$ 180 el MW, que la sociedad no lo puede pagar en el largo término y que tampoco puede competir con otras opciones renovables, como solar y eólica que tienen precios descendentes muy competitivos.

Las bioenergías son tecnologías que no están hechas para competir eléctricamente, sino una tecnología integral en la que hay que invertir, aplicar conocimiento y desarrollo para poder lograr la sustentabilidad del negocio y en el tiempo.

¿Cómo se hace para lograr la sustentabilidad del negocio? 

En principio, hay que estudiar muy bien la distancia desde la cual proviene la biomasa, la calidad y la característica de la transitabilidad de las vías de comunicación a lo largo de los 365 días del año, para evitar que tengamos problemas de corte en la alimentación de la materia prima. 

Así también, del lado del efluente es un tema al que pocas veces se le presta la debida atención. Prácticamente tenemos el mismo volumen que entra y el mismo volumen que sale. Hay que darle una disposición final, si bien es un producto estabilizado si el diestro está funcionando bien hay que darle un destino. 

¿Cuál sería el paso siguiente  en el aprovechamiento del efluente? 

Es ver a partir de un efluente dado qué otros productos podemos generar, realizar una separación de fracción sólida y de fracción líquida, impulsar la obtención y desarrollo de fertilizantes foliares, entre otros.  Si el fin es fertilización hay que emplear cierta tecnología para aplicar correctamente eso al suelo porque sino lo que tenemos como consecuencia son emisiones de dióxido nitroso muy importantes a la atmósfera y grandes perdidas de nitrógeno que redundan en un deterioro de las características que tiene ese efluente. 

En la fas sólida se debe ver si hay calor térmico excedente de los motores de generación y si es posible hacer un proceso de pasteurización y, por ejemplo, utilizar eso como camas para animales, ahora que cada vez es más la cantidad de animales confinados para producción. 

¿Podría mencionar un caso de éxito?

Sí. Una planta en Rio Cuarto que hemos analizado y se ha reconvertido. Esta pasó de usar un cultivo energético que realmente es un tema bastante cuestionable desde el punto de vista de la sustentabilidad en el tiempo, a emplear mayor proporción de residuos. Esta planta de generación de biogás lo logró cuando se integró con otra planta industrial de modo tal de hacer un aprovechamiento no sólo eléctrico, sino eléctrico-térmico.