La incorporación de sistemas de almacenamiento con baterías (BESS) está modificando uno de los principios históricos de la industria fotovoltaica. Si durante años la competencia entre proveedores y desarrolladores giró en torno a reducir el CAPEX, el nuevo escenario obliga a ampliar la mirada y evaluar cómo impactarán las decisiones de diseño, ingeniería y operación sobre la rentabilidad del activo durante toda su vida útil.
Ese cambio de paradigma fue uno de los principales mensajes que dejó Ángel Alegría, director comercial de Schletter para Iberia y Latinoamérica, durante su participación en Future Energy Summit (FES) México: "Hay que dejar de fijarse nada más en el CAPEX, porque la rentabilidad ya no está en la compra inicial; la rentabilidad está en la operación de ese activo, que ahora es mucho más costoso durante los años de vida del proyecto".
En ese contexto, el ejecutivo manifestó que los inversionistas comenzarán a privilegiar indicadores capaces de reflejar el desempeño económico del proyecto durante décadas.
"Los desarrolladores cada vez se van a fijar más en el costo nivelado de energía en los 25 o 30 años que va a durar la planta, para realmente utilizar esta métrica que sí balancea correctamente el CAPEX y el OPEX y nos da una visión clara de la rentabilidad que vamos a tener en el proyecto", afirmó el representante de la fabricante alemana de estructuras fijas y trackers.
La evolución del mercado comienza a respaldar ese cambio de enfoque. A medida que los sistemas BESS dejan de ser un complemento para convertirse en un componente central de las nuevas licitaciones renovables, la discusión deja de centrarse únicamente en el costo de construcción y se traslada hacia el desempeño operativo de los activos durante toda su vida útil.
México es uno de los mercados donde esa transición empieza a materializarse. La Secretaría de Energía (SENER) trabaja en nuevas convocatorias para proyectos renovables asociados a la Comisión Federal de Electricidad (CFE), donde el almacenamiento tendrá un rol protagónico ya que los proyectos tienen un requisito mínimo del 30% de capacidad de baterías de 3 horas mínimo, además de procesos específicos para sistemas de almacenamiento, una señal que confirma el cambio de paradigma en el desarrollo de nueva capacidad.
La tendencia también gana terreno en el resto de América Latina. En Guatemala, la licitación PEG-5 adjudicó 1505 MW distribuidos en 57 proyectos, de los cuales 1102 MW corresponden a energías renovables, incluyendo 713 MW solares con baterías, una de las mayores incorporaciones híbridas de Centroamérica.
En Colombia, la próxima subasta de contratación de energía limpia incorporará productos específicos para proyectos solares y almacenamiento con baterías, mientras que República Dominicana prepara una convocatoria destinada exclusivamente a incorporar 200 MW de sistemas BESS en plantas solares existentes.
Por su parte, Argentina impulsó la licitación AlmaSADI para incorporar 700 MW de almacenamiento en nodos críticos de la red; Brasil avanza hacia su primera subasta específica para baterías; y Chile consolida uno de los mercados más dinámicos del continente con más de 2 GW de almacenamiento operativo y una cartera superior a 14 GW en evaluación ambiental.
La ingeniería también cambia con la incorporación de BESS
La evolución del modelo de negocio no sólo modifica la evaluación financiera. También transforma la manera en que se diseñan las plantas fotovoltaicas. Para Alegría, la llegada del almacenamiento obliga a contemplar variables que hace pocos años tenían un peso mucho menor dentro de la ingeniería de un proyecto.
El primer desafío pasa por la mitigación de riesgos. La expansión de la energía solar hacia zonas con condiciones más exigentes hace que las estructuras deban responder a escenarios cada vez más complejos.
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"Ya las topografías a las que nos enfrentamos no son las ideales. Tenemos topografías mucho más complicadas que requieren una adaptación al terreno. También tenemos el riesgo sísmico y terrenos con mucha mayor salinidad", explicó.
A ello se suman fenómenos climáticos que condicionan el diseño estructural desde las primeras etapas del proyecto.
"Tenemos zonas en México con alta carga de viento, por lo cual las estructuras deben ser capaces de resistir esto durante la vida útil de los proyectos", agregó.
El segundo eje aparece con la propia integración del almacenamiento. La incorporación de baterías implica nuevas obras civiles, mayores exigencias constructivas y cronogramas más ajustados, lo que obliga a simplificar los procesos de instalación.
"Los desarrolladores están exigiendo que colaboremos para mejorar esa instalación y reducir las complejidades que esto está trayendo", señaló.
Del precio del acero a la disponibilidad del activo
Según Alegría, esa transformación también cambia el rol que juegan las estructuras dentro de una planta fotovoltaica. Si antes el objetivo era reducir el costo del suministro, ahora cobran mayor importancia aspectos vinculados con la disponibilidad operativa y la reducción de mantenimientos no programados.
"Ya no podemos fijarnos nada más en el CAPEX. También tenemos que fijarnos en cuál va a ser la operativa de la planta, porque rápidamente errores, mantenimientos no programados y paradas de máquina pueden impactar definitivamente la disponibilidad del activo y, por lo tanto, la rentabilidad del mismo", advirtió.
Con este panorama, Schletter trabaja en optimizar tanto el diseño como los materiales utilizados en sus estructuras. La estrategia apunta a incrementar la resistencia frente a la corrosión, mejorar el aprovechamiento estructural de los perfiles y reducir peso sin comprometer la robustez del sistema.
"No es lo mismo ir con un perfil al 50% de aprovechamiento que al 80%. Esto nos permite reducir el peso de nuestras estructuras sin comprometer la robustez de las mismas", explicó.
En paralelo, la compañía desarrolla soluciones orientadas a disminuir los tiempos de montaje, uno de los factores que gana relevancia a medida que aumentan la complejidad y la escala de los proyectos híbridos.
"Estamos trabajando en una estructura que va a poder ser montada prácticamente sin herramientas y reduciendo muchísimo los tiempos de instalación", adelantó Alegría.
Más allá de la evolución tecnológica, el ejecutivo sostiene que el principal cambio será conceptual. A medida que el almacenamiento se consolide como parte habitual de los proyectos solares, el éxito de una planta dependerá menos del costo de adquisición de cada componente y cada vez más de su capacidad para mantener altos niveles de disponibilidad y rentabilidad durante décadas.

