De los 9 proyectos eólicos, por 1584 MW, adjudicados durante el año 2019 en las subastas a largo plazo de energías renovables y la de Cargo por Confiabilidad, son tres los que avanzan sin mayores inconvenientes.

Por un lado, el parque eólico Windpeshi, de 200 MW, de Enel Green Power; por otro, Alpha, de 212 MW, y Beta, de 280 MW, ambos de EDPR. Estos casi 700 MW estarían operativos durante el 2023, aunque hay expectativas de que alguno de ellos se adelante para finales de este mismo año.

Como contracara, se encuentran los proyectos Casa Eléctrica (180 MW) y Apotolorru (75 MW), de AES Colombia; y Tumawind (208 MW) y Chemesky (99 MW), de Enel, que no dependen tanto de su propia construcción y puesta en funcionamiento, sino de la línea eléctrica que les permitirá despachar su energía al centro del país: la Colectora I.

Se trata de una obra de gran envergadura, que recorrerá 475 kilómetros desde el centro-norte de La Guajira hacia el centro-sur del Cesar, y entraría en operaciones durante el 2024, según indican fuentes a Energía Estratégica.

Esto provocaría que los 550 MW eólicos que dependen de ella recién puedan inyectar energía cuando esté lista la mega obra.

Según el pliego de licitación de la Colectora I, publicado en junio del 2017, la fecha de inicio de operación de la subestación en 500 kV, más sus líneas asociadas, era antes del 30 de noviembre de 2022.

Pero fuentes al tanto de todo el proceso cuentan que Grupo Energía Bogotá (GEB), adjudicataria de la obra, se vio fuertemente afectada por las extensas negociaciones con los propietarios de los terrenos (consultas previas) donde se ubicará la subestación y por pasará la línea.

La empresa requiere de acuerdos con más de 200 comunidades. Lo han logrado con unas 140 a pesar de la pandemia del COVID. Pero restan otras 70 para concluir con este procedimiento, que son catalogadas como las “más difíciles” porque entre ellas tienen conflictos internos, lo que suma aún más complejidad.

Una vez que se cierre todo el trámite de consultas previas, GEB conseguiría un paso clave para su licenciamiento ambiental. Con esta tramitación aprobada por la ANLA, recién podría comenzar la construcción de la línea.

“La empresa se ha manejado con toda la paciencia y los requerimientos que esto demanda; pero los tiempos de La Guajira no son los tiempos del proyecto”, advierte la fuente.

Y explica: Hay que respetar las costumbres y decisiones de los Wayúu (comunidades locales), pero queremos que sean procesos más acelerados porque sabemos que el desarrollo de estos proyectos genera mejoras para todos ellos”.

Cabe recordar que para acelerar estos procesos de consultas previas y acondicionar los territorios del norte colombiano para que pueda emplazarse no solo la Colectora, sino los proyectos de energías renovables a montarse allí, el Gobierno junto a las empresas creó un espacio denominado ‘Mesa de La Guajira’ para tratar estos temas. Según las fuentes, el espacio es indispensable para el éxito de esta tarea.

Nueva obra

Por otra parte, desde la UPME están trabajando en el lanzamiento de una licitación para otra línea eléctrica que vaya desde La Guajira al centro del país, la cual contará con tecnología de punta: Será en corriente continua de alta tensión (HVDC).

El trazado de esta línea aún está en evaluación y se está evaluando la posibilidad de que tenga tramos submarinos, para reducir la cantidad de consultas previas. Desde el Gobierno contemplan que una línea de esta envergadura permitirá transportar grandes volúmenes de energía renovable proveniente del norte colombiano.

Por caso, Chile está desarrollando un proyecto de las mismas características, denominado Kimal-Lo Aguirre, la cual es capaz de transportar 3.000 MW nominales, aproximadamente el doble que Colectora I.