En el bañado que se extiende a la vera de la Avenida del Petróleo, continuidad de la avenida 60 en tierras berissenses, hace siete años aterrizó un ejército de obreros de la construcción y enormes máquinas que comenzaron a dar forma a un ultramoderno edificio circular. Nacía Y-TEC (YPF Tecnología).

Hoy, allí, 250 investigadores, en 47 laboratorios, reproducen las condiciones microscópicas y macroscópicas del suelo de Vaca Muerta para mejorar su rendimiento, desarrollan productos 100% biológicos para mejorar la producción de los campos argentinos, inventan una membrana que separa el agua de los hidrocarburos, trabajan con el litio (el oro blanco) apuntando a optimizar materiales e idean la forma de masificar las energías renovables. Y un largo etcétera en materia de innovación y desarrollo (I+D).

Operativo en su actual sede desde agosto de 2016, Y-TEC es el resultado de una inédita combinación entre YPF, la compañía de energía más grande de la Argentina (51% de la nueva empresa) y el gigantesco capital científico del Conicet (49%). Ideado como “el brazo tecnológico” de la petrolera, se erigió en el centro de investigación aplicada más grande del país y uno de los cinco más grandes de Latinoamérica.

Un centro que intercambia conocimientos, mano a mano, con el prestigiosísimo Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), el Fraunhofer alemán, con institutos de universidades de todo el país y los 27 centros Conicet distribuidos en el territorio nacional. Es una apuesta argenta sin precedentes. Vale (y mucho) la pena recorrerlo.

El edificio es impactante. “Como aquí todos los proyectos son interdisciplinarios, la estructura circular está pensada en ese sentido, al igual que en las principales empresas del mundo que apuestan a la innovación”, explican en el centro, mientras en los pasillos se cruzan inevitablemente -efecto buscado- investigadores e investigadoras de todas las ramas de la ciencia ligadas a las energías.

En una sala de reuniones, el gerente general, Santiago Sacerdote, disparó a media mañana del viernes que “en el país no había nada así. De hecho, no hay muchas empresas de tecnología argentinas, y hasta el nacimiento de Y-TEC no existía ninguna especialmente enfocada en la industria energética”.

Pero fue más allá

“Somos una empresa también innovadora en su modelo accionario. Es una novedad mundial la unión de la empresa de energía más grande de un país (YPF) con el principal organismo de promoción de la ciencia y la tecnología (Conicet)”, realzó.

Sacerdote explicó que “Y-TEC habla de la gran apuesta de YPF en su fuerte proceso de transformación: de una compañía de energía convencional hacia una empresa de energía integral. De sólo petróleo a energías renovables, eólica, solar, YPF luz, litio. Trabajamos para hoy y para el futuro -subrayó- para liderar el camino hacia las nuevas energías”, proceso que demanda aprender a pensar a largo plazo.

En ese contexto, el norte de la gran empresa nacional se resume en la expresión I+D (innovación y desarrollo). “I+D es producción de conocimientos nuevos, desarrollo de conocimientos no existentes; esa es la base, con la mirada en el futuro, para agregarle valor a la producción argentina”, remarcó. Y lo que se busca en ese sentido es desarrollar “productos disruptivos, innovadores en el mercado, de alto impacto productivo y económico.

Para ello se invierten 30 millones de dólares al año, tenemos 250 profesionales, 47 laboratorios, 12 plantas piloto para realizar pruebas de escalado y más de mil equipos de última generación” (ver gráfico). “Ponemos el foco en lo que necesita el cliente, ante todo YPF, y también la industria, a la que llegamos mediante la transferencia tecnológica. Pero siempre pensando en adelantarnos, anticiparnos”, en ‘lo por venir’, añadió.

Fuente: El Día.