El sector de Energías renovables tomó una dinámica creciente, en particular desde 2016. Al  primer semestre de 2019, entre todas las licitaciones Renovar, Resol 202 y MATER se adjudicaron 6.390MW, de los cuales 1.500MW se encuentran operativos; números más que relevantes considerando que a 2016 el país cotaba con 700MW, mayormente hidroeléctricos.

Sin embargo, desde mediados de 2018 el sector comenzó a enfrentar limitaciones coyunturales y estructurales. Las primeras impactan en el acceso al financiamiento, y la ralentización de la dinámica de los contratos privados a través del MATER, mientras que las segundas guardan relación con las restricciones de acceso a la capacidad de transporte y los interrogantes (¿oportunidades?) que presenta Vaca muerta.

La expansión del sector fue resultado de la conjunción de condiciones que propiciaron su crecimiento: reemplazaba costos de generación a base de precios de combustibles fósiles importados caros, existía capacidad en las líneas de transmisión para conectar los parques, cierta “luna de miel” de los capitales internacionales ante el cambio de Gobierno, y buena estructuración de los contratos licitados en términos de garantías. Ninguna de estas condiciones parece estar presentes ahora.

¿Y entonces? ¿Se debe virar hacia Vaca muerta como la UNICA posibilidad de generación de energía? ¿Debe monopolizarse la matriz energética nuevamente en térmica? ¿Es necesario olvidar cuestiones relacionadas al cambio climático, al desarrollo productivo sustentable, a las posibilidades que abre este nuevo sector en materia de generación de empleo y de proveedores locales? ¿Repetiremos a nivel sectorial experiencias de crecimiento nacional conocidas como el “péndulo argentino”?

Seguramente la respuesta a todo esto sea depende. Depende si se mira el corto o el mediano plazo, depende si lo que se prioriza es la generación de energía barata, o si se adiciona en la estimación del costo las externalidades positivas y negativas en términos de emisiones de carbono e impacto climáticos, depende si el enfoque es la generación de divisas en el corto plazo o en el largo.

Sin lugar a duda, no hay una respuesta única ni correcta, pero son interrogantes necesarios para diagramar la planificación de la matriz energética, en donde en algunos rounds Vaca Muerta pareciera abatir a las renovables y en otros éstas hacen una gran pelea.

Cabe aclarar que la pelea no es justa, porque no es justo medir únicamente por el costo de generación, sin considerar el impacto que ello conlleva sobre el medio ambiente y la sociedad.

Según el Inventario Nacional de GEI del año 2017, las emisiones provenientes de la industria de la energía[1] dan cuenta del 30% de las emisiones de gases efecto invernadero, dentro del cual no se contabilizan el aporte adicional del 6% que realizan las emisiones fugitivas (Gas natural y Venteo de GN). Hecha esta aclaración, de todas maneras avanzamos en la comparación.

En el primer depende, Vaca Muerta gana por knock out. En el corto plazo, las renovables no tienen posibilidad de expandirse sin sumársele sobre sus costos la ampliación de las redes de transporte. Si, es posible y justo considerar la generación distribuida como un nicho de crecimiento de las energías alternativas, pero no mueve el amperímetro de costos de generación del sistema al aportar, en el corto plazo, escasos MW. La explotación del yacimiento de Neuquén permite abastecer la demanda interna de generación a costos razonables (en verano 2,6USD/MMBTU y en invierno 4,6USD/MMBTU), lo que arroja un costo variable de producción de ciclos combinados entre 32 y 40USD/MWh, bastante por debajo del costo de generación ponderado de las renovables de las licitaciones de 2016 y 2017 de 52,25USD/MWh, sin considerar el factor de ajuste e inflación.

En el mediano plazo si es factible exportar el Gas extraído de VM (ya sea porque se construye la infraestructura necesaria para hacerlo Y porque Argentina logra ser competitiva) entonces el escenario puede cambiar, perfilándose como sector exportador y dejando espacio para la expansión de renovables, asumiendo también que se avanzó en la infraestructura necesaria, y que los costos de la tecnología continuaron en descenso. Bueno, y nada menos que asumiendo que el acceso al financiamiento es factible para ambos.

El segundo depende es más amplio. Continuar con la matriz energética en donde más del 62% depende de combustibles fósiles y cuyo crecimiento será liderado por la térmica puede presentar una serie de riesgos. Por una parte, actualmente el parque térmico aún utiliza gas importado (GNL y Gas de Bolivia), porcentaje que se incrementa en los meses de invierno, para luego disminuir en el resto del año.

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A modo de ejemplo, de acuerdo a la Programación Estacional Definitiva de CAMMESA correspondiente al período Agosto-Octubre de  2019, se espera que en ese período el consumo de gas natural importado para generación eléctrica sea entre un entre un 25% y un 50% del total, sin contar las compras de Gas Oil y Fuel Oil. La comparación de los costos de las energías renovables frente a las térmicas con este tipo de combustibles es altamente favorable a las primeras.

Asimismo, un aumento del precio internacional del Gas o de los combustibles complementarios podría afectar a los costos de generación, algo que podrá verse reflejado en la situación actual luego del ataque a las instalaciones de refinación de Arabia Saudita. Las energías renovables, por el contrario, permiten contar con previsibilidad del costo de generación lo que podría actuar como amortiguador de futuras fluctuaciones de los fósiles.

En términos de divisas, la potencialidad de Vaca Muerta sólo se hará efectiva si se logra ser competitivos. A Julio de 2019, el precio spot del gas natural de referencia internacional, el Henry Hub, fue de USD 2,37 MMBtu (millón de Btu) mientas que el precio del Gas Natural en boca de pozo (lo que reciben los productores locales) fue de 3,88 USD/MMbtu en junio de 2019 (último dato disponible).

Adicionalmente, la factibilidad exportadora del sector está atada a cambios en regulación (como saltear la obligación primaria de abastecimiento de la demanda interna), y a grandes inversiones en plantas de licuefacción y el gasoducto (que podrían tardar varios años en construirse), entre otras cuestiones.

Por su parte, las renovables tienen un impacto real sobre la balanza comercial, en donde si bien existe un impacto negativo inicial por la importación de los componentes, la generación de energía permite recuperar dichas divisas en un plazo entre 5 y 8 años, y posteriormente transformase en ahorro al sustituir generación térmica con combustibles importados o viabilizar la exportación de los mismos.

Por último, no debería pasarse por alto cuestiones claves como la federalización de la generación de energía en donde en la totalidad de las provincias existen desarrollos vinculados a la industria de renovables. Su incursión en las economías regionales ha implicado la apertura de especializaciones y tecnicaturas en universidades nacionales y regionales, y comienza a configurarse como un nicho productivo alternativo a los tradicionales. En todos los casos se han traccionado capacidades locales, inversiones y han comenzado un sendero de aprendizaje con impactos positivos a nivel público y privado.

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En términos internacionales, Vaca Muerta va en dirección opuesta a las acciones vinculadas al cambio climático, no sólo por las obvias implicancias en materia ambiental, sino también geopolítica. Las exigencias de modelos productivos sustentables tomarán cada vez más relevancia en la sociedad y en los mercados financieros globales, debiendo diseñarse políticas que permitan que Argentina quede inserto en dicha configuración.

A modo de conclusión, más allá de los puntos contrapuestos entre ambos sectores, encontrar los espacios para su complementariedad es la manera más acertada, en el mediano plazo, de realizar una planificación energética eficiente y rentable. Explotar Vaca Muerta es una posibilidad que el país no debería dejar pasar, y deben generarse todas las condiciones necesarias para que se transforme en un proyecto exportador y aportante de divisas.

Las energías renovables, tampoco, porque sería correr en contramano de las tendencias globales, porque implicaría dejar de lado un sector industrial nuevo y con potencialidades por desarrollar, y porque sin lugar a duda es la tecnología del futuro y Argentina no debe interrumpir el sendero de aprendizaje.

[1] Producción de electricidad y calor, Fabricación de combustibles sólidos y otras industrias energéticas y Refinación de Petróleo.