Tres instituciones abocadas a la difusión de las energías renovables con el propósito de incluir a sectores de la sociedad que están en situación de marginalidad, trabajaron en equipo para aportar soluciones a barrios que carecen de agua caliente y energía eléctrica. El proyecto recibe el nombre de “plug-ins sociales”:

Pablo Castaño, referente de Manos Sustentables, con esta iniciativa “buscamos satisfacer de este modo las necesidades básicas que usualmente restan cubrir a partir de la construcción de una casa, un techo o viviendas en situación de vulnerabilidad: acceso al agua, agua caliente de uso sanitario, energía eléctrica y gas domiciliario”.

Para eso, sigue Castaño, “trabajamos en la captación de agua de lluvia, calefones solares, generadores eólicos y, a futuro, en biodigestores, siempre reutilizando materiales a los que revalorizamos mediante una nueva aplicación y vida útil”.

El propósito es triple: “educar, para que esos materiales no terminen en un relleno sanitario y, a partir del diseño profesional, construir un equipo funcional que aproveche las fuentes renovables, logrando a su vez que las familias usuarias se involucren y participen activamente con estas tareas en su entorno directo”.

Castaño explica que se pretende aplicar el concepto de «leap frogging» o salto de rana, “donde las familias acceden por primera vez a energías en forma de renovables o al agua con técnicas de arquitectura sustentable, adquiriendo y difundiendo conocimientos”.

Como destacado, Castaño explica que “esta herramienta permite un grado de inclusión social que abarca además de la solución a necesidades básicas insatisfechas, la incorporación de avances sobre conceptos tales como legalidad del recurso, seguridad operativa para los vecinos al reemplazar otras soluciones de alto riesgo, solución al riesgo eléctrico por conexiones clandestinas así como la eliminación de factores de peligro latente, tales como velas, calderos y fuego abierto dentro de la vivienda.

En este marco es que el proyecto de Plug-in Social surge junto al estudio de arquitectura Intile&Rogers, Práctica Sustentable y Fundación Energizar.

En la primera versión se convocó a participantes interesados en aprender sobre energías renovables y arquitectura sustentable, tanto en lo teórico como en lo práctico, al construir un calefón solar y un módulo de ducha hecho con pallets.

De los cursos participan activamente familias y vecinos, con varios objetivos: integración social, reutilizar una gran cantidad de materiales (140 botellas PET, 8 pallets, 1 lona, 1 tanque de agua y 1 colchón de goma espuma) que de otra forma hubieran terminado en un relleno sanitario.

Castaño resalta que la propuesta también apunta “a enseñar sobre las posibilidades que proveen las renovables y a realizar una acción social directa donde más se lo necesita”.

Avanzaremos también en el desarrollo de estos barrios como por ejemplo con luminarias a partir de energía solar y eólica. Este es un problema serio, que afecta principalmente la seguridad y lo seguimos viendo en el barrio Campo de Ruso, donde los vecinos hace 9 meses están trabajando para conseguir fondos para una luminaria”, anticipa.

A modo de adelanto, Castaño cuenta que “desde Manos Sustentables estamos desarrollando un generador eólico de eje vertical con materiales reutilizados pensando justamente en esta problemática de la comunidad, como también para que cada casa pueda tener acceso a luminaria LED y a enchufes para sus celulares o Notebooks de planes educativos, una de sus mayores preocupaciones al perder contacto con familiares o su trabajo”.

En última instancia es un elemento de seguridad ante el riesgo de incendio por la utilización de velas cuando se producen cortes de electricidad, “hecho que ha ocurrido en varias ocasiones en los 3 años que llevamos trabajando como voluntarios de Techo en Garín”.

Contando sobre las experiencias realizadas del proyecto, Castaño menciona que “el último aspecto en el que trabajamos y con el que haremos voluntariado es con la captación de agua de lluvias”.

En un asentamiento el acceso al agua sólo se logra por medio de bombas desde el subsuelo. Por lo general,  la captación se ubica a 9 metros de profundidad, estando los pozos negros a 3 metros, con peligro de que se produzcan filtraciones con la consecuente trasmisión de enfermedades altamente riesgosas para la población infantil en particular.

Para explicar la viabilidad de la iniciativa, Castaño indicó que “en Buenos Aires llovieron en los últimos 20 años 1243 L por m2 promedio. Con un sistema de captación de agua de lluvia en una casa de un Techo (apróx. 20m2) tendríamos un máximo de 24.860 L al año, 68 L por día si el tanque permitiera almacenar toda el agua”.

Todos los campos en los que desarrollamos proyectos surgen de las necesidades que cotidianamente veíamos en los barrios que trabajamos. Para continuar creciendo, desde Manos Sustentables convocamos a más personas y empresas que quieran aprender y realizar una acción de responsabilidad social directa”, concluye Castaño