Que el sol constituye una fuente inmensa de energía no es una novedad. La vida en el planeta, su evolución y desarrollo, dependen de él de manera directa. Pero la transformación de esa energía en para su uso en la generación eléctrica, entre otras posibilidades, ha comenzado en forma relativamente creciente, acompañada del imprescindible desarrollo tecnológico que la hace posible. En ese contexto, la baja que verifican los precios de los paneles fotovoltaicos, comienzan a transformar en una realidad la instalación de centrales eléctricas fotovoltaicas. Lo corrobora la instalación creciente a nivel mundial, superando sistemáticamente las previsiones anuales. También ocurre lo propio a nivel regional: diversos países latinoamericanos desarrollan una creciente actividad en la instalación de este tipo de centrales, atendiendo a su factibilidad económica y la necesidad imperiosa de diversificar la matriz energética.

Argentina se encuentra retrasada en ese aspecto específico del aprovechamiento de la radiación solar, por lo que existen iniciativas gubernamentales y privadas tendientes a remontar ese atraso relativo.
Pero el dimensionamiento de las plantas fotovoltaicas (o solares térmicas) o el uso del recurso solar como fuente de calentamiento de agua (entre otras posibilidades) requiere, indefectiblemente, del conocimiento de la distribución espacial y temporal de los niveles de radiación solar. Para instalar las plantas generadoras en las zonas apropiadas, para estimar su producción y evaluar su factibilidad económica se requiere conocer el recurso de manera apropiada.

Aunque la radiación solar es medida en muchas estaciones meteorológicas automáticas, ya sea pertenecientes al Servicio Meteorológico Nacional, al INTA, a Universidades como la Tecnológica Nacional, o a innumerables usuarios particulares vinculados con la actividad agropecuaria, no existe un organismo que centralice la información, verifique la consistencia de los datos, y calibre regularmente los sensores. Más aún: no hay en la actualidad un plan nacional que vaya en ese sentido, aunque contar con datos de radiación solar sea cada vez más importante. Los actores que participen en proyectos que aprovechen la energía solar como fuente primaria de energía deben recurrir a información histórica, arriesgándose a proyectar la inversión con datos cuya validez puede no ser la adecuada en un posible contexto de cambio climático; o confiar en modelos de estimación de la radiación solar, ya sea global o directa, que se han validado o ajustado con pocas estaciones en el país, y muchas veces con ninguna.

Para una nación contar con información fehaciente es siempre una necesidad imperiosa. Los esfuerzos que se lleven adelante para obtenerla forman parte de una decisión estratégica. Confiar en otros países para ello constituye un error táctico, que se paga siempre caro, que subordina nuestros intereses a los de otros y genera dependencia.

El Grupo de Estudios de la Radiación Solar (GERSolar) existente en la Universidad Nacional de Luján, hace décadas que empeña su esfuerzo en esa dirección. Ha confeccionado cartas de radiación solar de Argentina y maneja una red de diez estaciones en la Pampa Húmeda, en asociación con el INTA, para evaluar sistemáticamente los niveles de energía solar en esa importante zona productiva. Realiza en paralelo, tareas de investigación relacionadas con la medición y estimación de la radiación solar, y aspira a situarse como centro de referencia en la calibración de solarímetros.

Para tal fin posee un patrón regional calibrado recientemente en la Organización Meterológica Mundial, en Davos, Suiza, piranómetros termoeléctricos de primera calidad y ha terminado la construcción de un laboratorio de calibración “indoor” que permite la rápida determinación de las constantes de cada solarímetro, acortando los tiempos necesarios que las calibraciones habituales requieren.

También ha encarado, juntamente con INTA e Y TEC (a través de un consorcio asociativo denominado ENARSOL), la instalación de unas 35 estaciones de medición de radiación solar en todo el territorio nacional. Dichas estaciones estarán dotadas de instrumental de calidad, destinado a medir las tres componentes de la radiación solar: global, directa y difusa. El INTA ha desarrollado un adquisidor de datos que se encarga de colectar los generados por los sensores instalados y transmitirlos a una serie de servidores que almacenan y procesan la información.

El GERSolar, por su parte, procesará la información obtenida para realizar cartas de los niveles de radiación solar en todo el país. Debido a la extensión del territorio nacional, se emplearán imágenes satelitales y modelos de estimación de la radiación solar basadas en ellas, con el objeto de completar la información en los sitios donde la red de sensores instalados no tenga cobertura.

Para ello ha montado un servidor y puesto a punto programas de procesamiento de imágenes.

Ese conjunto de actividades permitirá evaluar, en tiempo real, la distribución de radiación solar en Argentina, lo que permitirá actualizar las cartas existentes y conocer con más detalle cómo se comporta esa fuente alternativa de energía.
En forma paralela, el GERSolar ha obtenido la cesión de dos hectáreas en el predio de la UNLu con vistas a instalar una planta fotovoltaica de generación de electricidad. El objetivo es inyectar la energía generada (la que representa un 3,5 % de la energía consumida en la ciudad de Luján) en la red pública y, paralelamente, formar a ingenieros que se familiaricen con la tecnología. De este modo se formarán los profesionales que deberán participar del inevitable proceso de instalación de las futuras centrales fotovoltaicas que el país encarará en el futuro cercano.