El diputado José Vilariño presentó un texto muy completo, en el cual relata con argumentos la importancia de sancionar una nueva ley de “generación distribuida”, que a continuación son difundidos. El proyecto ingresó bajo el número de expediente 4803-D-2014 a la Comisión de Energía y Combustibles.

Fundamentos

Técnicamente, se entiende por Microgeneración Distribuida de Energía Renovable a aquella que se puede generar, utilizar y ceder al sistema un usuario particular o una empresa que se encuentra en el extremo de la cadena energética de distribución. Una gran represa hidráulica o un gran campo de generadores eólicos son una fuente alternativa de energía, pero la clave de la generación distribuida es que cada uno de los consumidores logre generar parte de la energía que consume.

Cuando se genera parte de la energía y a la vez se tiene distribuido el consumo en franjas horarias más adecuadas se está teniendo una actitud solidaria en lo que respecta al consumo de energía. Las nuevas redes inteligentes que se utilizan en algunas ciudades del mundo, facilitan una oferta amplia y autónoma para que cada hogar esté abastecido de energía en función de la oferta disponible optimizando su consumo. Es decir, se planifica el consumo en función de un cupo disponible del usuario y de acuerdo a la disposición energética del momento.

Cuando se necesita energía extra se puede encender un generador para satisfacer la demanda o se puede aprovechar el viento o la luz solar para lo cual hay que tener pronósticos para saber cuándo arrancar o parar una central eléctrica. En tal sentido, España implementó franjas horarias para el consumo y la mayor disponibilidad energética se produce cuando se dispone de mayor energía solar. A mayor disponibilidad, el precio es más barato. Por ejemplo, algunos parques solares acumulan energía para tener disponibilidad en la hora pico que es cuando mejor se paga. Este tipo de políticas mejoran la matriz energética pero de ninguna manera la reemplazan.

En Presidencia de la Plaza, Provincia del Chaco, Argentina, el INTI cuenta con una planta demostrativa de gasificación de madera que entregará 250 kilovatios de energía generados a partir de los residuos de los 50 aserraderos y carpinterías de la zona. Este tipo de proyectos es un ejemplo de generación distribuida de energías renovables y se encuentra al final de la línea energética. Conceptualmente, este tipo de emprendimientos no difieren de la responsabilidad que debe asumir el consumidor y productor de su propia energía.

En la actualidad, el medidor es el límite y la relación es unidireccional. Se recibe la energía que se consume y no se devuelvo nada al sistema. En un futuro para poder implementar este tipo de políticas el medidor tiene que cambiar porque no sólo va a medir energía entregada a la red, sino también la energía que el usuario va a entregar a la misma. Allí, se abre otra discusión que es en qué modo se le va a retribuir al usuario la energía que produce.

En los países donde se promueve la generación distribuida de energía se le paga hasta 5 veces el kW generado por cada kW consumido. Este tipo de experiencias que se están llevando a cabo en España, Alemania, Inglaterra y Estados Unidos, necesita en nuestro país de una política de promoción para llevarlo a cabo tal como impulsar el recambio de medidores adecuados, redactar reglamentaciones y tener cuidado con los balances de las redes. Por ejemplo, en California, Los Ángeles, Estados Unidos utilizan un software preparado para administrar la generación distribuida de energía y un usuario puede decidir a quién compra energía y evaluar en qué momento va a tener una oferta que puede tomar al mejor valor de mercado. Este desarrollo no solo es un avance tecnológico, también implica una evolución cultural.

En Argentina, en líneas generales, la red es de distribución y no de captación. La energía se genera y se destina a los puntos de consumo. Si el consumidor genera parte de la energía para autoconsumo, en algún momento puede entregar energía excedente a la red que se paga y se distribuye al resto de los consumidores. Este comportamiento responsable a bajo nivel no significa nada pero si se tuviese un sistema de generación distribuida, la red debería adaptarse a tal situación.

Así, el consumo responsable podría convertirse y crecer paulatinamente a medida que se vaya impulsando una política de promoción de microgeneración distribuida. El 97 % de la población argentina está conectada a una red con lo cual tenemos un muy bajo porcentaje de población aislada. Una de las trabas que existían en Argentina hasta el año 2003 para el desarrollo de las energías renovables era la conformación de la red eléctrica. Se contaba una red troncal que contenía parte de la Patagonia, se dirigía al centro de consumo de Buenos Aires y Córdoba y se tomaba energía del norte y del este del país conformando un medio anillo energético.

El reciente cierre del circuito de interconexión a través de una línea de alta tensión de 500 kW favorece una promisoria autogeneración. Efectivamente, en estas condiciones se puede conectar cualquier punto del país, por ejemplo, que lo que se produce en San Juan se vuelca al SADI (Sistema Argentino de Interconexión) y se puede terminar en cualquier punto de conexión. El sistema es, por ejemplo, virtuoso para cualquier generador de pequeña escala de energías renovables.

Las energías renovables y en especial la generación distribuida, necesita de un cambio de paradigma donde el consumidor es un actor principal frente a la disponibilidad energética. Se está en primer plano generando parte de la energía y se tiene una responsabilidad por ello. Esto es una política de Estado, entendiendo al Estado como la participación de todos, ya que el consumo ilimitado no es sostenible en el tiempo. Una de las barreras para la utilización de generación distribuida son las tarifas subsidiadas. Se recibe una gran cantidad de energía por un bajo precio. Pero si el costo fuera transparentado y le llegara al usuario el verdadero costo de la energía, seguramente habría mucha gente que quedaría afuera del acceso energético.

Ahora, si pensamos a la energía como un derecho universal, el Estado en vez de subsidiar en forma monetaria, podría subsidiar un equipo para que lo coloque y pueda generar parte de su energía. Tal como está la distribución energética en Argentina, se tienen centros de producción y de consumos distanciados, y en el medio la gente que no tiene acceso y está obligada a llevar sus emprendimientos y su industria a centros donde pueda tener acceso a la energía que necesita.

Con una buena política de promoción, se pueden fabricar pequeños generadores eólicos o una planta de biocombustible o un gasificador que está al alcance del sector Pyme. Si en cada techo hubiera un calefón o paneles solares o un generador eólico pequeño, que se podría fabricar localmente, no dependeríamos de la fabricación china y se promovería la generación de empleo. Para todo ello, es imprescindible la generación de un mercado.

Con la generación distribuida las Pymes ganan en soberanía energética. Incluso, muchas empresas podrían generar energía con los residuos que producen lo que bajaría los costos de disposición de residuos y reduciría el impacto ambiental.

Una forma para pagar es direccionar los subsidios. Cada calefón solar instalado en el techo no implica que solamente se subsidie una inversión inicial a un particular, sino que le permite al Estado ahorrar un porcentaje de la energía que consume el país. La forma de pagarlo es administrando los recursos disponibles y para ello se podrían utilizar los planes de fomento.

Si comparamos los recursos que se destinan para la producción energética en base a diésel o a microgeneración distribuida, la ecuación se salda a favor de este último por una amortización sustentable. Con una planificación a largo plazo la contribución de la microgeneración distribuida de energía renovable puede alcanzar al 5%, 10 % e incluso llegar al 15 % de la energía renovable del país.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que no se puede desarrollar este tipo de industria de un día para otro. Si se aprueba una ley donde se obligue a la utilización de calefones solares en todos los hogares, los calefones serían indefectiblemente chinos. Es necesario desarrollar la industria para que pueda proveer equipos con una calidad acorde a las necesidades. Son procesos de cierto tiempo por eso es una política de Estado que tiene que estar acordada.

Por las razones expuestas, señor Presidente, y por considerar que la implementación de lo propuesto precedentemente significará un adelanto en la estrategia de la política energética argentina, solicito el acompañamiento de mis pares para la aprobación de la presente iniciativa.