El acuerdo para el financiamiento de la construcción de las represas hidroeléctricas Néstor Kirchner y Jorge Cepernic, en la provincia de Santa Cruz, permitirá volcar al Sistema Energético una potencia de 1.740 MW y energía media anual por 5.246 GWH.

Según anunciaron funcionarios del área, una vez que estén en marcha, estas plantas permitirán a nuestro país ahorrar más de 1.000 millones de dólares en importación de combustible.

Para conocer detalles sobre el tema, Energía Estratégica dialogó con el Ingeniero Guillermo Malinow, miembro del Consejo Directivo del Comité Argentino de Presas, de la Comisión de Recursos Hídricos del Centro Argentino de Ingenieros y miembro fundador del Instituto Argentino de Recursos Hídricos.

¿Por qué se eligió Santa Cruz para la construcción de las plantas? ¿Es la zona más apta?

Dicho río es el segundo en importancia después del río Negro, con nacientes y desembocadura dentro del territorio nacional. Desde la década del ’70 se realizaban estudios para poder aprovechar las aguas de un río tan caudaloso, por lo tanto se fueron desarrollando diferentes proyectos hidráulicos que quedaron en carpeta.

La zona es apta, lo que demoraba la concreción de estos proyectos era su lejanía a los centros de consumo, el sistema eléctrico interconectado en alta tensión llegaba hacia el sur del país hasta Futaleufú-Puerto Madryn. La decisión política de ejecutar los aprovechamientos del río Santa Cruz motivó también emprender la ejecución de una línea de alta tensión para incorporarlos al sistema nacional.

¿Por qué demanda tanto capital instalar una central hidroeléctrica?

En promedio puede decirse que estas obras cuestan entre 2.000 y 2.500 u$s / kW instalado, correspondiendo el 80 por ciento a la obra de ingeniería misma y el 20 restante para atender los requerimientos de adecuación y mitigación de los impactos socio-ambientales.

Cabe aclarar que este tipo de obras requieren una inversión inicial muy importante pero luego el costo de operación y mantenimiento es muy bajo en comparación con el de otro tipo de tecnologías empleadas para generar electricidad, en las cuales la inversión inicial es menor pero después los costos de operación y mantenimiento son importantes.

¿No había posibilidades de conseguir financiamiento en nuestro país?

El esquema de financiamiento actualmente adoptado es del tipo PPP (Participación Público-Privada), donde el Estado provincial aporta el recurso hídrico y el territorio que ocupará la obra y su embalse, el Estado nacional da los avales y puede aportar fondos para financiar una parte menor de la inversión, y la parte restante de la misma la debe aportar el grupo inversor privado, siendo el recupero mediante la venta de energía durante el período de concesión de operación y mantenimiento de las obras. Una vez finalizado el período de concesión las obras pasan al dominio del Estado provincial.

Si se pretende que el financiamiento provenga del esfuerzo de la ciudadanía una forma para afrontar los nuevos proyectos hidroeléctricos puede ser impulsando nuevamente la creación de fondos específicos para la construcción de presas y centrales hidroeléctricas mediante un cargo en las facturas de electricidad.

Cabe mencionar que los organismos multilaterales de crédito, que habían dejado de financiar este tipo de proyectos a nivel mundial, últimamente han revertido esta posición, existiendo proyectos en curso de ejecución con financiación proveniente de dichos organismos, razón por la cual merecería explorar estas alternativas.

El Banco Mundial revirtió su postura sobre estos proyectos de infraestructura para disponer de agua y generar energía hidroeléctrica a gran escala, por el reconocimiento de que las regiones en desarrollo necesitan contar con la misma para sacar a la gente de la pobreza. A su vez tal entidad asumió que la construcción de centrales eléctricas alimentadas con combustibles fósiles

Teniendo en cuenta su potencial y condiciones… ¿Cómo evalúa las perspectivas del sector hidroeléctrico en nuestro país?

La tecnología de la industria hidroeléctrica ha recorrido un largo camino en términos de poder interpretar y mitigar algunos de sus efectos adversos sobre el medio ambiente y tal vez sea hora de que como parte de las energías renovables se considere a la explotación hidroeléctrica como una energía que puede proporcionar una gran reducción de gases de efecto invernadero. En consecuencia, la energía almacenada en el agua, convertida luego en energía hidráulica, mejora la confiabilidad de los sistemas eléctricos de una manera limpia, eficiente y sustentable.