Muchos países del mundo se están fijando como meta la Carbono Neutralidad (emisiones de dióxido de carbono netas iguales a cero) al año 2050, en esta carrera planetaria a contrarreloj por evitar fuertes desajustes climáticos. En esa línea se encuentra Europa y algunos países de Latinoamérica, como es el caso de Chile.

Sin embargo, otras plazas de la región no están planteando horizontes claros de descarbonización, aunque todas las agendas contienen la incorporación de energías renovables en sus respectivas matrices energéticas.

En diálogo con Energía Estratégica, Alfonso Blanco Bonilla, Secretario Ejecutivo de la OLADE, explica que fijar emisiones cero al 2050 “es algo que está en discusión interna dentro de nuestro órgano de gobernanza”.

“Estamos tratando, de alguna forma, generar un posicionamiento regional que no sabemos si va a terminar derivando en una decisión de Carbono Neutralidad a cierta fecha”, indica.

Blanco observa que Latinoamérica aporta apenas el 5% de las emisiones globales y que, por tanto, “condicionar el desarrollo de nuestra región al cumplimiento estricto de una agenda de descarbonización con un horizonte marcado al 2050 puede tener implicancias bastante serias en lo que es el desarrollo de nuestras economías”.

Explica que no todos los países tienen los mismos intereses por incorporar más rápidamente energías renovables, ya que eso depende del potencial de recursos que posean y su capacidad para explotarlos.

“No tenemos que sacar de la agenda lo que es el desarrollo de las industrias extractivistas de nuestra región porque son parte de nuestras economías, del sustento de los ingresos fiscales de muchos Estados. Entonces, lo que tenemos que hacer es acoplar, con una visión de largo plazo, lo que son las metas climáticas, pero sin poner en riesgo nuestra capacidad de desarrollo”, enfatiza el Secretario Ejecutivo de la OLADE.

Al respecto, el especialista argumenta que Latinoamérica es una de las regiones “más verde del planeta” y continúa siendo: “El 28% de su matriz de energía primaria está conformada por renovables que, comparado con el 13% que aproximadamente tiene el resto del mundo, partimos de una situación muy ventajosa”, sopesa Blanco.

No obstante, advierte que no por ello los países deben descuidar sus políticas de descarbonización, más aún teniendo en cuenta la competitividad que están demostrando las energías limpias.

“Hoy las renovables son costo-eficiente y entran en nuestros sistemas eléctricos sin ningún tipo de necesidad de mecanismos ficticios para su incorporación. Debemos solamente derribar aquellas barreras que están presentes para una mayor incorporación y estamos trabajando fuertemente para llevar adelante esta iniciativa”, se compromete Blanco.

Medidas concretas

Los países que forman parte de la OLADE son 27. La entidad les brinda asesoramiento para el desarrollo de sus políticas energéticas y el cumplimiento de sus contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC), celebradas en el marco del Acuerdo de París.

Pero desde marzo pasado, la OLADE acordó con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) la iniciativa Energías Eléctrica Renovables para América Latina y el Caribe (RELAC), que tiene como objetivo promover la cooperación entre los países de América Latina y el Caribe hacia una meta regional del 70% de la capacidad instalada de ER para la generación de energía para el 2030.

“Esto es un gran salto para una mayor participación de energías renovables dentro de nuestras matrices energéticas”, enfatiza Blanco al tiempo que cuenta que a la fecha ya hay 11 países incorporados al programa y que paulatinamente esperan que otras plazas adhieran.

Se trata de financiamiento orientado a trazar estrategias que permitan superar barreras existentes en término de desarrollo de políticas regionales. “En cada país se establecerán estrategias distintas de acuerdo a cuáles son las barreras que tenga cada país”, explica el Secretario Ejecutivo de la OLADE.