Habiéndose conocido el nuevo Organigrama del Ministerio de Energía y Minería y sus dependencias funcionales,  a partir del Decreto 231/2015,  en primer lugar sentimos buenas expectativas de que se opere un cambio histórico con respecto al lugar que se le daba a las energías de fuentes renovables, y esperamos que el 2016 sea finalmente el año del despegue y la inserción de las energías limpias en nuestra matriz energética.

Por lo pronto, se creó una nueva Subsecretaría de Energías Renovables que atenderá los asuntos de «la electricidad de fuentes renovables«.  Al frente de la misma, como sabemos, está Sebastián Kind, una persona idónea y con gran trayectoria en el rubro de las energías renovables.

Ayer también se conoció en este mismo portal el análisis del Organigrama que hace José Carlos Cueva, titular del Estudio Beccar Varela y miembro de Cámara Argentina de Energías Renovables (CADER), que comparto en líneas generales.

La primera observación evidente,  como dice Cueva, es que:

«Lo destacable –y novedoso dentro de nuestra organización Administrativa, aprobada por el reciente decreto 231- es la creación con rango de Subsecretaría y dependiendo directamente de la Secretaría de Energía Eléctrica, de la Subsecretaría de Energías Renovables. (…) La Subsecretaría deberá entender en todos los aspectos vinculados al desarrollo de la generación energía eléctrica de fuentes renovables«.

Resulta explícito que la nueva estructura atenderá a proyectos de electricidad de fuentes renovables,  y en mi humilde manera de ver, no queda claro cómo se atenderán otros muchos aspectos y posibilidades de las fuentes de energías renovables, que no están necesariamente relacionados con la producción de electricidad,  y cuyo impacto en la matriz energética total sería aun mayor que el que atañe a la sola producción de electricidad.

Me preocupa que estos aspectos y posibilidades se estén dejando de lado como asuntos menores,  o no siendo tratados como prioritarios.  Espero estar equivocado (y por favor corregirme si lo estoy),  pero el actual Organigrama parece indicar  1°) una visión «electricista» de las energías renovables, y 2°) que las renovables no están a la misma altura de importancia que los hidrocarburos.  Estos tienen su propia Secretaría, mientras que las renovables tienen una Subsecretaría que depende de una Secretaría de Energía Eléctrica.  De alguna manera, en las estructuras elegidas se ven las concepciones del tema.

Como todos sabemos,  las fuentes «renovables» (o mejor sería decir fuentes  «sustentables«) de energía,  implican  bastante más que la electricidad.

Tomemos como ejemplos  el uso directo del calor solar, del biogás de residuos industriales, y el uso de la biomasa (ej. bagazo de caña),  para cubrir las necesidades de  energía térmica de los sectores residencial e industrial.

Son enormes cantidades de energía de origen fósil –hoy  mayormente del Gas Natural (que, como no alcanza, debemos importar) – las que se podrían substituir  directamente con estas tecnologías.

Como se desprende del último Balance Energético Nacional publicado (2014),  los consumos de GN de los sectores residencial e industrial  para generar energía térmica (vapor, calefacción, calderas, hornos, etc.) representaron en volumen total (10,3 MTep y 8,3 MTep, respectivamente)  más del doble de la energía eléctrica que se consumió en el S.A.D.I. en dicho año por dichos sectores (3,8 MTep y 4,5 MTep, respectivamente).

La potencialidad energética del uso de calefactores solares, muy difundidos en Grecia, Turquía, India y China,  ciertamente no escapa al conocimiento de Kind, creador y Director de la Maestría en Energías Renovables de la UTN, en un país con excelentes condiciones de irradiación solar.  En el NOA y el NEA del país ya se puede ver varios emprendimientos como hoteles e industrias con gran cantidad  de calefactores solares.

La división de Renovables del INTI, con Gustavo Gil a la cabeza, está hace varios años ensayando y certificando calefactores solares de distintas marcas.  En estos días de intenso calor, en que las redes eléctricas se saturan por los equipos de aire acondicionado,  bien podríamos aminorar y mitigar el problema mediante aire acondicionado solar.

Cabe destacar también los ahorros de GN (y GLP en ciertas zonas suburbanas y  rurales),  que se podría lograr con el uso de los residuos de industrias, granjas, feedlots y frigoríficos, mediante la producción de biogás, a menudo para auto-abastecimiento de necesidades de calor, y no para electricidad. Hay varios ejemplos concretos en nuestro país. Consideraciones análogas valen para otras fuentes de calor  mediante elementos combustibles (como pellets, bagazo, aserrín, etc.) que tienen su origen en la biomasa y la fracción orgánica de residuos urbanos, y el calor de fuentes geotérmicas,  que no necesariamente terminan en electricidad.

Es decir,  tenemos en el país experiencias y conocimientos de dichos sistemas, y cierto desarrollo de firmas que los producen y/o comercializan, y que necesitan apoyo urgente para consolidarse sus mercados.  Sería una pena, y una gran pérdida de oportunidades económicas, que este enorme sector quede relegado por dar prioridad a los temas del sector eléctrico.

Claramente no podemos esperar que se encuentre un interlocutor para esta clase de proyectos en la flamante “Secretaría de Recursos Hidrocarburíferos”, toda vez que estas «nuevas” fuentes de combustibles, en el caso del biogás y la biomasa, o de calor directo en el caso del calor solar, de alguna manera compiten con los hidrocarburos y tienen más que ver con las energías renovables.  Pero tampoco son proyectos de electricidad.

No queda claro si esta clase de proyectos entraría por la Secretaría de Planeamiento Energético,  para descender hasta alguna de sus Subsecretarías,  la de Escenario y Evaluación de Proyectos, o la de Eficiencia Energética, o la de Infraestructura Energética.

Por último, en esta breve nota no me voy a extender en la gran contribución al ahorro de energía de origen fósil  que se operaría en la matriz energética si comenzamos a reemplazar vehículos a combustión por vehículos eléctricos.  Me he referido a ello en otras notas anteriores en este mismo portal. Lo cierto es que su impacto en la matriz energética,  como medida simultanea de eficiencia energética en el transporte y de mayor inserción de renovables, sería un tema a plantear transversalmente entre Subsecretarías. Pero en AAVEA pensamos que el tema del cambio tecnológico en el sector de transporte, que se lleva un tercio de la energía primaria consumida en el país, es tan importante que merecería un tratamiento acorde, con funcionarios especializados en el tema “transporte y energía”.

Con estas observaciones vemos que la potencialidad de inserción e impactos de las renovables  es mucho mayor,  en volumen de energía,  atendiendo también a otros sectores distintos del eléctrico. Me animo a recalcar esto porque, al menos en el público argentino, está muy generalizado  pensar sin mayor reflexión que la «energía renovable» es igual a  “electricidad de fuentes renovables”.  Por lo mismo, también solemos confundir a menudo la «matriz energética» con la «matriz eléctrica«.

Por lo dicho,  opino humildemente que, con la estructura actual,  aunque a todas luces es bastante mejor que la anterior, quizás no se esté promoviendo todo el poder y el alcance de las fuentes de energías renovables, que van más allá de la producción de electricidad.

El tema de las energías renovables es tan importante y su poder tan revolucionario, para cambiar toda la matriz energética y no solo la matriz eléctrica, que, sería apropiado  dedicarle una Secretaría con autonomía propia, a la misma altura que la de Hidrocarburos,  con sub-secciones de dependencia transversal en lo que se refiere a energía eléctrica,  y también con otras sub-secciones que se ocupen de promover y atender los proyectos de calor de fuentes renovables  (solar,  biogás,  biomasa, residuos, y geotérmica),  y de las nuevas tecnologías en el transporte.

Después de todo, la transición hacia las energías limpias integradas con el transporte sustentable, es la revolución más importante que se tiene que operar en nuestro siglo XXI,  y los argentinos haríamos bien en entenderlo de este modo, y animarnos a ser pioneros, como lo hemos sido siempre en energía,  y avanzar en línea con los desarrollos de los países más avanzados.

Espero que estas observaciones sean tomadas a bien,  con el carácter constructivo y colaborativo con que fueron escritas.