Rheem, que en el país es controlada en un 70% por capital nacional (Garovaglio y Zorraquín) y en un 30% por la estadounidense Rheem Manufacturing, tiene dos plantas en San Luis y Catamarca, donde fabrica termotanques a gas y eléctricos. Ahora, comenzó a importar los solares térmicos a través de la filial australiana de Rheem para venderlos a hogares. Pero para 2019 prevé comenzar a fabricarlos en Catamarca.

«Ya vendíamos termotanques solares con la marca Saiar, importados de China, de tubo de vacío y acero inoxidable. Ahora, lanzamos los solares Rheem, de placas planas, con tanque vitrificado; cuestan más pero son mucho más resistentes y duraderos. El nivel de ahorro es similar, hasta un 80%, pero los de placas planas duran hasta 30 años», explicó Ignacio Pinto, director de la división Rheem Solar.

La firma lanzó diversas opciones de termotanques solares Rheem, a entre u$s 1700 a u$s 3000 al público, con las placas planas incluidas, además de calderas de condensación (para calefacción y agua), de u$s 1900 a u$s 2900, y bombas de calor para agua; éstas últimas, sin ser solares, permiten ahorrar hasta 70% de energía, ya que funcionan a base de aerotermia, y cuestan u$s 2400. «Los importamos para desarrollar el mercado, resignando margen; deberíamos cobrarlos 20% a 30% más, pero es el precio que fijaríamos con la producción local, con rentabilidad», explicó. «Si uno tiene termotanque eléctrico, la inversión en solar se recupera en 3 a 6 años; con uno a gas, en 5 a 10 años», destacó.

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Los planes van más allá de la importación. «En el primer trimestre, fabricaremos las bombas de calor en Catamarca y, durante 2019, también termotanques solares, inicialmente unos 500. Las placas planas se seguirán trayendo de Taiwán», aclaró Pinto. A diferencia de placas fotovoltaicas, que aprovechan un 17% la energía solar, las planas captan hasta el 90%, aclaró.

Este año, el mercado de termotanques sumará 800.000 unidades, el 65% a gas y el resto eléctricos (que crecen, pese a ser menos eficientes); en tanto, los solares llegarán a 30.000. «Crecen un 20% anual, desde una base chica. El freno más grande para invertir en esta tecnología son los subsidios a la energía, que no permiten ver el beneficio del ahorro», explicó Pinto. También hay proyectos para que edificios público o planes de viviendas sociales tengan energía solar, algo que de prosperar impulsaría enormemente la demanda.

Fuente: Apertura.