Referencia mundial en producción de biocombustibles y generación de energía hidroeléctrica, Brasil se enfrenta al dilema de explotar el enorme potencial eólico y solar, o transformar su matriz energética a una vinculada a sus enormes pozos de petróleo y gas.

Los datos actuales reflejan la matriz verde de la séptima economía del planeta: Brasil es el segundo mayor productor mundial de etanol, detrás de Estados Unidos. Además es el tercer mayor consumidor de energía hidroeléctrica, por detrás de China y Canadá, según datos del BP Statistical Review of World Energy de 2014, en su informe anual de referencia en el sector.

Ello supone que un 45 por ciento del consumo energético brasileño (transporte, industrial y doméstico) procede de fuentes renovables, “lo que convierte el sector energético de Brasil en uno de los menos intensivos en el uso de carbón del mundo”, según el informe de 2013 de la Agencia Internacional de la Energía (AIEA).

Es, en cierta medida, un extraordinario logro, ya que Brasil dobló entre 1990 y 2013 su consumo primario de energía, al tiempo que cada año añade millones de nuevos vehículos a su parque automovilístico.

La extraordinaria orografía del mayor país de América Latina lo convierten asimismo en un candidato perfecto para las energías verdes. Por una parte, las zonas del noreste, en la costa, reciben vientos moderados y estables muy convenientes para los aerogeneradores; por otra parte, Brasil es uno de los países con mayor horas diarias de sol del mundo (en torno a ocho) y posee grandes reservas de silicio, materia prima fundamental para la fabricación de paneles solares.

Sin embargo, el descubrimiento de importantes reservas de petróleo y gas desde 2007 provocó un cambio de estrategia a nivel gubernamental que podría poner en peligro la reputación verde del país.

Es cierto que Brasil tiene una de las matrices de energía más limpias del mundo, pero la tendencia del gobierno tras hallar los pozos de petróleo cambió y ahora vamos hacia un aumento de las centrales termoeléctricas”, explicó a Notimex la coordinadora de Clima y Energía de la organización ecologista Greenpeace, Barbara Rubim.

Se refiere a 2007, cuando en el país se descubrieron cuantiosos pozos ultraprofundos de hidrocarburos en el litoral -entre 50 mil y 80 mil millones de barriles, lo que situaría a Brasil entre los diez mayores productores del mundo-, lo que provocó un cambio de estrategia de Brasilia respecto a las energías fósiles.

Ahora el gobierno planea invertir un 72 por ciento de los recursos a la generación de energía a la extracción del gas y el petróleo, y tan solo un 5.0 por ciento al biocombustible y el 3.0 por ciento a la biomasa”.

Una cuestión nada baladí, ya que si Brasil sigue creciendo económicamente como la hizo la última década (con ritmos de entre 3.0 y 5.0 por ciento del Producto Interno Bruto), el país debería triplicar su consumo de energía para 2050.