En el año 2010, la firma Ghenova desembarcó en Brasil. “En Ghenova siempre hemos apostado por la diversificación sectorial como clave del éxito, desarrollando proyectos en campos tan diversos como el energético, el industrial, las infraestructuras, el naval e, incluso, el aeronáutico. Pero en 2010 esto no bastaba y la estrategia pasó por salir al exterior e internacionalizarse”, recuerda Álvaro Serrano López.

En nuestro caso, el gran potencial energético de Brasil, unido a unos planes muy ambiciosos de su Gobierno, hicieron que tomáramos la decisión de abrir una filial en Río de Janeiro. Echando la vista atrás, tenemos la certeza de que la decisión fue correcta; España ha pasado de ser líder mundial en energías renovables, junto con Alemania, a ser uno de los países desarrollados que menos invierte; de hecho, mientras las renovables a nivel mundial crecen a un ritmo del 20%, España lo hace al 0,11%”, expone el especialista.

De acuerdo a la Agencia Internacional de las Energías Renovables (IRENA), desde 2014 apenas se han instalado 33 MW eólicos y 55 MW solares en España. En el lado opuesto se encuentra Brasil, que ha pasado de 1 a 9 GW eólicos en los últimos 5 años, situando al país vecino entre los siete mayores productores de energía eólica del planeta; y en cuanto a energía solar fotovoltaica, ya tiene contratados 2 GW para los próximos 2 años.

Nuestra filial brasileña cuenta actualmente con 70 trabajadores y hemos intervenido en 26 proyectos cuya potencia total suma 760 MW (entre eólica, solar y pequeñas centrales hidroeléctricas); Brasil representa el 20 por ciento de la facturación del grupo y nos ha servido de plataforma para abrir oficinas en Chile, Bolivia, México y, próximamente, también en Argentina, país que se posiciona como uno de los de mayor potencial de recurso eólico y solar del planeta; el nuevo gobierno ha anunciado una licitación de 1.000 MW de energía renovable para septiembre y, según el Secretario de Energía argentino, Juan José Aranguren, para los próximos tres años se estiman inversiones por valor de 5.000 millones de dólares” destaca Serrano López.

El especialista analiza: “El sector está ilusionado, y no es para menos. Desde Ghenova vivimos este nuevo escenario con prudencia; se abre, sin duda, un panorama alentador, pero aún queda mucho camino por recorrer. Consideramos interesante ahondar en los que, en nuestra opinión, son los retos clave que se presentan para Argentina, retos a los que ya se enfrentaron países que conocemos bien como España y Brasil y cuyas decisiones al respecto condicionaron el desarrollo del sector. Pensamos que aprender de los éxitos y fracasos de otros es el mejor medio que Argentina tiene para que las renovables no se conviertan en un foco de interés repentino y sí en un sector estratégico y duradero para el país”.

Expone que para ello deberán tenerse en cuenta los siguientes aspectos:

Estabilidad jurídica: Los gobiernos deben procurar estabilidad al sector mediante políticas de protección, subsidio y promoción. Nadie va a invertir su dinero si no existe un respaldo jurídico que garantice un verdadero compromiso a largo plazo por parte del Estado.

La explosión del interés por las energías renovables en Argentina se debe a la aprobación en Octubre del pasado año de la ley 27.191 por parte del Congreso imponiendo, no sólo porcentajes mínimos de energía renovables para el país, sino creando un fondo de 12 billones de pesos argentinos para incentivos, reducción de impuestos y otros beneficios. Sin duda, esta ley ofrece un compromiso por parte del Gobierno para con las empresas locales y extranjeras.

Promoción sí, subvención no: España cometió una equivocación histórica estableciendo un sistema de subvenciones que no fue útil para crear un crecimiento sostenido en el tiempo. En 2008, con el inicio de la crisis, se fueron reduciendo las subvenciones hasta que en 2012, el gobierno de turno congeló todos los programas de ayuda, hecho que provocó la espantada de la inversión privada, pasando de 5.300 millones de dólares en 2011 a 1.100 en 2013, según datos de Bloomberg New Energy Finance.

Por su parte, Brasil adoptó un modelo de subasta que beneficia al consumidor final, ya que se genera precios en un entorno de competencia. Sin duda, Brasil acertó. Actualmente, el país sudamericano está viviendo un momento de grave crisis económica, política y social comparable a la vivida por España a partir de 2008 y, sin embargo, las políticas de inversión para transformar la matriz energética del país mediante energías renovables permanecen constantes, generando un clima de relativa estabilidad tan necesario para la inversión. Argentina ha optado por un modelo muy parecido al brasileño lo que, a priori, parece acertado.

Pensar a largo plazo: Independientemente de que la paralización de las subvenciones en España fueran derivadas de un cambio político y una dramática crisis económica que azotaba el país, nunca es positivo transmitir que la apuesta por las renovables sólo se mantendrá si hay bonanza económica o si gobierna un partido político determinado; eso ahuyenta a los inversores y arruina cualquier intento de hacer prosperar el sector en el país.

El modelo de subastas adoptado por Brasil adquiere el compromiso de comprar energía a un precio determinado durante una veintena de años; esto no sólo genera seguridad al propietario del proyecto, que se garantiza un contrato de suministro de larga duración, sino a la propia distribuidora de energía, que se asegura la compra reduciendo las consecuencias de la volatilidad de los precios y haciendo más previsible la tarifa de adquisición de la energía por los consumidores.

En este sentido, Argentina y sus políticos, independientemente de su ideología, deben aprender a convivir con la estabilidad y la creencia de que estamos ante un sector estratégico para su economía, con el que no se puede jugar electoralmente y que requiere de confianza, algo que siempre es importante, pero para el caso de Argentina lo es aún más si cabe.

Diversificación: Nos parece un punto acertado el hecho de que la licitación anunciada establezca varias tecnologías renovables: 600 MW eólicos, 300 MW solares fotovoltaicos, 65 MW de plantas de biomasa, 20 MW de Pequeños Aprovechamientos Hidroeléctricos y 15 MW a partir de la transformación de biogás.

Esto permitirá diversificar la matriz energética, posibilitará la transferencia de tecnología en diferentes sectores y, lo más importante, repartirá los beneficios del desarrollo en varios polos de atracción, ya que las zonas de mayor aprovechamiento solar, eólico, hidroeléctrico o de biomasa no se encuentran concentradas en un sólo punto del país. El conjunto de Argentina se verá beneficiado de este proceso.

Incentivar lo local de la mano de lo extranjero: Las licitaciones establecen incentivos a aquellos desarrolladores que utilicen un alto componente local, como se hace en Brasil; desde Ghenova, esto nos parece adecuado. Argentina debe, de hecho, ser la primera en beneficiarse de este proceso; si bien, no hay que olvidar que las empresas extranjeras son puentes de conocimiento que reducen la curva de aprendizaje y transfieren “know how” en los profesionales locales.

Lo más positivo que se puede extraer de la experiencia renovable española es la gran cantidad de empresas como Iberdrola, Acciona, Gamesa y tantas otras que crecieron de la mano de este sector y ahora son grandes players internacionales. Estas no surgieron espontáneamente, sino que hubo una transmisión de conocimiento proveniente de otras empresas extranjeras con tecnología más desarrollada, a lo que se unió una fuerte inversión en I+D. Brasil está llevando a cabo un proceso muy similar al español y en la actualidad existen grandes desarrolladores, constructoras e ingenierías locales.

En conclusión, Argentina está ante una oportunidad única para abrirse al mundo, dejar en el olvido la sombra del riesgo soberano y de las expropiaciones y atraer capital privado para el desarrollo de una industria local y una mano de obra cualificada que atiendan a largo plazo las necesidades del sector y generen riqueza en el país. En GHENOVA estamos dispuestos a aportar nuestro granito de arena”, concluye Serrano López.