Según datos del Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2010, un 48.8 por ciento de la población nacional no tiene acceso a gas de red, por ello el desarrollo de energía proveniente de fuentes renovables representa un gran desafío no solo energético, sino también ambiental y productivo.

Es por este motivo que legisladores – Hermes Binner, Ricardo Cuccovilo,  y Alicia Ciciliani, José Riccardo y Elida Rasino,  Mario Barletta y Omar Duclos– elaboraron un proyecto de ley, que en su artículo primero establece la creación de un “Programa Nacional de Sustentabilidad de las Viviendas”.

¿Cuál es el objetivo? El texto lo dice claramente: “Incluir en los programas nacionales de construcción de viviendas la instalación de sistemas energéticos provenientes de fuentes renovables y la variable de la eficiencia energética; generar conciencia en la población y fomentar hábitos de consumo sustentables; incentivar el diseño incorporando sistemas energéticos para el aprovechamiento de fuentes renovables”.

Aunque no explica mecanismos específicos, la iniciativa sugiere “celebrar acuerdos con Bancos Nacionales e Internacionales a los efectos de establecer líneas de créditos especiales”. También “fomentar la producción nacional de equipos para la generación de energías renovables”.

Según datos del Informe «Potenciales ahorros de gas por mejoras en los sistemas de calentamiento de agua”, elaborado por Salvador Gil, experto en la materia, en Argentina el consumo de gas viene creciendo en forma sostenida a una tasa anual de 3.1%, duplicándose cada 22 años aproximadamente.

En dicho estudio, por otra parte, se demuestra cómo la eficiencia puede lograr importantes ahorros de gas a través del plan de cambio de artefactos de calentamiento de agua en Argentina: “se alcanzarían ahorros de gas importado del orden de 26 mil millones de dólares acumulados en los próximos quince años, a la par de mejorar y modernizar los artefactos que usan los habitantes del país, estimulando un importante desarrollo industrial y económico”.

También establece que con mejoras en la aislación térmica de viviendas sería posible disminuir a la mitad el consumo de calefacción y refrigeración.