Los coautores son también referentes de la industria: Agustín Siboldi, Sabino Mastrangelo, Horacio  García Prieto, María Inés Brandt , Verónica Gutman,  Hernan Carlino, Dante Sica, Martín Fraguío, Héctor Augusto Huergo, Jorge Hilbert, Julio Menendez y Carolina Verónica Bondolich.

Los ejemplares se pueden solicitar en el Instituto Argentino de la Energía “General Mosconi”, en la sede de Moreno 943, 3er piso. Teléfonos: 4334 7715 y 4334 6751.

A continuación, presentamos la “Introducción del libro”:

Las Energías Renovables No Convencionales (ERNC), principalmente la eólica y, ahora quizás con mucha más fuerza aún, la solar fotovoltaica (FV) han tenido un desarrollo notable en los últimos veinte años, pero sobre todo esta última en los diez años recientes, cuando creció en una progresión anual del 46 %, lo cual es asombroso pues su incremento sigue con igual ímpetu pese a la fuerte caída del precio del petróleo.

La capacidad instalada de la suma de estas dos tecnologías en el mundo es ya de casi 700 GW pero todavía representan una parte menor de la misma, aproximadamente un 5 %. Ambas han reducido sus costos drásticamente, en el orden de un 90 % en los últimos 30 o 35 años y los siguen bajando y así ya serían más económicas que las fósiles.

Pero lo más auspicioso de estas energías está todavía por llegar: Ya que por un lado se pronostica que seguirán creciendo fuertemente hasta alcanzar entre un 10% y un 40 % de la matriz eléctrica mundial, o como lo afirma un profesor de la Universidad de Stanford y empresario, es posible que sean responsables del total de la energía consumida. Con ello se terminaría la era de los fósiles que hoy representan casi 80 % del consumo mundial. Y ello aunque no se les cobre a las no renovables los daños que representan para la salud del planeta y por ende de la propia vida de nuestra especie.

Perjuicios estos que son producidos sobre todo por la combustión del petróleo, gas y carbón, que producen así dos tercios de los gases de efecto invernadero, y cuyo reemplazo por ERNC es la principal herramienta que tiene la humanidad, junto con el ahorro de energía y la reforestación, para mitigar el cambio climático.

Mientras tanto el destino de estas nuevas energías en nuestro país ha tenido un giro trascendental con el advenimiento de un nuevo de gobierno, quien ha impulsado cambios fundamentales en el marco macroeconómico, que ha mostrado un interés manifiesto de la máxima autoridad por estas nuevas energías y que ha aplicado una nueva y exitosa política pública para su desarrollo. Ello representa un hito para las ERNC en el país, donde todo parece indicar que inician el tránsito de un camino sólido y de largo alcance, y que tendrá al menos el mismo éxito logrado en otros países, con la ventaja de contar con importantes recursos en la mayoría de los casos.

Para ayudar a recorrer este viaje tan promisorio se ha escrito este libro, buscando contribuir al desarrollo de políticas para promover las ERNC, mitigar el cambio climático y la contaminación en nuestro planeta, diversificar la matriz, aumentar la oferta, reducir los costos y reforzar y darle seguridad al sistema energético, estratégico por excelencia, que presenta tanta fragilidad, y sustituir la importación de combustibles.

El mismo ha sido coordinado por Luis M. Rotaeche y Gerardo Rabinovich, que han convocado a reconocidos especialistas de distintas disciplinas, para que analicen los aspectos estratégicos, de mercado, institucionales, técnicos, fiscales, financieros, de industrialización asociados a estas nuevas tecnologías y desarrollando un análisis particular para las aplicaciones energéticas de la biomasa.

El primer capítulo, escrito por Luis M Rotaeche, plantea una visión estratégica de las ERNC, destacando que las energías fósiles deberán ser urgentemente reemplazadas por estas nuevas energías debido a que su combustión pone en peligro la propia existencia de nuestra especie.

Surgen así los dos escenarios extremos señalados sobre la suposición de la participación que las ERNC tendrían en la matriz energética en el año 2030. El primero supone que todo sigue como hasta ahora, mientras que el segundo implica el “reemplazo total de los fósiles por ERNC (que) sería posible por la baja de costos de estas nuevas energías, por el cambio de modelo de gestión energética, por la caída en los costos de almacenamiento de la energía mejorando la tecnología de acumulación con nuevos desarrollos tecnológicos en baterías, por el costo relativamente alto que representaría la transmisión en un futuro de energía más barata, por la electrificación del sector transporte y por la cantidad de innovaciones tecnológicas que será posible desarrollar con el crecimiento mayúsculo que tendrá el mercado.

Una señal de la viabilidad de esta previsión tan extrema proviene de Holanda y Dinamarca, y con algún avance en Alemania, que habrían prohibido los vehículos con motor a combustión interna para el año 2025 o 2030, cuando deberán ser eléctricos o a pila de hidrógeno

De producirse dicho escenario ello podría tener efectos mayúsculos sobre el calentamiento de nuestro planeta, beneficiosos por cierto, y para la economía en general. Por lo que cabría alimentar un debate a fin analizar la posibilidad y probabilidad de esta idea y analizar las eventuales consecuencias que podrían tener sobre las prioridades de inversión, la planificación, las iniciativas que podría o que debería tomar la política pública y las características con que deberíamos diseñarla.

“También se recomienda estudiar el destino que se le puede dar a los excedentes cuasi infinitos que tenemos de ERNC que nunca podríamos utilizar y por lo tanto debería estudiarse la viabilidad de transformarlos en vectores energéticos, electricidad o hidrógeno, que podrían así ser exportables. Asimismo cabría alentar que nuestro sistema de ciencia y tecnología asuma un rol substancial en el desarrollo tecnológico de las ERNC buscando sinergias con la investigación que se realiza en otros países, que se establezca una agencia de promoción de estas nuevas energías (ANDA), que se promueva la industrialización nacional de las ERNC, que se analiza en el capítulo VII, que se convierta nuestro aparato productivo en un sistema sustentable y que se intente obtener los eventuales financiamiento para las ERNC como se analiza en el capítulo VI. Y sobre todo que nos ocupemos mucho de la Tierra que muestra tanta fragilidad y cuyo deterioro pone en peligro nuestra supervivencia”.

El capítulo II escrito por Gerardo Rabinovich analiza la evolución del mercado eléctrico en el país. Destacando que al principio de los ’70 SEGBA proveía electricidad a Buenos Aires, La Plata y los alrededores y Agua y Energía Eléctrica, creada en 1947, en el resto del país. Luego, en 1967 se creó Hidronor, más tarde dos centrales nucleares y dos hidros binacionales, Salto Grande y Yacyretá. En los 70 se inicia la construcción de un sistema de transmisión eléctrica, que años más tarde se define en 500 KW.

Era así un mercado monopolizado por el Estado donde el sector privado era contratista o proveedor pero sin entrar en el riesgo del negocio. Con el tiempo las tarifas debajo de los costos determinaron que las empresas públicas vieran comprometida su factibilidad.

En los 90 se produce la cesión al sector privado de las empresas públicas. El sector eléctrico tuvo así un cambio estructural, con inversiones predominantemente de centrales a gas de alta tecnología. Coyunturalmente se consiguió reducir los precios de la energía eléctrica y ganar en eficiencia, aunque la expansión de la transmisión y la fuerte tendencia a incrementar su componente termoeléctrico promovían un sector eléctrico muy vulnerable, a la merced de la volatilidad de los precios.

Con la crisis económica de los 2000 se produjo una fuerte intervención del Estado pero sin cambiar su lógica preexistente y con gran congelamiento tarifario. Y por el momento no aparece claramente una innovación tecnológica que funcione como ruptura del modelo existente, incrementando la eficiencia y bajando los costos de producción en forma masiva, como fueron los ciclos combinados en los ’90.

Llegamos a fines de 2015 con un mercado eléctrico completamente desorganizado, sin mecanismos claros de formación de precios, y con el Estado Nacional interviniendo en todos los aspectos de la actividad, aunque sin llegar al punto de reemplazar al sector privado.

Ahora las ERNC serían una oportunidad para volver a introducir cambios profundos y estructurales, restableciendo un nuevo modelo de funcionamiento del sector eléctrico con el desarrollo tecnológico de nuevas formas de producción energética, la eólica y la solar, que se han [1]revelado como potenciales vectores de ruptura tecnológica, esencialmente en la producción de energía eléctrica, poniéndose en muchas circunstancias a la par de las energías convencionales, mostrando tasas de crecimiento anual de las inversiones destinadas a estas instalaciones superiores a los dos dígitos.

Si fuera posible esta vez lograr que funcione el engranaje que permita la continuidad de esta iniciativa, se generaría un círculo virtuoso, donde las energías renovables adquieran protagonismo. Entonces podremos ver nuevamente profundos cambios estructurales en nuestra industria eléctrica, compatibles con los requerimientos ambientales, de mitigación de emisiones de gases de efecto invernadero, y un nuevo modelo de negocios para la distribución y comercialización de la electricidad, al cual se deberán adaptar las empresas transportistas y distribuidoras.

El capítulo III, escrito por Agustín Siboldi, trata los aspectos institucionales, legales y regulatorios para el desarrollo de las ERNC. En el mismo se analiza la forma con que el país debería lidiar con la necesidad de que estos aspectos sean sustentables en el tiempo, que permitan el desarrollo de inversiones, que logren financiamiento, que aseguren el cumplimiento de los incentivos eficaces y eficientes, donde los procedimientos se ajusten racionalmente a la estructura federal de nuestro país, a fin de minimizar los costos de la electricidad y la industrialización nacional de sus equipos.

Analiza el autor, con conocimiento, distintos aspectos que podrían obstaculizar esos objetivos y concluye que son muy auspiciosos los avances registrados, perfectibles por cierto, y que se requiere “atención y flexibilidad” por parte de las autoridades a fin de lograr la conclusión de los proyectos aprobados como está previsto, buscando “que no se repita la experiencia sufrida con Genren” para desarrollar estas nuevas energías.

Además considera que las autoridades deberán arbitrar racionalmente las pujas por la participación de los ingresos entre las distintas jurisdicciones así como entre la industrialización nacional necesaria y el interés de minimizar los costos de la energía.

Resalta también que la expansión del sistema de transmisión “se encuentra hoy en día en crisis” y no se ven “iniciativas claras tendientes a su superación”.

Propone como desafío para el largo plazo la búsqueda de una política de estado de la energía por la cual ninguna futura administración podría destruir, como se hizo con el sector energético en la última década.

El capítulo IV, escrito por Sabino Mastrángelo, analiza los aspectos técnicos de las ERNC, sus posibilidades de vinculación y desarrollo y otros aspectos operativos dentro del Sistema Argentino de Interconexión. Considerando los instrumentos que posibilitarían inversiones, neutralizando los obstáculos que afecten su desarrollo y adecuando las reglas de despacho para permitir su inserción de forma racional y económica.

El autor analiza varios criterios que deberían tener los proyectos, además obviamente de la existencia del recurso, para ser técnicamente viables, a fin de aumentar la participación de estas nuevas energías en la matriz y también considerar las limitaciones operativas que tienen los generadores eólicos y FV, aunque más no sea por la falta de firmeza de su energía.

 “El sistema eléctrico debe mantener una combinación de tecnologías de generación donde las máquinas que cumplan con ciertos requisitos entren en el sistema en la cantidad adecuada para no poner en peligro al mismo. Suponer que todo el Sistema Interconectado va a poder funcionar con una proporción importante de no gestionables y que pueda mantenerse la estabilidad del sistema eléctrico parece algo, por ahora, inviable…. Esto no quiere decir que no se utilicen las energías renovables para suministro de energía, sino que es necesario hacer un análisis de la situación en forma integral, para reconocer cual es la capacidad del sistema para soportar establemente una condición de operación con valores altos de energías de origen renovable, en condiciones de estabilidad y seguridad de suministro; por tanto, es necesario pensar en términos de la estructura necesaria a la que debe dotarse al sistema (potencia instalada y medios de regulación) y en términos de la energía que se necesita; pero teniendo en cuenta que por mucha energía que tengamos disponible a nuestro alcance, si no existe un sistema eléctrico estable que la canalice, no se puede conseguir el objetivo buscado, que es mantener la calidad de suministro eléctrico que nuestra sociedad requiere…..

La solución a mediano plazo parecería que está condicionada a mantener las fuentes de energía actuales como base para dar una estabilidad real al sistema ante la inserción de las fuentes variables, hasta tanto se alcancen mejores prestaciones o se cambie el sistema energético bajo una perspectiva de largo plazo”.

En el capítulo V Horacio García Prieto y María Inés Brandt examina los beneficios fiscales del régimen para promover las ERNC a fin de aportar algunas reflexiones que ayuden a que se logren los objetivos previstos. Para ello analiza los mecanismos más relevantes previstos en la ley 27191 y la normativa que la complementa: El IVA, amortización acelerada, compensación de quebrantos por ganancias, ganancia mínima presunta, reinversión de dividendos, normas de otros fines extrafiscales, componente nacional de los proyectos, derechos de importación, tributos locales y el “mantenimiento de la ecuación económica financiera del proyecto.

Luego de un análisis muy positivo de las herramientas previstas en este nuevo marco jurídico los autores llaman la atención de que el último instrumento señalado, el mantenimiento de la ecuación económica financiera de los proyectos, presenta riesgos de que las provincias y municipios, incluyendo la Ciudad de Buenos, incrementen los impuestos tasas u otras cargas fiscales. Alertando también que “la evaluación o análisis de los órganos competentes respecto del verdadero impacto en la estructura de costos del contribuyente, (y del tiempo con que se lleve a cabo) es un arma que otorga un alto grado de discrecionalidad a la Autoridad de Aplicación.

 Entienden los autores que hubiera sido preferible contemplar un régimen de estabilidad donde al beneficiario se le congele el régimen tributario existente al momento de otorgársele el beneficio y que la autoridad de aplicación emita un certificado al momento de la concesión del beneficio que contemple una descripción del régimen tributario vigente a nivel nacional, provincial y municipal. Este mecanismo, cree, evitaría: (i) la carga probatoria relacionada con demostrar que existió un incremento no compensado por disminuciones, (ii) tener que abonar los mayores tributos y luego reclamar una repetición de los mismos.

Parecería muy justificado aún hoy estudiar profundamente esta propuesta pues parece que sus ideas podrían ayudar a los futuros llamados a licitación pública y a las contrataciones privadas de nuevos proyectos ERNC.

El capítulo VI escrito por Verónica Gutman y Hernán Carlino, analiza los sistemas de financiamiento y las oportunidades que los nuevos acuerdos de cambio climático pueden presentar para financiar las ERNC en el país, es decir que los países desarrollados aporten los fondos previstos al respecto.

Destacan los autores que en todos los tratados internacionales sobre cambio climático se contempla esa provisión de financiamiento de los países desarrollados a los que están en vía de desarrollo.

Para acceder a esos eventuales fondos es necesario elaborar un plan estratégico nacional de profundidad técnica, con gran esfuerzo de planeamiento de mediano y largo plazo y de fuerte voluntad política para impulsar este plan.

“Si bien existen dos estudios desarrollados en el marco del Proyecto Tercera Comunicación de la Argentina a la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (SAyDS, 2015) que podrían tomarse como punto de partida para la elaboración de una propuesta de financiamiento, lo cierto es que las exigencias de información de los donantes son muy detalladas así como lo es también el anclaje institucional que una solicitud de financiamiento requiere, motivo por el cual se hace necesario un esfuerzo de preparación mayor”.

En el capítulo VII, Dante Sica analiza la forma en que el país puede aprovechar una de las ventajas de las ERNC que, a diferencia de las fósiles, pueden favorecer el crecimiento de la industria de elevado valor agregado local de equipos y servicios para estas nuevas energías, en particular porque son generadoras intensivas de trabajo, en mayor medida que las fuentes de generación tradicional”, más “tratándose de un mercado incipiente, resulta clave el acompañamiento del Estado a partir de la definición de política industrial”.

Evalúa para ello las capacidades de la industria local y las ventajas de los distintos instrumentos que se utilizarían para su fomento. Analiza la cadena de valor de equipos para desarrollar la energía eólica y fotovoltaica, el estado de la industria en el país, su potencial para tal objetivo y la adecuación de la política local a estos parámetros y se brindan recomendaciones específicas de política.

Destaca que el crecimiento de las ERNC impulsará la economía del país pero su impacto principal dependerá en gran medida de la participación de la industria nacional en sus proyectos.

Uno de los aspectos que destaca el autor consiste en que las grandes inversiones que requiera la nueva industria se van a realizar si existen señales claras de “una demanda significativa y estable”. Al mismo tiempo “será necesario establecer una política industrial al igual que lo hicieron la mayoría de los países que desarrollaron la producción de este sector. Ello permitiría compensar las desventajas que enfrenta una industria incipiente en relación con las firmas internacionales que ya cuentan con experiencia en el sector”.

En el capítulo VIII, escrito por Martín Fraguío, Héctor Augusto Huergo, Jorge Hilbert, Julio Menendez y Carolina Verónica Bondolich se analiza la importancia actual y potencial del biogás y del biometano como fuente de energía, especialmente para un país como Argentina que tiene un sólido sector agropecuario y agroindustrial que genera una gran cantidad y diversidad de residuos y subproductos agropecuarios con extraordinario potencial de generación de biogás o biometano.

 Los centros urbanos concentran una enorme cantidad de residuos orgánicos que si fueran transformados por vía anaeróbica en biogás permitirían balancear el cuidado del ambiente con las demandas energéticas. Los autores analizan distintas ventajas de estos fluidos destacando que económicamente podría competir con el gas natural.

Tapa2

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