El gobierno nacional en su anunciado “Plan Productivo Nacional” plantea como estrategia el caso de Australia, destacando sus experiencias de apertura gradual y reconversión productiva. Se desprende de los detalles del proyecto que han trascendido que se trata sencillamente de la consolidación de la estructura actual. No se plantea en ningún momento qué sectores es necesario promover, aunque hoy no sean competitivos, por sus encadenamientos endógenos, por su capacidad de generar empleo de calidad, por su capacidad de generar divisas, etc.

Esto sucede en momentos en que todos los sectores de fabricantes de bienes de capital, casi sin excepciones, experimentan una notable caída de nivel de actividad y sostienen el nivel de empleo con serias dificultades. Todo esto producto de medidas implementadas recientemente o que mantuvieron continuidad de la gestión anterior. Entre ellas podemos mencionar:

1) En las licitaciones de energías renovables al no implementarse el fideicomiso establecido por la ley 27.191 para financiamiento de la industria nacional, los desarrolladores han recurrido a créditos de proveedores con tecnología importada, reduciendo a una participación marginal a la industria local.

2) Con el relanzamiento de la Resolución 256/2000 se promueve el ingreso de bienes de capital dentro de grandes proyectos de inversión, sin pagos de arancel de importación.

3) Con la continuidad del régimen del Decreto 1330-2004 se facilitan las “Importaciones temporarias” de bienes de capital, incluso usados, sin pago de aranceles de importación.

4) La vigencia del Artículo 34 de la Ley N° 26.422 permite el ingreso de maquinarias y equipos liberados de aranceles de importación sujetos a la declaración de “emergencia energética”.

5) Los elevados costos de los insumos metálicos básicos, mucho mayores que los del mercado internacional, tanto los de producción local como los que no se fabrican en Argentina daña la competitividad del sector.

6) La persistencia de los incumplimientos sistemáticos de la legislación del “compre nacional” afectan gravemente a sectores de alto valor agregado.

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Asimismo hay medidas recientes y futuras que pueden agravar la situación:

7) La Ley 22.764 (Ley PYME) en su artículo 13 establece facilidades para la importación de bienes de capital, incluso usados.

8) El régimen de contratación Público-Privada que se está tratando en el congreso constituye un retroceso en la gestión de compras públicas como motor del desarrollo industrial;

9) Las negociaciones de acuerdos económicos de libre comercio, se inscriben en una orientación general de políticas hacia la apertura comercial que claramente perjudica a los sectores industriales, en particular al de bienes de capital.

Argentina mantiene aún hoy niveles educativos, de acceso a la salud, niveles salariales, de derechos sociales y ofrece indicadores de bienestar general para su población que la ubican en los primeros puestos de los países de Latinoamérica. Pero Argentina pierde en la comparación con sí misma: hay un creciente deterioro de todas esas variables desde 1976, con el fin de la etapa de industrialización por sustitución de importaciones tras el inicio de la sangrienta dictadura.

El camino para lograr empleos de calidad en la Argentina del siglo XXI no pasa por imitar pobremente el modelo australiano. Argentina se inserta en el mundo como un apéndice del mercado mundial, exportando commodities con nulo o escaso grado de industrialización, con escaso valor agregado, un caso típico de país económicamente primarizado. Lo que derrama la actividad económica predominante en la economía nacional, la actividad agropecuaria, no es suficiente para todos nuestros compatriotas. No alcanza con ser el “supermercado del mundo”, ni tampoco promover livianamente las actividades de “servicios”.

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Argentina, por su nivel poblacional, debe apostar a agregar valor a través del desarrollo de las cadenas industriales. De esta manera se generará una estructura económica más densa, autosustentable y menos sujeta a los vaivenes de los precios de los recursos naturales. A la vez se promoverá la generación de servicios dinámicos de alta tecnología como los de ingeniería, normalización, certificaciones, etc. Esta base industrial sólida generará a su vez un círculo virtuoso de demandas mutuas sobre el sistema educativo, de ciencias e ingeniería y de I+D. Este es el único camino hacia el pleno empleo de calidad en la Argentina y la liquidación de la pobreza.