Se fue 2014 y contra todos los pronósticos, el país gastó miles de millones de dólares menos que los estimados para comprar energía desde el exterior.

Todavía no se conocen las cifras definitivas de los últimos 12 meses pero según datos publicados la semana pasada por la Secretaría de Energía, hasta noviembre (último mes relevado) el Gobierno desembolsó u$s 8.036,91 millones para importar combustibles con el objetivo de abastecer el consumo interno, golpeado por una producción doméstica deficitaria.

En noviembre las erogaciones en este rubro totalizaron en u$s 366,69 millones. Fue el monto más bajo del año y si bien estacionalmente durante el verano las importaciones caen comparadas con los meses del invierno cuando el consumo se dispara por las bajas temperaturas, la cifra fue 38% inferior a lo gastado por el Estado en el mismo mes que 2013. Y, de hecho, hay que remontarse a enero de 2012 para encontrar un número similar, cuando el país importó u$s 337 millones.

Desde abril pasado las importaciones de combustibles comenzaron a reducirse respecto de 2013. Tal como consignó El Cronista desde ese momento, la caída en el nivel de actividad fue el motivo en un principio de una menor demanda de energía por parte de las industrias ante un escenario más recesivo. Por esa razón también se registró un descenso en las cantidades de energía importada (en noviembre, por caso, anotaron un 26% menos medidas en términos interanuales).

El retroceso hasta octubre además se explicó por las temperaturas de un invierno más moderado. Pero a partir de ese mes comenzó a impactar en las cuentas públicas el estrepitoso descenso en el precio internacional del barril de petróleo. El crudo en mínimos históricos (hoy cercano a los u$s 50 tanto el WTI, que es la referencia utilizada en los Estados Unidos como el Brent, el valor utilizado en Europa) es motivo de preocupación en el Gobierno de Cristina Kirchner por el virtual freno que podría implicar en inversiones de compañías extranjeras que veían con otros ojos hacer negocios en la Argentina con un barril de petróleo más alto. Pero, a la vez, tiene su costado beneficioso para el equipo económico porque abarata los costos de las importaciones de este commodity.

Bajo el nuevo valor del crudo sumado a la caída en la actividad económica local y a un invierno más moderado, los analistas modificaron el mes pasado sus proyecciones para 2014: mientras en enero preveían compras al exterior en este rubro por cerca de u$s 14.000 millones, las recientes estimaciones arrojaron un costo de u$s 10.000 y u$s 9.000 millones.

Si bien la cifra sigue siendo elevada (equivale, por ejemplo, a poco menos de la mitad de los dólares que el Banco Central posee en sus arcas) y también generará déficit en la balanza energética, lo cierto es que es inferior a lo importado en 2013 (u$s 12.800 millones) e implica un oxígeno de al menos u$s 2.000 millones para el kirchnerismo, en un contexto en el que el país resigna reservas a razón de u$s 1.500 millones anuales.

El Gobierno, de esta manera, logrará equilibrar algo del déficit generado por esta ventana que explica casi unilateralmente el cepo cambiario impuesto hace ya más de tres años. No obstante, las causas de un menor gasto no vienen impulsadas por una mejora en el nivel de producción de la industria petrolera, que sigue en picada a pesar de los números positivos de YPF, o de reducción de subsidios y un ajuste real de tarifas congeladas, sino que vienen de la mano de una ayuda externa (como el clima y la caída del precio del crudo en el mundo) y del descenso en el nivel de actividad económica, que para los privados descendió 2% en 2014.

FUENTE: Dolores Ayerra, El Cronista