Lo que comenzó como una mezcla de desafío y compromiso para dar cumplimiento a las Leyes 26.190 y 27.191 de Fomento a las Energías Renovables, terminó por cristalizar una política de Estado de largo plazo. Tendiente a asegurar los beneficios de las energías limpias para la Argentina y sus habitantes, su implementación puso al sector no solo en marcha, sino en el mapa mundial como caso de éxito.

El último el 4 de marzo se cumplió un ciclo que comenzó, al menos para mí, el 5 de mayo 2016. Fueron casi 4 años llenos de desafíos, que concluí como Director Nacional de Energías Renovables, luego de desempeñar distintos roles y responsabilidades.

Cuando empezamos el objetivo era claro: conformar un nuevo marco regulatorio que, además de ser claro y transparente, resultase atractivo para la inversión. Partíamos de circunstancias tales como no tener una industria de Energías Renovables con escala suficiente, infraestructura que la soportase, o suficiente conocimiento y experiencia en las ramas técnica, económico-financiera ni legal. Todo esto, no solo en comparación al resto del mundo, sino dentro de nuestra propia región.

Era necesario ampliar y reforzar la base de las Leyes para constituir una cadena de servicios completa que pudiera abastecer y sostener los requerimientos de la industria a mediano plazo, lo que significaba la creación de nuevas empresas locales, la atracción e instalación de actores extranjeros en el país y la formación de una enorme cantidad de personal calificado para trabajar en la materialización de los proyectos.

Partíamos, en definitiva, de un escenario muy desafiante. Sin embargo, en toda crisis hay oportunidades. Nosotros aprovechamos el “retraso” para estudiar, tanto en el proceso de promulgación de la Ley, como en el armado del resto del marco regulatorio, las variantes ya implementadas.

De allí se tomaron importantes lecciones aprendidas, adaptándolas a la particular realidad argentina, incluyendo además herramientas de soporte, como la consulta pública, para incorporar opiniones de actores relevantes.

Cerramos esta primera etapa con varios resultados positivos: El Programa RenovAr, con 3 rondas en su haber; la Readecuación de Contratos de programas anteriores (Resolución 202); y el Mercado a Término de Energías Renovables -MATER-, que permite a los Grandes Usuarios el libre acuerdo entre partes y les da la posibilidad de contratar por del 20% marcado por la Ley (lo cual se está verificando, según informa CAMMESA) y eso significa una cosa, más energía limpia.

El fruto de todo esto son los 80 nuevos parques de generación por 2.100 MW, lo cual significa 3.350 MMUSD de inversión directa ejecutada y abastecimiento con energía limpia a casi 2.1 millones de hogares. A esto se le suman 76 proyectos más en construcción y 9 fábricas asociadas, generando conjunto casi 10.000 empleos directos y 2.000 indirectos a todo lo largo y ancho del país.

Como parte del régimen regulatorio y contractual desarrollado, el Fondo para el Desarrollo de las Energías Renovables (FODER) y el Programa de Garantía del Banco Mundial, son el principal soporte del mecanismo de garantías para los proyectos, el cual se encuentra en pleno funcionamiento y resulta de enorme utilidad en la coyuntura actual de retrasos en los pagos del sistema eléctrico.

La Ley 27.424 de Generación Distribuida, completa a las anteriores, de “Alta Potencia”, reglando el mercado de energías renovables en todas sus escalas, como cimiento de políticas y estableciendo las condiciones para la generación de energía eléctrica de origen renovable para autoconsumo, por parte de usuarios de la red de distribución de todo tamaño (más de 16 millones), con eventual inyección de excedentes a la red.

Obviamente, todo este esqueleto normativo no habría tenido ningún efecto sin el músculo inestimable de un equipo de trabajo, diverso y unido, que se fue moldeando en base a aptitudes e intereses, que tomó como única bandera la de “Renovables en Argentina” para lograr, con gran calidad técnica, una matriz energética más sustentable y competitiva para nuestro país. Para todos ellos, mi reconocimiento.

Así como corresponde dar reconocimiento a los pares, también cabe señalar las réplicas que el caso argentino generó en el mundo. Por mencionar algunas, en términos de inversión, en 2019 Argentina formó, por segundo año consecutivo, parte de los 15 países con mayor atractivo para inversiones en energías renovables, según el índice RECAI elaborado por la consultora Ernst & Young.

En el ámbito académico, por otra parte, en abril de 2018 el programa RenovAr fue seleccionado como caso de estudio por la escuela de gobierno de la Harvard Kennedy School, debido a su exitosa implementación como política de gobierno.

La problemática. Claro está que los desafíos para el sector no se detuvieron una vez que todas las iniciativas antes mencionadas estuvieron en su lugar. La coyuntura macroeconómica argentina, en conjunto con las demoras en las ampliaciones del sistema eléctrico de alta tensión, fueron definitivamente retos importantes para los proyectos, sobre todo aquellos que no tenían cerrado el financiamiento, acarreando un estado de parálisis en muchos de ellos.

Esta situación, que viene de la mano del incumplimiento de compromisos contractuales, se ha visto agravada por la reciente emergencia planteada por COVID 19. Encontrar una solución regulatoria de carácter general que permita poner en pie de igualdad a todos los proyectos paralizados, cada uno de los cuales tiene sus particularidades, propone un desafío de similar magnitud.

Pensando en un futuro de mediano plazo, se ha generado una estructura que permitió un desarrollo y una inercia que va a ser difícil de parar.

Argentina pasó de menos del 1% hasta el 8% en 4 años y ahora debemos llegar al 20% en los próximos 5. Quedan muchas cosas por hacer y muchas vetas por explorar, como ser ahondar en la experiencia de la Ronda 3 del Programa RenovAr MiniRen, con proyectos de baja escala en redes de distribución, evaluar modos de monetizar las externalidades positivas de las bioenergías o incentivar la adopción de hidroeléctrica de bajo porte en comunidades alejadas.

Desde el punto de vista personal, toda mi carrera profesional ha estado centrada en el rubro energético, gravitando desde el upstream de la industria petrolera hasta la generación eléctrica a partir de fuentes renovables.

Hoy en día sigo en contacto con diversas empresas y organismos vinculados al sector, así como con las nuevas autoridades, a quienes agradezco me hayan dado la posibilidad de participar en la transición. Siempre con un objetivo en mente: brindar apoyo y sumar al desarrollo, en el rol que toque, de un sector nuevo, desafiante y pujante.