Es una realidad que la matriz eléctrica argentina depende cada vez más del uso de combustibles fósiles, es así que la creciente demanda de energía eléctrica de los últimos 22 años fue cubierta preponderantemente con centrales térmicas, hecho que es necesario revertir en razón de que el país debe dejar de emitir sustancias contaminantes a la atmósfera y tender a una conformación de la matriz tal que incluya una proporción de fuentes de energía adecuada a las disponibilidades de recursos naturales renovables del mismo.

Durante el período 1965-1995 ocurrió todo lo contrario porque desde el Estado se fomentó intensamente el desarrollo de la hidroenergía mediante el accionar de empresas públicas y el aporte de los recursos financieros necesarios. La declinación del uso de esta fuente en las pasadas dos décadas se debió a la desaparición de estas herramientas de gestión técnica y financiera, circunstancia que imposibilitó continuar con el desarrollo de este recurso natural.

Es de destacar que en el año 1997 la energía hidroeléctrica y la energía térmica abastecieron mayormente la demanda de energía eléctrica en proporciones similares, el 44,6% le correspondió a la primera mientras que la segunda lo hizo en un 44,0%, rezagando ambas la participación de la energía nuclear al 10,9%. En cambio la situación más reciente es completamente diferente ya que en el año 2014, según CAMMESA, la demanda se atendió con un 63,9% de origen térmico, 31,1% hidráulico, 4,4% nuclear, 0,6 % entre energía eólica y solar y el resto con energía importada.

Analizando la demanda de energía eléctrica del Mercado Eléctrico Mayorista (MEM) surge que en los últimos 22 años la misma registró un crecimiento a una tasa media del 4,26 % anual acumulado (a.a.), entonces para hacer una proyección de largo plazo – por caso las próximas dos décadas – y dada la situación de estrechez por la que atraviesa el parque generador interconectado, se podría pensar en un crecimiento futuro levemente menor con una tasa del 3,5% a.a., válido siempre que pueda lograrse una reducción progresiva del consumo de energía eléctrica vía programas de Uso Racional y Eficiente de la Energía (UREE).

Con éste escenario, al año 2035 se duplicaría la demanda actual de energía eléctrica del MEM por pasar de un valor final estimado para el año 2015 del orden de 135.800 GWh/año a un valor proyectado de 270.200 GWh/año. Es decir que al parque de generación debería adicionarse nuevo equipamiento que permita generar una energía media del orden de 13­5.000 GWh/año. Si no se impulsa el empleo de tecnologías basadas en fuentes renovables (hídrica, eólica, solar, biomasa, etc.) y en la nuclear, la demanda continuará cubriéndose con centrales térmicas, consumiendo cada vez más gas natural y derivados del petróleo.

Se  dispone de legislación nacional de promoción del uso de energías renovables para generación de energía eléctrica, ley 27.191 modificatoria de la ley 26.190, que establece que para el año 2017 éstas fuentes deben cubrir el 8% del consumo de energía eléctrica nacional, debiendo alcanzar el 20% del mismo para el año 2025, es decir que con la proyección de la demanda antes mencionada los porcentajes del consumo a cubrir se traducirían estimativamente en una energía anual de 11.640 GWh y 39.110 GWh, respectivamente. Cabe mencionar que en el año 2014 la generación mediante recursos renovables del sistema interconectado nacional ya fue de 41.290 GWh como suma de un aporte hidroeléctrico de 40.661 GWh más 629 GWh provenientes de las energías eólica y solar.

La magnitud citada ya habría superado la meta establecida para el año 2025, provocando ello cierto desconcierto frente a lo expresado en la normativa vigente. Para poder continuar con el desarrollo de este artículo, y a la luz de lo que se ha instalado en el imaginario colectivo, cabe hacer una aclaración debido a que al fijar dichas leyes una potencia de hasta 50 MW, la más reciente, y de hasta 30 MW, la anterior, como limitación para que un aprovechamiento hidroeléctrico sea alcanzado por los beneficios que brindan las mismas, se ha mal interpretado porque así los emprendimientos hidroeléctricos de más de 50 MW de potencia instalada dejarían de ser una fuente renovable de generación de energía eléctrica.

Frente a la discriminación que surge del espíritu de la legislación se indica que Argentina cuenta con 47 centrales hidroeléctricas de hasta 50 MW que en total suman una potencia instalada de 538 MW, las que podrían generar una energía anual del orden de 1.700 GWh/año, y que solo cubren requerimientos locales.

Abundando en más datos puede citarse que diferentes foros mundiales celebrados desde principios del actual siglo XXI arribaron al convencimiento de que la hidroelectricidad es una energía limpia que puede proporcionar una gran reducción de las emisiones de gases nocivos a la atmósfera y que se encuadra dentro del concepto de fuente de energía renovable dado que para producir electricidad aprovecha la energía del agua que escurre por los ríos sin reducir la cantidad de la misma, motivo por el que todos los emprendimientos hidroeléctricos de pequeño o gran porte, ya sean de pasada o de almacenamiento, deben ser considerados de esta manera.

Retomando la finalidad de este artículo en cuanto a poder diversificar la matriz eléctrica en el largo plazo, para cuyo horizonte se ha propuesto el año 2035, veremos con que posibilidades se cuenta. Para reducir la actual dependencia de los recursos fósiles no renovables, se puede contar por un lado con la generación de energía nuclear, para lo cual se dispone de la ley nacional N° 26.566 referida al Plan Nuclear Argentino que fuera elaborado por la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y cuyos objetivos son, además de terminar y poner en marcha la central nuclear Atucha II, prolongar la vida de la central nuclear Embalse, construir la 4° y 5° centrales nucleares argentinas e impulsar el Proyecto Central Argentina de Elementos Modulares (CAREM).

Las centrales nucleares de Embalse y Atucha I, actualmente en operación, generaron en el año 2014 una energía de 5.258 GWh, que más el aporte de la central Atucha II con una generación de energía eléctrica del orden de 5.800 GWh/año, se estaría en condiciones de aportar cerca de 11.000 GWH/año. Construir y operar dos nuevas centrales nucleares podría adicionar una generación del orden de 11.000 GWh, y finalmente, como mínimo, reactivar el proyecto CAREM con la construcción y operación de la central nuclear CAREM-Formosa con la que se agregaría una energía del orden de 1.000 GWh. Es decir que al año 2035 y por el lado de la energía nuclear se podría estar aportando en total 23.000 GWh/año.

Por otro lado nuestro país debería apoyarse en un recurso natural limpio, renovable y abundante como es el recurso hídrico, posicionándose así cada vez más entre los países que se destacan en el concierto mundial tanto en materia del manejo eficiente del agua como en la sustentabilidad energética.

La energía hidroeléctrica presenta numerosas ventajas sobre la mayoría de otras fuentes de energía eléctrica, incluyendo un alto nivel de confiabilidad, tecnología probada y de alta eficiencia, los costes más bajos de operación y mantenimiento, y una gran flexibilidad operativa y capacidad de almacenamiento que la convierte en el complemento necesario de otras energías renovables sin garantía de suministro, como la energía eólica y la energía solar.

Para el año 2014 se estimó que la fuente hídrica, de haber contado con un año de hidraulicidad media, podría haber generado una energía de 43.100 GWh, entonces la pregunta que surge a continuación sería, ¿si en Argentina la tendencia es recurrir cada vez más a los recursos renovables, cuánto en el hipotético reparto puede corresponder a la energía hidroeléctrica en las próximas dos décadas?.

Como oferta hidroeléctrica el país tiene en cartera una cantidad importante de proyectos, pero considerando solamente los 30 proyectos que maximizan la potencia y la energía media anual, se puede aportar mediante esta tecnología una potencia de 12.000 MW, con lo cual se duplicaría la actual potencia hidráulica instalada en el sistema, y una energía media anual de 47.300 GWh.

Computando los aportes aquí planteados más la capacidad instalada actual se alcanzaría una generación de 194.860 GWh/año, que frente al total estimado de 270.200 GWh/año la matriz se desagregaría preliminarmente como se indica en la figura. El 27,1% restante a cubrir, que se corresponde con una energía de 75.340 GWh/año, representa la gran oportunidad para incorporar nuevos proyectos que empleen otras energías renovables como la eólica, la solar, la biomasa, etc., y todo lo que no se pueda aportar mediante estas tecnologías deberá cubrirse con energía no renovable que emplee combustibles fósiles.

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Conclusión

Si no se incorpora una importante oferta hidroeléctrica, nuclear, eólica, solar y biomasa, entre otras, en las próximas dos décadas la contribución de las fuentes fósiles seguirá siendo importante, que es justamente lo que se quiere revertir para reducir el consumo de gas natural y derivados del petróleo, así como la emisión de gases de efecto invernadero.

Resulta imperioso entonces tender a un nuevo paradigma energético basado preferentemente en energías renovables sustentado en una planificación integral que incluya el uso de todos los recursos renovables a fin de que la matriz eléctrica resultante refleje de la mejor manera todo el potencial que de este tipo de fuentes dispone el país.

Todo ello representará un esfuerzo técnico, económico, financiero y de gestión mayúsculo que redundará sin dudas en un positivo efecto macroeconómico con un fuerte impacto en la economía del país, por la incorporación de nuevas fuentes de trabajo con gran demanda de insumos de origen nacional, personal técnico calificado y en muchos casos mano de obra intensiva.