En su reciente libro, “Hijos del carbón”, la escritora española Noemí Sabugal describe las dificultades por las que atraviesan diferentes regiones de España en lo que fue un agónico y progresivo cierre de las minas de carbón y de las centrales eléctricas a carbón.

“Y se sabía, pero lo que ocurría es que no había otra salida pensada”, describe la autora que, además, es hija, nieta y bisnieta de mineros de carbón. La historia del fin del carbón para España podría ser una postal enviada desde el futuro. Ante la emergencia climática, la presión y la urgencia para que los países se adapten a las metas del Acuerdo de París es cada vez mayor.

Para algunos países como Alemania, el caso de España es un aprendizaje para los propios planes de salida de la minería del carbón y de las centrales eléctricas a carbón. No todos los países están planeando para este futuro que se avecina y que necesita de políticas públicas activas. Colombia, con planes de ampliaciones de proyectos de minería del carbón, parecería ser uno de ellos.

Cada vez hay menos mercados para las exportaciones de carbón

La demanda global del carbón se ha sostenido por el rápido crecimiento económico de China y de India, los dos mayores consumidores de carbón. En conjunto representan el 65% del total del mercado. Pero tanto India como China autoabastecen la mayor parte de su demanda con su propia producción.

Sólo el faltante lo importan principalmente de Australia e Indonesia. ¿Pero cómo es que China e India lograron financiar sus más recientes proyectos mineros y plantas eléctricas a carbón? Usando fondos públicos de los gobiernos nacionales, provinciales, o de empresas controladas por estos. Incluso en estos dos países los planes cambiarán en un mundo post COVID-19.

Muy especialmente en China, luego de que Xi Jinping sorprendiera al mundo hace unos días al anunciar que China será carbono neutral a más tardar en 2060.

Fuera de China e India, el análisis es más sencillo. El tercer consumidor de carbón del mundo es Estados Unidos. A pesar del apoyo que el gobierno nacional le ha brindado desde 2017, eliminando muchas de las restricciones ambientales a la generación eléctrica, las fuerzas del mercado siguieron prevaleciendo y la industria del carbón nunca se recuperó.

En el 2019, el consumo de carbón en el país fue aproximadamente la mitad de lo que fue el consumo en 2010. ¿Por qué? Simplemente porque a pesar de las ayudas del gobierno nacional, no es económico generar electricidad con carbón.

A ello se suma que muy pocos inversores creen que se justifica asumir el riesgo ambiental que lleva innato el carbón, ya que luego de más de una década de intentos por capturar las emisiones de las plantas eléctricas a carbón, nunca se ha llegado a una viabilidad comercial.

En Europa, que en su conjunto tiene una demanda similar a la de Estados Unidos, el carbón tiene literalmente los días contados. A diferencia del resto de las regiones, Europa considera las externalidades negativas de las emisiones de gases de efecto invernadero poniendo un precio relativamente importante a quienes sean responsables por esas emisiones (algo que cualquier economista consideraría razonable pero que rara vez ocurre fuera de Europa).

El precio de las emisiones lo determina principalmente el mercado, mediante permisos transables en un mercado de carbono. Para una central de carbón estándar el costo de emisiones en la Comunidad Europea es de aproximadamente 20 a 25 euros por MWh. Este costo contribuye a que las plantas de carbón sean cada vez menos competitivas.

Con la confirmación de la Comunidad Europea de cumplir el objetivo de carbono neutral a más tardar en 2050, es posible que a futuro ese costo de emisiones sea mayor y cada vez sean menos competitivas las plantas de carbón.

Qué implicancias tiene este contexto del carbón para Colombia

El carbón ha sido y continúa siendo un recurso valioso para Colombia. De acuerdo a la Dirección Nacional de Estadísticas de Colombia, en 2019 las exportaciones de carbón representaron 5.700 millones de dólares, más del doble de las exportaciones de café.

En los últimos dos años, Colombia ha logrado convertirse en uno de los países en Latinoamérica que más interés ha despertado en el desarrollo de proyectos de fuentes renovables.

El mérito ha sido del gobierno colombiano, que ha avanzado con normativas afines a diversificar su alta dependencia de la generación hidroeléctrica y ha promovido una agenda donde reconoce que el futuro de la energía es renovable.

Colombia cuenta con excelentes condiciones para la generación de energía de fuente solar, eólica y de biomasa. Cuenta, además, con la experiencia y los ejemplos internacionales para avanzar en una agenda de eficiencia energética que reconoce que el megavatio hora más económico es el que no se consume.

Frente a un contexto mundial donde el carbón está de salida y donde Colombia se verá obligada a demostrar su avance hacia una economía de bajo carbono, pensar en nuevas minas de carbón y en nuevos proyectos de generación eléctrica a carbón es darle la espalda al futuro.

Jeff Bezos, el fundador de Amazon, en una de sus entrevistas aconsejó “nunca, nunca, nunca, le den la espalda al futuro”. Probablemente sea una buena oportunidad para recordar ese consejo.