Si bien la energía no es una necesidad básica para el ser humano como el aire, el agua y los alimentos, hoy en día es un componentes esencial para lograr la satisfacción de aquellos y ha estado siempre directamente vinculada con las grandes revoluciones  de la Humanidad.

Actualmente estamos ya inmersos en la cuarta revolución energética, que irá cambiando los usos y costumbres de la sociedad a medida que se vayan concretando los nuevos paradigmas basados en energías renovables y su uso descentralizado, el uso racional y eficiente de la energía y la conservación del ambiente.

Las dos primeras revoluciones, ocurridas hace muchos miles de años, fueron lentas en su accionar.

El control del fuego, ocurrido hace quinientos mil años , como lo muestran lo encontrado  en las cuevas del hombre de Pekín y de Java, permitió al ancestro del homo sapiens ampliar la superficie habitable al posibilitar un control rudimentario del clima, e hizo digeribles muchos alimentos no aprovechables en su estado natural. Así, el empleo de biomasa para producir energía térmica fue la primera gran revolución energética.

La segunda gran revolución se produjo cuando el predador nómade del paleolítico, ante el peligro de la escasez y la destrucción por el saqueo de sus fuentes naturales de subsistencia, inició hace 10.000 años  una rudimentaria agricultura que fue incrementado con la utilización de animales de carga, que centuplicaron el rendimiento de los campos, convirtiéndose entonces  en agricultor y pastor y tomando conciencia del empleo de dos fuentes de energía externas, la importancia de la energía solar para sus cultivos y el uso de la energía mecánica aportada por los animales.

Ya en nuestra era, la tercera gran revolución, la denominada industrial, que podemos ubicar en 1.769 cuando James Watt patentó su máquina a vapor, fue producto de haberse logrado la conversión de la energía térmica a mecánica, cambiando los sistemas productivos e iniciando un desarrollo que sigue en progreso constante hasta nuestros días. El descubrimiento del petróleo y la electricidad 100 años después aceleró estos procesos.

La cuarta revolución, que estamos viviendo, se inició en los años 70 a través de dos caminos: el energético y el ambiental. El primero, al incrementarse enormemente, en 1973,  el precio del petróleo, que hizo ver a los países industrializados la necesidad de desarrollar nuevas opciones energéticas. En 1978 se produjo un nuevo aumento de este combustible, que incentivó más los programas de desarrollo de las tecnologías de aprovechamiento de fuentes renovables de energía. La Conferencia de la Naciones Unidas sobre el  Medio Ambiente Humano, realizada en 1972 en Estocolmo,  donde se formó el Programa de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente (PNUMA), fue el camino ambiental que también impulsó el desarrollo de estas fuentes.

Luego de entrar en un cono de sombra a mitad de la década del 80, con la disminución del precio de del petróleo, las energías renovables volvieron a surgir, y ahora para quedarse, con la toma de conciencia de los problemas de contaminación ambiental que producen los hidrocarburos, divulgados a partir de la Conferencia conocida como ECO 92  o la Cumbre de la Tierra, realizada en 1992 en Río de Janeiro.

El desarrollo de las tecnologías desde la década del 90 hizo que el empleo de estas fuentes de energía, que no eran competitivas desde el punto de vista económico, ya lo sean en muchos casos.

Hoy la sociedad, ya consciente de los problemas ambientales generados por el uso hegemónico de los combustibles fósiles, enfrenta el desafío de diversificar su matriz energética, sustituyendo aquellos por las energías renovables y aplicando medidas de eficiencia en todas las acciones que se realizan en las diversas etapas del quehacer energético para optimizar su uso, partiendo de los recursos, pasando por los servicios, hasta llegar al nivel de los consumidores.

La sustentabilidad energética y ambiental se mide por la posibilidad de un proceso de desarrollo económico y social de forma compatible con un objetivo de conservación de la calidad del ambiente, existiendo sinergias especiales entre la eficiencia energética y las fuentes de energía renovable, tanto en el contexto técnico como en el político, para contribuir en forma decisiva a ese logro.

En nuestro país debemos ser conscientes que en los próximos 20 años una mayor cantidad de energías renovables deberá ser puesta en producción, teniendo en cuenta la amplia disponibilidad y diversidad de recursos energéticos primarios con que se cuenta, lo que tendrá un efecto significativo por sus características en nuestra estructura industrial, en nuestro sistema educativo y científico-tecnológico, en la fuerza laboral y en la sociedad en general, modificando usos y costumbres y permitiendo pasar de una matriz energética no sustentable hacia una sustentable.

Las medidas propuestas por la nueva Ley  27.191 recientemente reglamentada, que expresa  la obligación de cumplir con la condición de alcanzar el 20 % del consumo eléctrico para el año 2020 con energías renovables, deberán ser validadas por un Plan Energético Estratégico por parte del Ministerio de Energía y Minería, que impulse en forma sistemática estos cambios con una clara orientación al desarrollo de tecnologías nacionales y que tenga en cuenta las necesidades regionales de nuestro país, no solamente privilegiando la instalación segura de este tipo de tecnología en términos de potencia instalada. En el desarrollo del mismo se debe dar cabida todos los niveles de la sociedad a fin que se convierta en una política de estado que se cumpla a largo plazo.

Se debe continuar impulsando la concreción de leyes que cubran la generación distribuida de electricidad y la conversión térmica de las energías renovables para diferentes temperaturas y aplicaciones, si bien ya hay en el Congreso varios proyectos al respecto.

Cabe recordar que en nuestro país además de abundante recurso de energías solar y eólica, se cuenta con otras fuentes renovables, tanto la tradicional energía hidráulica, como la geotérmica a lo largo de la cordillera para altas temperaturas, como distribuidas en extensas zonas para las bajas . Nuestra línea de costa marítima de más de 5.000 km ofrece recursos abundantes en energías de las olas y mareomotriz, que deben ser desarrollados y explotados. Los recursos de biomasa, tanto los residuos de todo tipo como los producidos específicamente, son un campo que todavía requiere de aportes de investigación y desarrollo importantes.

El accionar del Ministerio de Ciencia Tecnología e Innovación Productiva es fundamental para el aporte de tecnología nacional al proceso de modificación de la matriz energética. Se debe continuar con la política de complementar y coordinar esfuerzos entre sectores de ciencia y tecnología, públicos y privados, y sectores productivos, en particular las PyMEs, para que las innovaciones energéticas y ambientales que se produzcan en este marco tengan una real inserción en las necesidades del país y se conviertan en un producto o servicio nuevo o mejorado en el mercado.

El desarrollo y empleo de redes inteligentes para la transmisión y distribución de electricidad, mediante la interconexión de generadores de energía eléctrica con fuentes renovables, y el mejoramiento de la eficiencia de las redes y su operatividad, es otro tema sobre el cual se debe trabajar tanto técnica como legalmente.

Todos los sectores que trabajen con energía son susceptibles de usar sistemas de acumulación, encontrando en los mismos una fuente importante de uso racional y eficiente, así como de mejoras económicas.  Desde los sistemas más clásicos de acumulación de energía, como el bombeo de agua o las baterías, hasta innovadoras tecnologías como el uso del hidrógeno, la pila de combustible, el almacenamiento magnético con superconductores, etc., abren un campo de búsqueda de nuevas aplicaciones rentables y eficientes en campos tan dispares como las energías renovables, el autoconsumo, el vehículo eléctrico, la eficiencia energética en edificios o las redes inteligentes.

Un tema no menor que debe impulsarse es la formación de Recursos Humanos especializados a diferentes niveles, principalmente en el de técnicos para la instalación y mantenimiento de los sistemas. La temática de energías renovables no sólo se debe encarar en lo referente a maestrías y doctorados, como se está realizando ya en varias Universidades, sino introducirlo en las carreras de grado a todo nivel.

Por otro lado, dado el requerimiento de capital intensivo que demanda el desarrollo de proyectos en energías renovables, se necesitan incentivos fiscales y un marco jurídico que brinde estabilidad a la ecuación económica financiera, permitiendo así paliar las consecuencias del esfuerzo  que suponen este tipo de inversiones.

En el año 1974, durante la crisis energética antes mencionada, se creó la Asociación Argentina de Energía Solar (ASADES),  que en el 1997 amplió su campo de acción, tomando el nombre actual de Asociación Argentina de Energía Renovables y Ambiente, conservando la sigla de ASADES.

Fue formada por grupos de investigación y desarrollo iniciados en la temática de energías renovables, distribuidos en diferentes lugares del país, a fin de unir fuerzas y coordinar las tareas que implementaban.

Los miembros de ASADES son  investigadores y tecnólogos de planta del CONICET, de diversas Universidades públicas y privadas, de organismos gubernamentales y entidades descentralizados de Ciencia y Técnica dedicadas al tema de energías renovables y ambiente, así como estudiantes avanzados.

La idea del uso local de estas fuentes de energía naturalmente distribuidas estuvo desde sus comienzos entre los socios de ASADES, por lo que impusieron como norma realizar Reuniones Anuales de Trabajo en diferentes ciudades o provincias del país, donde existiera un conjunto de profesionales dedicados al tema. Este año se realiza la Reunión número 40 en la provincia de San Juan, del 24 al 27 de octubre. En las mismas se presentan los avances en diferentes tecnologías, tanto de grupos argentinos  como de  países vecinos, sobre todo de Brasil, con quien se tiene un acuerdo con una asociación similar para considerar a todos los miembros como propios.

Después de 42 años de haber impulsado el desarrollo de tecnologías de aprovechamiento de estas fuentes de energía en el país, ASADES ve con gran satisfacción el impulso de programas  de aplicaciones que esperamos se concrete satisfactoriamente.

Por su parte ofrece el potencial en investigación y desarrollo que significa el aporte de sus asociados, conformados por aquellos que se encuentran trabajando en las líneas de punta de estas tecnologías en el país, para colaborar en los diferentes aspectos que estos programas requieran, desde el punto de vista de cubrir necesidades, tanto de sistemas como de equipos que impliquen un desarrollo local y una contribución a la industria nacional.