Poco antes de finalizar la segunda guerra mundial, Winston Churchill utilizó una expresión que no es suya: «Nunca dejes que una buena crisis se desperdicie».

Torbjørn Knutsen, un politólogo de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología «NTNU» acuñó el término «Capacidad de Estado».

No se trata de una medida de cuánto dinero posee un Estado en sus arcas, sino cuánta confianza tiene la población en su gobierno, y por lo tanto la capacidad del gobierno para llevar a cabo sus decisiones con apoyo popular.

Un país donde la gente confía en las autoridades gobernantes, incluso aunque difieran con el liderazgo político, tiene una alta Capacidad de Estado. La Capacidad de Estado es importante cuando se trata de planificación y de ejecución, especialmente en momentos como este, con la crisis del CoronaVirus.

Si los gobiernos son inteligentes y son serios, este momento puede ser una oportunidad magnífica para realizar un cambio trascendental en donde sea necesario. Esta pandemia puede otorgar a los gobiernos de todo el mundo un «boleto de oro» para encarar una transformación.

La Transición Energética

El mundo está experimentando una transición energética que está cambiando radicalmente la forma en que se produce la electricidad, cómo se transporta y la forma en que es consumida.

Para asegurar que la transición energética sea lo suficientemente profunda y rápida, las estructuras organizativas del sistema eléctrico deben ser reformuladas totalmente para que fomenten el máximo y óptimo uso de las fuentes de energías renovables y de las tecnologías emergentes.

Sin embargo, el mero ajuste de las variables no será suficiente para apoyar la transición energética. Se requerirá un cambio de paradigma que implique el rediseño total de la estructura organizativa del sistema regulado de energía, haciéndolo apto para un sistema eléctrico basado en las energías renovables.

Si los gobiernos son inteligentes y son serios en el camino de la Transición Energética hacia las economías más verdes, hoy tienen su oportunidad dorada: habrán conseguido un “boleto de oro” que les permitirá realizar las profundas reformas necesarias en el sector eléctrico.

Tenemos que empezar a replantearnos algunas cosas. La energía debe ser un factor primordial impulsor y dinamizador del desarrollo socio económico nacional. Lo que corresponde, es que la energía sea una palanca para apuntalar mejores niveles de vida y facilitar el desarrollo industrial científico y tecnológico, así como la productividad en general.

La misma debe incluir la independencia energética, la democratización energética, el suministro accesible, de fuentes variadas y a precios asequibles, preservando y minimizando el impacto sobre el medio ambiente.

Frente a este paradigma, los especialistas se enfrentan hoy a la necesidad de aportar soluciones a la provisión de energía, restringidas a la satisfacción simultánea del “cuatrilema” de restricciones dado por estos cuatro componentes:

1) Seguridad energética: suministro confiable;
2) Economía asequible: eficiencia y competencia;
3) Equidad social: inclusión social y empleo;
4) Sostenibilidad ambiental.

Ing. Daniel L. Giorlando
– Ingeniero Electromecánico, UBA
– PMP certificado en EE.UU.
– Consultor, Auditor especializado en temas de Transporte Eléctrico, Eficiencia Energética y Energía Solar Distribuida
– Dpto. Aplicación de Normas Regulatorias y Dirección de Inspección Técnica en Transporte de Alta Tensión del Ente Nacional Regulador de la Electricidad «ENRE»