Recibir al Foro Económico Mundial en Buenos Aires es un hito fundamental para seguir impulsando el potencial de la Argentina. El encuentro nos conecta con el mundo y nos abre oportunidades. Importantes líderes, regionales y mundiales, tanto del sector público como del privado, tendrán la posibilidad de observar, escuchar y debatir sobre las enormes posibilidades que ofrece no sólo nuestro país, sino toda América Latina. Para la Argentina, el Foro representa un nuevo voto de confianza que nos invita a crear -y creer- en un futuro integrado con el resto del mundo. Es una gran apuesta a los negocios, a las inversiones y, sobre todo, a mejorar la calidad de vida de la gente.

Es también una oportunidad única para replantearnos el rol de las empresas –a partir de sus dueños o quienes las lideramos- y asumir así, con responsabilidad, pero también con valentía y sensibilidad social, el papel que nuestro sector debe cumplir en este contexto.

No tengo dudas de que ahora es el momento para dejar de mirarnos el ombligo y salir a tomar el rol de liderazgo que estos tiempos de profundas disrupciones y transformaciones culturales, sociales, demográficas, geopolíticas y tecnológicas requieren. La velocidad de estos cambios nos obliga, como líderes empresarios, pero también como sociedad en su conjunto, a romper los paradigmas tradicionales y a tomar acción desde un nuevo lugar.

Es el momento de los “optimismos realistas”, de asumir los riesgos. De la colaboración, la humildad para aprender de todos, del diálogo constructivo, los acuerdos y la actitud propositiva. De cambiar el camino fácil del atajo por el más largo y sustentable del sacrificio y la paciencia estratégica. Estos son tiempos de colocarnos en el centro de la escena. De ser protagonistas.

En los últimos tiempos, desde nuestra compañía reafirmamos el compromiso que tenemos con el impulso económico de la Argentina a través de una serie de inversiones estratégicas, que profundizan la huella de Dow en nuestro país, en sectores claves de la economía como lo son el agro y la energía.

Creemos en el enorme potencial de la Argentina y seguiremos consolidando el protagonismo de la compañía en el renacimiento de la industria de alto valor agregado, la innovación y la ciencia aplicada, como pilar fundamental del desarrollo del país y generador de empleo.

Maximizar el potencial Estamos convencidos de que la mejor forma de llevar adelante este tipo de iniciativas es actuando de manera articulada, generando alianzas estratégicas con otros actores tanto públicos como privados, permitiendo sinergias que maximicen el potencial de cada uno.

La inversión en el desarrollo de hidrocarburos no convencionales junto con YPF, como socio operador, es un claro ejemplo de ello. “El Orejano” no solo se constituyó en el primer proyecto de producción de shale gas en la historia del país, sino que hoy ya es el campo de gas no convencional en producción más grande del mundo fuera de los Estados Unidos. Su nivel de producción supera las expectativas más optimistas que teníamos al comenzar la prueba piloto.

En este sentido, celebramos el acuerdo alcanzado a comienzo de año entre el Gobierno federal y el provincial, el sindicato y las empresas para impulsar el desarrollo de Vaca Muerta, que sin dudas puede constituir un punto de inflexión para el despegue del sector energético del país.

Ahora bien, la reactivación de la plataforma energética abre nuevas y significativas oportunidades que trascienden el ámbito específico de Vaca Muerta. Contar con la segunda reserva de shale gas más importante del mundo, sumado al gran potencial de las energías renovables, no sólo va a permitir en algunos años satisfacer la demanda interna, sino también va a generar materia prima suficiente -como lo es el gas natural– para atraer las inversiones productivas directas de escala global (y sus servicios asociados) para el despegue de una industria nacional competitiva y eficiente.

Es decir, la Argentina tiene al alcance de la mano la posibilidad de desarrollar cadenas de valor competitivas y sustentables, de alto valor agregado, superadoras -y por qué no complementarias- del modelo de producción y comercialización de commodities.

El desarrollo articulado y planificado de estas cadenas de valor impactará positivamente y con fuerza en la creación de puestos de trabajo, que sin dudas requerirán, cada vez más, habilidades y entrenamientos especiales que responden y requieren los nuevos avances y tecnologías.

La energía se encuentra así en el centro de la competitividad económica de la Argentina. Las decisiones sobre políticas que se tomen ahora en relación con sus recursos energéticos tendrán efectos reales y duraderos.

Desde Dow compartimos y apoyamos políticas públicas que se enfoquen en cuatro principios fundamentales: la conservación energética, por medio de la incorporación de soluciones y productos así como cambios en conductas ciudadanas. La optimización y eficiencia de los sistemas de distribución y el aumento de la capacidad de almacenamiento de los recursos hidrocarburíferos nacionales. La diversificación de la matriz a partir del aceleramiento e incorporación de alternativas energéticas renovables, que aceleran la transición a un futuro energético sustentable.

El potencial que la Argentina tiene en recursos naturales y en el capital humano nos permite soñar con la posibilidad de desarrollar cualquier proyecto. Aprovechar esas oportunidades depende sólo de nosotros.

Fuente: Clarín.