La presentación de una denuncia contra Argentina por parte de un grupo de jóvenes, entre ellos la conocida Greta Thumberg, abrió un debate muy interesante. La denuncia es contra cinco países (Argentina, Brasil, Turquía, Francia y Alemania) fundamentado en que no habrían realizado lo suficiente en materia climática y por ende, afectando los derechos de la niñez. Esto último es importante ya que en este caso se utiliza para accionar contra estos países un protocolo adicional a la Convención de los Derechos de Niño al cual estos países han ratificado y que permite efectuar acciones para ser evaluadas por un cuerpo específico y elaborar recomendaciones.

El problema que percibo no es instrumental, ya que estos países han permitido a través de ese instrumento legal de la Convención de los Derechos del Niño, el facilitar a sus ciudadanos del derecho a someter a evaluación sus políticas domésticas. Creo que hasta allí no existe problema alguno, el problema se me aparece cuando de lo que se trata es del daño ocasionado o a ocasionarse producto del cambio climático, fenómeno de escala global y cuyo origen es la acción colectiva de las actividades humanas. Un fenómeno cuyos responsables somos todos, aunque de un modo bien diferenciado, y con consecuencias globales, pero con el agravante de que el sufrimiento por los impactos son desiguales. Trato de resumir en la frase precedente la complejidad de la materia que hablamos.

Más allá de los criterios jurídicos y hasta “pleiteros” con que está hecha la demanda, observo con preocupación el contenido político de esa denuncia. En primer lugar esta demanda se me hace totalmente arbitraria: desconoce lo más básico en cuanto a reparto de responsabilidades climáticas; desconoce el papel jugado por cada uno de esos países en torno a las negociaciones climáticas y releva de responsabilidades a los peores jugadores. Un disparate dentro de cualquier discusión climática.

Esta acción o denuncia pasa por alto un principio básico y esencial en toda la compleja estructura legal climática, desde la Convención Climática a cada uno de sus instrumentos accesorios, que es el principio de “responsabilidades comunes  pero diferenciadas”. Un principio muy valorado por los países menos desarrollados y que se procura preservar denodadamente.

Utilizar un mecanismo de otra convención (Derechos del Niño), y por el simple hecho que está disponible, para dirimir el conflicto que debe resolverse en otro marco jurídico y político (Convención Marco sobre Cambio Climático) puede generar no menores inconvenientes en la lógica que debe primar en toda discusión política.

Se acusa a estos cinco países que representan menos del 7% de las emisiones globales de afectar los derechos del niño por efecto del cambio climático, es decir se expone a una minoría y se preserva al 93% restante. No me  resulta lógico. Peor aún, ninguno de estos cinco países está entre los principales emisores y entre ellos están dos países desarrollados que han cumplido sobradamente sus compromisos dentro del Protocolo de Kioto, los cinco han ratificado el Acuerdo de París y han presentado sus compromisos domésticos en tiempo y forma y está en pleno proceso de revisión las mismas para 2020 tal como lo prevé dicho Acuerdo.

Todo es insuficiente, eso está claro, pero eso responde a una dificultad global que excede por mucho a los cinco países acusados. Más aún, podría decir que es absolutamente lo contario. Brasil fue determinante en la negociación y proceso del Protocolo de Kioto, su diplomacia ocupó un lugar de excelencia por mucho años; Argentina fue decisiva en la construcción del mismo; Francia fue el héroe en el logro del consenso para adoptar el Acuerdo de París; Alemania es a mi juicio, el país desarrollado que sostuvo como ningún otro estas negociaciones, desempeñando un rol de liderazgo global y con contundentes políticas domésticas. En 2017, la COP23 en Bonn, fue alojada por Alemania pero bajo la presidencia de Fiji en solidaridad con los países insulares más vulnerables.

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No conduce a ningún lado querer resolver de manera simplista una madeja tan compleja y cuyas consecuencias implican aspectos tecnológicos, económicos, políticos y sociales que no guardan relación con nada que hayamos vivido con anterioridad. Para ejemplificar esta complejidad y lo arbitrario de esta demanda veamos quiénes son los países con mayores emisiones de gases de efecto invernadero:

(En base al año 2014, en GtCO2e)

1          China            11,60

2          USA                 6,32

3          India                 3,20

4          Indonesia        2,47

5          Rusia               2,03

6          Brasil               1,36

7          Japón              1,32

8          Canadá           0,87

9          Alemania        0,82

10       Irán                   0,80

17       Argentina        0,44

21       Turquía            0,37

25       Francia            0,33

Si vemos la lista en base a el criterio de equidad en base a las emisiones per cápita, tenemos algo totalmente diferente:

(En base al año 2014, en tCO2e Per Cápita)

1          Kuwait           52,60

2          Brunei                       47,99

3          Katar              37,11

4          Belize            34,35

5          Guyana         32,71

6          Paraguay      27,96

7          Oman             26,84

8          Baharain       26,22

9          Emiratos AU 24,40

10       Canadá         24,39

40       Argentina      10,31

42       Alemania      10,08

70       Brasil             6,65

97       Francia          5,04

101     Turquía          4,76

Como se puede ver, si uno saca la “fotografía” actual del total de emisiones obtiene un resultado diferente si obtiene la misma postal en base a las emisiones per cápita. Para ser más equitativos podemos también ver cuál es la “película”, es decir, las emisiones acumuladas o el derrotero de las emisiones históricas. En definitiva, esto es una pequeña muestra de la complejidad a la hora de distinguir con precisión las responsabilidades diferenciadas. Además debemos tener en cuenta que la velocidad requerida y el volumen de emisiones a recortar no permiten pensar en que algunos países puedan ser relevados de responsabilidad alguna.

Los números mostrados previamente nos indican que no existe posibilidad alguna de alcanzar soluciones que no impliquen un trabajoso acuerdo político global. No veo conducente, para acelerar esa negociación, acusar y fustigar a los que menos resistencia ponen al avance de tales negociaciones. En el extremo opuesto, por ejemplo, Estados Unidos está virtualmente fuera del Acuerdo de París; China sostiene su propia dinámica sin tener en cuenta la emergencia climática; Rusia recién ayer anunció que ratificará el Acuerdo de París, hasta ahora estaba afuera.

Finalmente, creo que más allá de este caso puntual, esta denuncia es una pequeña muestra de algo que he venido advirtiendo de manera insistente: estamos ingresando en una etapa de litigiosidad inmensa y de consecuencias impensadas. En la medida que los impactos del cambio climático se vayan consolidando, los juicios serán infinitos. ¿Quién paga los platos rotos? ¿Quién pagará el costo de las próximas inundaciones? ¿Quién se hará cargo de la reconstrucción luego del próximo huracán devastador?

En este terreno, esto recién empieza.