Tema que en nuestro país aún se mueve entre bambalinas, como si fuera un tema de oscuros laboratorios.

No es así, hoy claramente es una realidad para integrar a la matriz energética. Es la llave para alcanzar un aporte significativo  de las fuentes de energía renovables a la red (en particular me refiero a la eólica y fotovoltaica), que por ser variables, de otro modo no podrían superar  un 16% a 18% de la generación instantánea, ya que, en ese caso, la red eléctrica se desestabilizaría.  Esta tecnología está disponible y comercialmente accesible.

Haciendo un poco de historia, ya en febrero de 1999, Islandia anunció un plan para convertirse en la primera economía del mundo basada en el hidrógeno.

Cuando Jeremy Rifkin en 2002, escribió “La economía del hidrógeno” ya era un tema que avanzaba firmemente para incorporarse a la matriz energética.

Que significa la economía del hidrógeno, básicamente podemos señalar, las cuatro ventajas:

  • Reducción del daño ambiental
  • Diversificación de las fuentes energéticas
  • Gran cadena de efectos económicos
  • Contribución a evitar los daños por desastres naturales

Fueron Japón, Alemania y el estado de California, quienes tomaron la delantera, estableciendo políticas claras y promoviendo la utilización del hidrógeno. Hoy, por ejemplo se pueden transitar todos los caminos de Alemania y California con vehículos que están específicamente diseñados para emplear hidrógeno como combustible.

Japón una vez más, presenta para las Olimpíadas de 2020 una tecnología novedosa; toda la villa donde se alojan los atletas dispondrá de vehículos y climatización en base a este elemento que es el más abundante de la naturaleza. Recuerdo que en las Olimpíadas de 1964, quedó funcionando el sistema de trenes de alta velocidad; hoy una tecnología totalmente difundida.

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No es extraño, Japón tiene una política de estado al respecto, con un plan estratégico, definido hasta el 2050 y que se actualiza cada dos años.

En nuestro país fue sancionada en el año 2006, la Ley 26.123, cuyo objetivo es, según su artículo primero: Declárase de interés nacional el desarrollo de la tecnología, la producción, el uso y aplicaciones del hidrógeno como combustible y vector de energía.

Esta ley, luego, no fue nunca reglamentada, con lo cual no tuvo aplicación práctica; se trabajó elaborando un Plan Nacional que no tuvo ninguna vigencia. Sólo sirvió para alcanzar a declarar a la ciudad de Pico Truncado como capital nacional del hidrógeno (quizás esto influyó en que todo el tema quedara trunco).

Cabe agregar que en el artículo 21 de esta ley se establece la caducidad del régimen a los 15 años de su promulgación. Esto provoca su obsolescencia dado el tiempo ya transcurrido, por lo que, aún si se reglamentara hoy mismo, ya carecería de utilidad.

Actualmente hay varios legisladores que estarían elaborando un nuevo proyecto actualizado, que incorpora las novedades tecnológicas surgidas posteriormente y corrige las falencias que tuvo el texto originalmente aprobado (como establecer plazos dentro del propio texto de la ley, cosa que tendría que haberse dejado para la reglamentación).

En una próxima entrega, daremos más información acerca de lo tratado en el Symposium, que se extiende hasta el 26 de abril.