Esta crisis sanitaria es quizás la más global que el planeta haya enfrentado y tendrá impactos económicos desastrosos. La economía mundial y en nuestra región se contraerá entre 2% y 5% con los consecuentes efectos en la pérdida masiva de puestos de trabajo que deteriorará de forma significativa el ingreso disponible de las familias. Esta panorama se agrava en América Latina por la relevancia que tienen sectores informales que dependen de un ingreso diario o semanal que hoy se ha visto interrumpido por las necesarias cuarentenas para controlar los efectos de la pandemia. Hay países que hasta el 70% del valor de su economía lo explican estos sectores informales que hoy no pueden desarrollarse.

No enfrentamos una crisis tradicional que responde a un ciclo económico, hoy se contrae la oferta y la demanda a la vez, y los circuitos productivos se han interrumpido en lo doméstico y a nivel global. Sectores de servicios se encuentran prácticamente paralizados, compañías de turismo, transporte aéreo, y logística valen un tercio o menos que antes de la crisis. Es decir, enfrentamos un momento excepcional en la historia de los últimos 100 años, no se parece ni a la crisis asiática de 1997, ni la subprime del 2008, por los que las medidas y soluciones deben ser también excepcionales y heterodoxas.

Esta crisis sanitaria como nunca nos devela que todas las decisiones tienen una doble cara. Frente al dilema, cuidado de la salud pública versus economía, parece razonable inclinarse por la primera durante la urgencia, sin embargo, no se debe descuidar del todo los impactos post-pandemia en la actividad económica para evitar que se convierta en otra crisis con consecuencias sociales inmanejables.

En este contexto, muchas actividades productivas sufrirán y el sector energía tendrá que ajustarse a una economía que se deprime, pero que a la vez requiere más que nunca la provisión del servicio de energía eléctrica en tiempo y calidad para sobrellevar adecuadamente nuevas formas de vida cotidiana, trabajo y estudio que millones de trabajadores, emprendedores, estudiantes ejercen su actividad desde sus hogares.

La electricidad es siempre un servicio escencial, pero la emergencia sanitaria global y las imágenes que vemos a diario estas últimas semanas nos recuerdan lo crucial que es la provisión de este servicio para el normal funcionamiento de nuestras vidas. El equipamiento en hospitales, la gente teletrabajando, comprando, vendiendo, impartiendo o recibiendo educación en sus casas serían simplemente imposible sin la continuidad de un suministro de calidad para garantizar estas actividades. Por ello, para los gobiernos y las empresas del sector, ésta debe ser una total prioridad.

Además, el sector eléctrico tiene un rol significativo para contribuir a aliviar las grandes complicaciones que hoy enfrentan millones de familias que no tienen ingresos, ni liquidez para afrontar esta crisis. La electricidad, es un servicio básico y debe estar garantizado. Los países en el mundo y en Latinoamérica en su mayoría lo entienden así y han tomado medidas en esta emergencia para asegurar el suministro e incluso, posponer su pago y aliviar en parte los efectos en las finanzas familiares de esta crisis. Otros, incluso han modificado transitoriamente regulaciones para congelar o rebajar tarifas industriales y contribuir a la competitividad de sectores económicos.

El carácter, la magnitud y temporalidad de estas medidas varían entre países. Mucho depende de la disposición política de los gobiernos de turno la prioridad que se la ha dado a estas medidas.

Por otra parte, en estas crisis también es relevante el arreglo económico-institucional del sector en cada país. En muchos países de América Latina, el Estado es dueño o participa de la propiedad de alguno o todos los segmentos del mercado eléctrico, en otros como Chile, la propiedad entera del sector, en todos sus segmentos, corresponde a empresas privadas, por lo que la regulación, en este caso, es aun más relevante y la variable clave para modelar y desarrollar el sector.

Por cierto, que las medidas aplicadas y sus efectos dependerán de razones estructurales en cada mercado. Hay que tener en consideración, en el diseño e implementación de estas medidas elementos como: consumo residencial versus industrial, precio de la electricidad y su significancia en la competitividad de la industria, y el peso relativo de este servicio en el costo de la canasta básica de consumo familiar.

En el siguiente Cuadro se incluye una muestra de medidas aplicadas por algunos países que van en el sentido de enfrentar la emergencia tomando en consideración las variables que se indicaron anteriormente.

Es probable que, en caso de extenderse la crisis, se profundicen estas u otras medidas, por lo que, algunas conclusiones preliminares son las siguientes:

Medidas similares y de corto plazo. Las medidas son en general parecidas y pretenden aliviar, tanto al consumo residencial, como industrial, el costo de este ítem durante la emergencia y la restricción de liquidez por las medidas de cuarentena.

Acciones de gobierno. Son las autoridades e entidades de gobierno que llevan la delantera en la aplicación de medidas, las empresas han sido reactivas y acotadas en sus decisiones.

Mantención del suministro. La mayoría de los países han aplicado medidas que garantizan la provisión del suministro para las personas más vulnerables económicamente, incluso en caso que no paguen las facturas estos meses de emergencia.

Préstamo y no exención. Más que congelar tarifas o eximir en el pago de las cuentas eléctricas, la mayoría de los países han optado por el diferimiento de su pago y prorrateo de esta deuda en diferentes plazos. Es decir, hasta ahora es un reprogramación del flujo de cajas de las empresas y préstamos del consumo eléctrico por estos meses.

El subsidio al consumo de energía eléctrica lo aplican principalmente aquellos países en los que el Estado tiene una importante participación en la propiedad y operación del sector y no ha sido hasta ahora el instrumento mayormente utilizado. Es probable que la emergencia sanitaria conlleve tales urgencias que los recursos públicos deban ser utilizados en otras acciones y programas.

Foco en consumo residencial. La mayoría de las medidas tiene foco en el consumo residencial y menos en el industrial, atendiendo más bien la urgencia de atender esta nueva realidad de millones de personas confinadas en sus casas.