Los científicos que describen [1] el problema del calentamiento global no dejan duda de que tendrá un catastrófico impacto en nuestra civilización en un plazo mucho menor del que uno se imagina mirando la vida bastante normal que vemos a nuestro alrededor.

La combinación de factores, en círculo vicioso [2], hace que este fenómeno crezca en forma exponencial, y es muy difícil responder a la pregunta «¿Cuánto nos queda?», pero parece que estamos bailando sobre la cubierta del Titanic.

Concientizar, mala palabra

Desde los años 80 que se divulga el peligro del calentamiento global. Y desde entonces que la reacción de quien se entera suele ser un impulso de concientizar a otros sobre el problema en la esperanza de que hagan algo, pero no ha dado resultado. Estamos cada vez peor.

Dado que este camino nos devolverá a la Edad Media con la pérdida de  nuestra cultura y civilización actuales, y una población muy reducida, no dudo en poner ‘concientizar’ al frente de mi lista de malas palabras.

Reciclar

Cuando se me ocurre decir que estamos cada vez peor suelen responderme algo así: «Ah… No… Yo soy optimista… Yo creo mucho en las nuevas generaciones. El nene mío, por ejemplo, recicla el papel en el colegio… ¡Si te ve tirando un papel en la calle no sabés cómo se pone!».

Lamentablemente, el crecimiento de los residuos a nivel mundial es constante y el reciclado representa una ínfima porción, pero aunque fuese el cien por cien, no movería la aguja con respecto al calentamiento global.

Cuando Greta, la estudiante sueca que protesta contra el cambio climático, dice “Quiero que entren en pánico” está pidiendo que no nos quedemos tranquilos pensando que la basura en el tacho de reciclaje nos va a salvar de algo. Por eso, aunque suene paradójico, ‘reciclar’ me suena a mala palabra cuando sirve solo para calmar la conciencia y distraer de las acciones que deben encararse.

¡Quién puede oponerse a la educación!

Sólo cuando es un eslogan. Una exclamación. Cuando nos llenamos la boca como si con decirlo arreglásemos el mundo. «¡Hace falta educación!». Hoy en día hay más graduados universitarios en el mundo que nunca antes y estamos al borde de un abismo. Otra frase que sólo sirve para contentar al que la dice: «Hay que enseñar valores!».

Las redes sociales están plagadas de comentarios que pretenden difundir valores. Y estamos al borde del abismo. La educación y la investigación han generado valor: hay muchas soluciones al calentamiento global. El problema es que no se ponen en práctica. La introducción de los cambios necesarios se choca con un tejido de instituciones que no se preparó para esta pésima novedad.

¿Cuáles son los obstáculos?

Obviamente, concientizar, educar y reciclar no sería malo si se convirtieran en acciones efectivas. Nuestra experiencia es que, por ser el cambio climático un problema nuevo, sin precedentes, y necesitar de soluciones estructurales, sistémicas y globales, los individuos que toman conciencia sienten impotencia, frustración y terminan optando por la negación.

Un amigo mío, que no dudó en anotarse como voluntario en la guerra de Malvinas, me respondió «Paso» cuando lo convoqué a trabajar contra el calentamiento. Nuestra genética y nuestra cultura nos orientan más al combate contra humanos que contra este problema difícil de entender.

Ante mi insistencia, mi amigo agregó: «Estoy enfocado en otra cosa». Claro, no a todos les resulta tan obvio que las demás «cosas» serán aplastadas por el calentamiento global.

La pobreza, la justicia, la educación, la política, la paz, la cultura, la tecnología, la religión, la salud…, casi todas las causas que nos interesan, dependen de los ecosistemas que proveen a la civilización de lo que necesita para ser lo que es. La suma de todos los esfuerzos invertidos en la distribución de alimento, generación de trabajo, salud, educación… no evitarán tantas muertes como frenar el calentamiento.

Está disminuyendo la nieve en las montañas y millones de personas que viven de agricultura regada por agua de deshielos eventualmente deberán migrar en busca de trabajo y comida. Las inundaciones, las tormentas y la desertificación, también producirán la migración de millones. No hay antecedentes de desplazamientos humanos tan numerosos. Sabemos que provocan conflictos y no es difícil imaginar que en esa magnitud serán graves.

El quiebre de los mercados y las crisis económicas profundas han generado anarquías y gobiernos totalitarios. La pérdida de valor de los papeles, ya sean billetes o títulos de propiedad será una consecuencia lógica. Por eso Greta se niega a ir al colegio. Dice que la están preparando para un mundo que no va existir. ¿De qué sirve saber quién creó la escarapela en el caos?

¿Cómo superar los obstáculos?

La punta de la madeja está en pasar a la acción y hacerlo en equipo. La soledad es desmotivante. Sin duda esta es una causa común. Las grietas no deberían jugar en este tablero. Atacar a los aparentes culpables no es el camino. Cuando señalo con el índice a petroleros, ganaderos o líneas aéreas, por decir algunos, hay otros tres dedos de mi mano que me apuntan a mí, ya que como consumidor soy parte del problema. Y sólo provoco que se pongan a la defensa de sus fuentes de trabajo[3].

Es difícil que alguien entienda algo cuando su sueldo depende de no entenderlo. Las soluciones deben ser consensuadas. No tenemos mucha práctica en buscar soluciones que sean equitativas y cuiden a todos. Además, los sistemas legales, políticos y sociales desarrollados antes de este problema, no se cambian fácilmente y son un obstáculo[4].

Hay que empezar a practicar. Ya hay en Argentina grupos de personas que se juntan para pasar a la acción y arman equipos de trabajo en pos de soluciones. Esas prácticas incipientes podrían ser la chispa inicial que nos lleve a cambios estructurales indispensables hechos con solidaridad, mediante el trabajo consensuado.

Por extraño que suene, ponerse en acción llevará a la disminución de la frustración y eso evitará la negación. La conciencia vendrá como consecuencia, no como causa, y ayudará a sumar gente y efectividad a las soluciones. Si demoramos la suba de la temperatura global quizá le demos tiempo a la tecnología a aplicar las soluciones que la frenen totalmente y eviten la catástrofe. Los primeros intentos quizá arrojen pocos resultados, pero todo se aprende. Y hacerlo con otros hasta puede ser gratificante.

Algunos ejemplos de lo que están haciendo en estos grupos: 1) un plan de ahorro participativo como los de los autos, para comprar equipos hogareños de energía solar y calentamiento de agua que reemplazan a energías contaminantes; 2) crear una organización de consumidores sustentables para orientar supermercados y otras empresas a la eficiencia energética y a que los comercios no dejen las vidrieras iluminadas toda la noche; 3) ayudar a los clubes, que sirven de ejemplo, a pasarse a las energías renovables.

Quizás lo más interesante de estas iniciativas sea el aprendizaje de trabajo en equipo y colaboración solidaria en la toma de decisiones. Con el tiempo es posible que se hagan reuniones de gerentes de empresas, de asesores de diputados, de intendentes…Y si nos toca perder la batalla, que entremos a la nueva etapa histórica con un espíritu colaborativo y sobre la base de consensos[5].

Notas

[1] Según un experto del BID, sólo un 3% de científicos del mundo rechaza esta idea (y ese pequeño grupo está al servicio de las empresas de combustibles fósiles). Entidades tan representativas como las Naciones Unidas no paran de emitir alertas. El científico jefe del Ministerio de Ambiente de Alemania dice que aunque se cumpla el Pacto de París habrá un crecimiento de un metro en el nivel del mar (lo cual puede generar episodios de hasta 25 m). La fundación Avina habla de «subir la ambición» de los objetivos porque con el pacto de París no alcanza.

[2] Las temperaturas altas (el último mes fue el más caluroso de la Historia) derriten el permafrost y este libera gases de calentamiento global que estuvieron atrapados en el hielo por milenios y se suman a lo que emite la actividad humana. Ya vemos como el calor y la sequía favorecen los incendios en Amazonas que también liberan gases. Las inundaciones y tormentas más frecuentes y fuertes causan destrozos y provocan mayor consumo de energías. Estos y otros factores harán que los meses siguientes tiendan a ser más caluroso que los del pasado.

[3] Las reacciones que generaron los veganos y Greenpeace en la Sociedad Rural son un ejemplo.

[4] Larry Susskind, experto en negociación y cambio climático del MIT señaló en su libro Breaking the Impasse que cada decisión gubernamental genera resistencia de algún sector y propuso la construcción de consenso como única salida que ha logrado efectividad.

[5] Estos grupos, sin personería jurídica ni estructura formal se arman bajo el nombre de PALA, por las palabras ‘Pasar A La Acción’ (#PasarAlaAcción) y reciben a quien se quiera anotar. Para comunicarse con ellos, escribir a [email protected] o en Facebook, CoCoS (@cocosustentable).