En la actualidad los proyectos multipropósito para almacenar agua y proveer energía hidroeléctrica pueden construirse de manera segura, económica y ambientalmente sustentable. Agua, alimentos y energía están estrechamente vinculadas y deben ser desarrolladas con un enfoque integrado, realizando esfuerzos para mejorar las políticas, directrices y protocolos para evaluación y mitigación de los impactos adversos.

En el mundo hay en operación más de 50.000 aprovechamientos hidráulicos de propósitos múltiples destinados a satisfacer necesidades humanas. La mayor parte de tales emprendimientos se concentra en Brasil, China e India dada sus extensiones territoriales y la disponibilidad del recurso hídrico.

En sintonía con la Declaración Mundial sobre Almacenamiento de Agua para el Desarrollo Sostenible [1], debe asumirse que el aumento global de la población, tanto en zonas rurales como urbanas, y el desarrollo socio-económico, con el aumento de los niveles de vida para todos, elevan continuamente los requerimientos de agua, de alimentos y de energía, por tal motivo la distribución del agua puede llegar a ser cada vez más irregular.

La merma pronosticada sobre la disponibilidad mundial de agua dulce per cápita sería del 62% hacia mediados del siglo XXI [2], dato que obliga a los decisores políticos a recapacitar al momento de planificar las obras de infraestructura hidráulica que debe encarar el país. En la Figura Nº 1 se muestra una proyección cubriendo el período 1950-2050.

Figura Nº 1

PROYECCIÓN SOBRE DISPONIBILIDAD MUNDIAL DE AGUA DULCE PER CÁPITA PARA EL PERÍODO 1950-2050

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Sin duda el agua es un bien preciado y la infraestructura para almacenamiento de agua será cada vez más importante en el futuro, es por ello que el papel de las presas y embalses ya ha sido reconocido en varias cumbres mundiales sobre el desarrollo sustentable.

Haciendo hincapié en la infraestructura para almacenamiento de agua puede afirmarse que estas obras son esenciales para el desarrollo integral de un país. Es interesante analizar la relación entre el volumen almacenado per cápita y el Índice de Desarrollo Humano (IDH) [2], indicador del desarrollo socioeconómico y humano por país elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que se compone de parámetros tales como: vida extensa y saludable, educación y nivel de vida digna.

Estas relaciones muestran que aquellos países que poseen IDH altos (mayores a 0,9) son los que ostentan los indicadores máximos para el volumen de almacenamiento per cápita, asimismo, a medida que los indicadores del volumen van disminuyendo también disminuye el valor del IDH, según se muestra en la Figura Nº 2.

En América del Sur, Argentina lidera este indicador junto a Chile con 0,811 y 0,819 respectivamente, el resto de los países de la región tienen un indicador menor, incluso Brasil. Por caso países más desarrollados como USA y Canadá, cuentan con IDH de 0,937 y 0,911 respectivamente [3].

En este aspecto Argentina cuenta con un volumen muy importante de almacenamiento natural de agua, fundamentalmente en la zona lacustre de la cordillera de Los Andes, gran parte debido a la abundante precipitación anual, y posee un almacenamiento artificial de agua per cápita, considerando al 50% la capacidad de los embalses binacionales de Yacyretá y Salto Grande, que es del orden de 2.900 m3.

Si bien el almacenamiento artificial excede ampliamente el valor medio propuesto para los países con tal rango de IDH, el problema es su distribución geográfica ya que las regiones áridas o semiáridas del país, con recursos hídricos consecuentemente de menor envergadura, no son tan favorecidas por las obras de infraestructura existentes.

Figura Nº 2

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Conclusión

Admitiendo que las energías de origen fósil emiten gases de efecto invernadero y sus reservas son limitadas, el mundo tiende cada vez más al empleo de las de carácter renovable. Aquellas de tipo variable como el viento o las de origen solar no hay duda que son valiosas y se deben desarrollar a la mayor brevedad tanto como sea posible.

Las renovables firmes como la energía hidroeléctrica resultan fundamentales para mejorar la confiabilidad y dar una rápida respuesta a las variaciones de la demanda del sistema eléctrico interconectado, brindando seguridad y flexibilidad al mismo de una manera limpia y eficiente. Estas constituyen el complemento óptimo para el desarrollo de las de origen eólico y solar.

Argentina, con cerca de 130 grandes presas construidas, recién habría aprovechado la tercera parte del potencial hidroeléctrico disponible, implicando ello que el país tiene todavía un gran camino para transitar, con lo que se podrá asegurar así una mayor cantidad almacenada de agua dulce.

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[1] “DECLARACIÓN MUNDIAL SOBRE ALMACENAMIENTO DE AGUA PARA EL DESARROLLO SOSTENIBLE”, Comisión Internacional de Grandes Presas (ICOLD), Comisión Internacional de Riego y Drenaje (ICID), Asociación Internacional de Hidroenergía (IHA) y Asociación Internacional de Recursos Hídricos (IWRA), Kyoto, Japón, junio, 2012.

[2] “JOINT EFFORTS FOR BETTER DEVELOPMENT OF DAMS AND RESERVOIRS”, JIA Jinsheng, Comisión Internacional de Grandes Presas (ICOLD), mayo, 2012.

[3] “VALORES DEL ÍNDICE DE DESARROLLO HUMANO POR PAÍSES”, UNEP, marzo, 2013.