Los últimos meses de 2019 han sido un torbellino de cambios de una magnitud que no se veía desde hace muchísimo tiempo. El estallido social del 18/10 nos recordó -intempestiva y violentamente- las profundas inequidades instaladas en nuestro país.

Ante esta situación, Chile se vio forzado a suspender la celebración de dos importantes encuentros internacionales que se desarrollarían en el país: APEC y COP25. Este último, también conocido como la “Cumbre del Clima”, es la reunión anual de más alto nivel en que los países discuten sobre las mejores opciones de mitigación y adaptación al cambio climático.

En el evento, realizado finalmente en Madrid, se buscaba establecer -entre otras cosas- los mecanismos para su financiamiento. En particular, la versión N°25 tenía el gran desafío de lograr una resolución sobre el artículo 6 del Acuerdo de París, el cual define el mecanismo de mercado para la acción climática y permite crear un mercado del carbono.

Teníamos altas expectativas, pero, lamentablemente, los resultados no fueron los esperados. El anhelo de alcanzar un acuerdo sobre las disposiciones que regularían el artículo 6, para que fuera robusto, con integridad ambiental y enfocado en generar recursos para transitar hacia un desarrollo sustentable, se derrumbó.

Si Chile tuvo o no alguna responsabilidad en el complicado cierre de la cumbre o en el poco compromiso de las naciones participantes, no es lo primordial. Lo preocupante es ver que, a sólo una década de la primera meta del IPCC – Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, fijada para el año 2030, estamos muy lejos de disminuir el 45% de emisiones necesario para lograr emisiones netas cero al 2050.

Y desde cada país, cada industria, cada individuo, debemos hacernos cargo e insistir en la urgencia de abandonar los combustibles fósiles, mejorar nuestra eficiencia en el uso de la energía, del agua, en el manejo de desechos, reutilizar y reciclar, solo por mencionar pequeñas cosas que tenemos a la mano para aportar en este desafío planetario.

En este proceso de toma de conciencia y acción, las señales positivas también son muy importantes y en la COP25 también hubo varias a destacar. En el marco del “Día de la Energía”, el Ministro de Energía, Juan Carlos Jobet, anunció que cuatro centrales termoeléctricas a carbón adelantarían su retiro del sistema eléctrico de Chile.

Un paso importante para seguir avanzando en la transición energética del país. También, por iniciativa del gobierno colombiano y con el apoyo de Chile, 10 países de América Latina y el Caribe suscribieron un acuerdo que establece alcanzar un promedio del 70% de la capacidad instalada en la matriz de energía renovable al 2030.

Mientras que, en paralelo, el sector privado también se comprometía a impulsar el desarrollo renovable en Iberoamérica, a través de una alianza lanzada por ACERA, y la Sociedad Peruana Renovable.

La crisis climática sigue su curso y el calentamiento global se manifiesta cada vez con más fuerza. Ya se nos hace costumbre enfrentarnos a sequías, inundaciones e incendios forestales, entre otras. Y si no lo frenamos, sus manifestaciones irán en aumento.

El sector energía es el mayor emisor de GEI en el mundo y como parte de esta industria, debemos seguir trabajando para lograr una total transición energética, lo que -además de combatir el calentamiento global – demostrará el liderazgo de Chile en el compromiso con la mitigación de sus emisiones, reforzando que la transición energética es una herramienta eficiente y efectiva para ese propósito.

Es el momento de la política del clima y Chile puede mucho en ese ámbito.