El avance de las bioenergías se ve como una alternativa positiva en algunos estados de México. No sólo por el hecho de representar una fuente renovable para generar electricidad, sino también por su rol dentro del cambio climático. 

Incluso el Programa para el Desarrollo del Sistema Eléctrico Nacional 2020-2034 contempla a esta tecnología y se menciona que la capacidad instalada de esta índole por parte de la Comisión Federal de Electricidad y del resto de los permisionarios corresponde a 408 MW al 2020. 

Pero en el Estado de Nuevo León ven un potencial que equivaldría a más del 85% de la capacidad instalada de bioenergías. ¿Por qué? Abel Clemente Reyes, Presidente y Director General de la Asociación Mexicana de Biomasa y Biogás (AMBB), señaló que tras diversos estudios “podría darse una potencia del orden de 350 MW”.

Este hecho, según explicó el especialista, se debe a la cantidad de biomasa aprovechable entre los residuos sólidos urbanos que se pueden aprovechar para diversos efectos, entre ellos el energético, y la biomasa residual de los lodos de las plantas de tratamiento biológicas y la agrícola. 

“Hablamos de 773.000 toneladas al año de residuos orgánicos (…) Además, de acuerdo a datos de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales y de la Comisión Nacional del Agua en Nuevo León se generan aproximadamente 12 millones de toneladas al año de lodos activos y de la biomasa residual agrícola son 254.000 t/año”, detalló. 

Esta potencia posible cercana a 350 MW, más precisamente 349 MW gracias a la fuente bioenergética, “corresponde a una central importante” bajo la mirada de Abel Clemente Reyes. 

Pero también destacó que se la puede manejar desde una perspectiva distribuida, “lo que implica que el Estado de Nuevo León, en diferentes lugares, podría generar electricidad que no entra ni compite con la red”. 

Ya por el lado de las posibles medidas a implementar para un desarrollo sustentable sostenido, el representante de la Asociación Mexicana de Biomasa y Biogás opinó que “las estrategias que se deben plantear son más disruptivas, considerando aspectos o perspectivas de planeación energética, de aprovechamiento de los residuos, reducirlos y en algún momento gestionar energía para trabajar a partir de ella”.